VUELVE EL TEATRO DE BOLSILLO CON «MADRIGAL»: UNA OBRA SOBRE LA INCOMUNICACIÓN

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Por Ismael Castellón

Periodista enfocado en el área de Espectáculos, egresado de la UC en 2019.
Actor con estudios en la Academia de Fernando González entre los años 2014 y 2016.  Participación en diversas obras capitalinas como actor, técnico, productor y asistente de dirección. Actualmente trabajando para el director Guillermo Ugalde.

 

Gabriela Atal, Camila Echeverría y Roberto Veas mantienen sus nombres originales al interpretar esta pieza sobre los vicios de la comunicación contemporánea.   

En una casa ubicada al centro de una ciudad en plena crisis, un matrimonio experimenta graves problemas de comunicación. Sus trabajos e intereses son distintos, hablan y se mueven diferente, en otro ritmo, como si vivieran en realidades opuestas. 

Camila es la mujer, una expresiva traductora cuyo sueño es ser escritora. Al otro lado de la mesa Roberto encarna al marido, un tipo indiferente y torpe, que acaba de perder su trabajo.  

Ella ríe, llora y desarrolla un abanico de emociones al mismo tiempo que él muestra un plano discurso sobre modulado y con demasiada gestualidad, hasta que advertimos que ambos recursos pasan a ser claves en el desarrollo del personaje masculino, que adquiere cada vez una mayor profundidad. La incomunicación entre ambos es perfecta. Las mentiras, la desconfianza y los problemas de la cotidianeidad mantienen una crisis en el hogar.

La situación se vuelve más compleja cuando entra la vecina, una enfermera que llega en otra sintonía, mucho más extrovertida. Gabriela es una mujer simpática y divertida, pero no deja hablar a los demás. Su llegada expone la crisis que se vive en la ciudad, pues marca la diferencia entre los ánimos que se viven afuera y dentro de la casa. Un trabajo actoral impecable y que inyecta energía a la historia.   

La intérprete también se encarga de la musicalización de la obra durante los espacios de transición, a través de solemnes melodías generadas desde un bajo y su distorsión. Además, Gabriela suele agregar una grave voz estilo soul para dar paso a las escenas.  

Cargada de cambios de ritmo entre el trabajo energético y los largos silencios incómodos, la comedia propone una crítica sobre la crisis de la comunicación de nuestro tiempo, adaptándose además a la alarmante situación actual que se vive en el país, mediante el uso de diversos recursos irónicos en escena. 

Durante una hora y cuarto de duración, el Teatro de Bolsillo regresa como un cálido lugar para situar esta pieza en el comedor de una moderada casa, donde el público pasa a formar parte, al ubicarse dentro del mismo espacio y respirar la misma atmósfera colectiva. Sin duda, una gran apuesta a la hora de escoger un destino cultural.  

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