Stella Díaz Varín, la marginalidad como gesto poético

Reseña de Stella Díaz Varín

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Por Martín Ferrada Lora

“Me vine de La Serena sin preguntarle nada a nadie. Decidí irme a estudiar a Santiago, tenía 18 años”. Estas palabras de Stella Díaz Varín definen lo que fue el inicio de su trayectoria como poeta. En su arribo a la capital comienza a relacionarse tempranamente con poetas y escritores que conformarían la reconocida Generación del 50. Entre la bohemia del café Iris, El Bosco y el Parque Forestal moldeó su imaginario poético. Mujer provocadora y crítica de su entorno, ha sido marginal y marginada del canon literario (Nómez 287), erigiéndose como la más fiel representante de la disidencia poética chilena. Su estilo visceral, evocador de la ira más primitiva, cargado de punzantes críticas a la concepciones tradicionales de la sociedad, junto con su declarado ateísmo y su ferviente militancia izquierdista le significaron ser relegada de los círculos literarios de la época.

La Colorina, como era apodada popularmente, fue más conocida en los círculos literarios de la época por su personalidad avasalladora y anécdotas varias que por su trabajo poético. La falta de estudios por parte de la academia a su trabajo ha sepultado su poesía bajo la sombra del personaje irreverente y rebelde que fue, olvidándose de la mujer-poeta representante de la disidencia política y literaria. La misma autora lo tenía claro y así lo admitía en una entrevista en 1992: “Yo tengo que decir una cosa: nunca en la vida, perdóname que te lo diga, nunca en la vida ningún hombre crítico, ninguna mujer crítico se había preocupado de escudriñar en mis cosas. Nunca, nadie”. Situación que contrasta con lo vivido por los escritores hombres contemporáneos a la Colorina, antologados y elogiados por la crítica hasta el cansancio.

Una de las razones principales por las cuales la poeta fue censurada es por su ideología. En primer lugar, por su compromiso con los idearios marxistas de la época: “Yo soy marxista, lúcida y lógica” afirmaba en una entrevista dada a José Miguel Varas en 1999. Lo anterior, reafirmado por su militancia comunista durante un periodo. En segundo lugar, por su reconocido ateísmo: “Yo dije Dios no existe… Que yo gritara esto en las iglesias de mi pueblo produjo ciertos inconvenientes” recordaba María Teresa Cárdenas una conversación sostenida con Stella en 1999. Este ateísmo se refleja en la desacralización constante de la tradición cristiana en sus escritos, lo que puede apreciarse en Del pecado su símbolo (1949) o en Dos de noviembre (1992). Estos ideales le significaron a Stella ser casi borrada de la tradición literaria chilena del último siglo, siendo censurada y por poco asesinada durante el régimen militar: “pero a mí me tiraron una camioneta encima y me dejaron como osobuco para cazuela” recordaba durante una entrevista concedida a Claudia Donoso en el año 2000.

Su condición de mujer-poeta-creadora le significó el olvido por parte de la crítica literaria, construida principalmente a partir de modelos patriarcales e interpretaciones masculinas dominantes. La literatura escrita por mujeres es analizada muchas veces a través de un lente masculino el cual, cayendo o no en la misoginia, desconoce los elementos de análisis requeridos para abordar su obra cargada de concepciones contrarias al estereotipo femenino de su época. Una clara señal de esto se vislumbra en La casa (1959); el hogar de Stella se constituye como el espacio al cual toda libertad de acción de la mujer moderna queda reducida; un claustro, pero a que a su vez se consolida como el lugar donde inicia su lucha emancipadora. Otra característica de la obra de la Colorina que determinaría su inscripción dentro del círculo de literatura feminista es la constante búsqueda de un lenguaje propio, femenino, autodeterminante y en pugna con el masculino imperante. Así queda de manifiesto en La palabra (1992), donde la hablante busca incansablemente esta palabra que le fue negada y ocultada.

A modo de cierre, es justamente su poesía cargada de crítica social contra la concepción tradicional de la familia, la sociedad moderna y los roles de género impuestos por la cultura occidental, la responsable de su relegación por parte de la academia. Estas cualidades subversivas, tanto de su vida personal y política como de su imaginario poético, son las que alejan a Stella Díaz Varín del canon literario y la vinculan indisolublemente con el vasto universo de la marginalidad poética chilena.

Referencias bibliográficas

Alcayaga Toro, Rosa Emilia del Pilar. Breves reflexiones acerca de la obra de Stella Díaz Varín, en Revista F@ro. Volumen 12-Segundo Semestre 2010, Santiago de Chile.

Díaz Varín, Stella. Fiel a sí misma. Entrevista de Cárdenas, María Teresa (8 de junio 1999). Reeditada en Revista de Libros de El Mercurio, 23 de junio 2006.

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Navarro, Esteban. Stella Díaz Varín: a trancas y barrancas, en Revista de la Sociedad de Escritores de Chile: Simpson 7. Volumen II-Segundo Semestre 1992, Santiago de Chile.

Nómez, Nain. Antología crítica de la poesía chilena. Tomo IV. Modernidad, marginalidad y fragmentación urbana (1953-1973). Santiago: Editorial LOM, 2006. Impreso.

Varas, José Miguel. “Stella Díaz Varín”. Letras s5. Proyecto Patrimonio. Marzo 1999. Web. 18 de junio 2017 <http://www.letras.mysite.com/stella1.htm>