Princesita: la formula repetida que no funciona

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Por Florencia Marin

Calificación:


La directora de Joven y Alocada, Marialy Rivas, nos presenta en esta ocasión Princesita (2017), película que cuenta la historia de Tamara (Sara Caballero), una niña de once años que vive en una secta en el sur de Chile liderada por Miguel (Marcelo Alonso) quien se convence a sí mismo de que Tamara es la elegida.

A estas alturas, todos deberíamos conocer por lo menos algún caso de secta en Chile, donde Colonia Dignidad se corona como la más escalofriante de todas. Túnicas, aislamiento, cantos, Sur, líderes divinos, delirios de grandeza y opresión hacia las mujeres hacen la perfecta fórmula de secta…¿o no? Se trata de un tema interesante, morboso, pero que sin duda logra captar el interés del público. Sin embargo, más allá de la inquietante temática, Princesita presenta problemas en su ejecución.

La trama del film no se enfoca en la secta en sí, lo que hace que muchas veces se sienta, en realidad, como un grupo scout cuico, y se sostiene principalmente en la relación sexualizada entre Tamara y Miguel, el líder de la secta, un hombre de aproximadamente 40 años. Miguel escoge a la niña para procrear juntos a su sucesor, el cual deberá ser, supuestamente, un niño divino.

La historia comienza en el momento en que Miguel le permite a Tamara ir al colegio. Ahora, da para preguntarse, ¿por qué un pedófilo que quiere embarazar a una niña tiene la fantástica idea de mandarla al colegio? Nadie los estaba investigando, ni la policía ni el SENAME, entonces ¿por qué sacarla del enclaustramiento para hacerla interactuar con otros niños, otras personas? Ya… después lo entendí. Al parecer la finalidad del colegio, en cuanto a guión, era dar un motivo para que la niña “abriera los ojos” y sus sentimientos de devoción hacia Miguel se transformaran en miedo. Sin embargo, la película falla tremendamente en esta transición, dado que la asimilación de Tamara es completamente abrupta: de un día para otro nos enteramos, por la voz en off de la niña, que ha pasado de amar a su líder a detestarlo.

La voz en off: otro problema. Utilizada indiscriminadamente para mostrar al público las reflexiones de la niña, se vuelve un elemento incomprensible del film. Esta, aparte de aportar reflexiones empalagosas y cursis, es una voz de mujer adulta que, sin dar cuenta del porqué, habla en presente. Lo que genera que durante toda la película una se esté preguntando por qué no utilizaron simplemente la voz de Tamara. Y no, nada da a entender que es Tamara adulta recordando el pasado.

Podríamos pensar que con un tema como éste no se necesitarían más historias para hacer la película interesante. Bueno, claramente Marialy no pensó lo mismo. Princesita está repleta de historias secundarias forzadas que no aportan nada contundente a la historia principal y en donde surgen personajes que no alcanzan nunca real relevancia dentro de la historia. Lo cual provoca que el film pierda el foco y el espectador quede colgado tratando de comprender la incorporación de estos elementos. Un ejemplo claro es la profesora, María Gracia Omegna, quien sospecha de lo que sucede en el hogar de Tamara, por lo que decide ir personalmente a su casa para hablar con su tutor, o sea, Miguel. Podría haber sido una gran forma de generar rivalidad entre el mundo externo y la secta, pero adivinen qué pasa con la profesora: nada.

Escenas hipnóticas, close-ups y un excesivo uso de cámara lenta, pudo haber funcionado en una película como Joven y Alocada, sin embargo, en un film sobre sectas y pedofilia, el necesario vínculo entre el estilo fílmico y la trama se vuelve pobre e inconexo.  

Ahora, un elemento a rescatar de la película es la atmósfera. En general, la música acompaña bien las escenas y la fotografía, mediante una combinación de colores fuertes y bellos paisajes del sur chileno logra captar la atención del espectador. Además, la película en algunos momentos logra causar tensión y repulsión en el espectador. Sin embargo, tampoco es que sea gran cosa, querer vomitar al ver a un hombre mayor tratando de acostarse con una niña de once años, es casi obligatorio.

Marialy parece repetir la misma fórmula de su popular película Joven y Alocada sin mucho éxito. La estética del film se come completamente la trama, volviéndose más atractiva por sus cuadros que por su contenido.