7 Películas que reflejan la esencia de un gobierno y su época

0 627

 

Por Diego Escobedo

 

El cine chileno tiene cerca de cien años de historia y ha producido distintas joyas durante ese tiempo, la mayoría tristemente desconocidas por las actuales generaciones. Varias de esas películas no solo se limitaron a entretener, también reflejaron el espíritu de su época e incluso fueron producidas con apoyo directo del gobierno de turno, oscilando entre la propaganda y el entretenimiento.

Con esto en mente, realicé el siguiente ejercicio: resumir la historia chilena de los últimos setenta años en siete películas que nos hablan de su tiempo, ya sea dentro o fuera de la pantalla. Y es que según el historiador Pierre Sorlin, el cine “no es sólo el reflejo de su época, pertenece a ella y creando figuras, fenómenos, modos de ser, ejerce acción en ella». Si bien es verdad que Chile tuvo una riquísima tradición documentalista hasta 1973, para efectos de esta selección hicimos a un lado al cine documental y nos centramos en los largometrajes argumentales. Para los fanáticos de las maratones, están todos en internet.

 

Romance de medio siglo, 1944: Los gobiernos radicales y el Hollywood chileno

La película sigue el trágico romance entre dos jóvenes de clase alta (interpretados por Inés Moreno y Francisco Flores del Campo) que comienza con la guerra civil de 1891, pasa por el terremoto de Valparaíso de 1906, y termina en el presente (los años cuarenta). Una historia de amor que acontece entre grandes recepciones en salones de palacios y a la luz de faroles de oscuras calles adoquinadas. La escenografía y la banda sonora, digna de Lo que el viento se llevó (1939), le confiere a esta película todo el aire de una superproducción hollywoodense de la época. 

Dirigida por Luis José Moglia Barth, fue la primera película de Chilefilms, empresa estatal cuyo ambicioso objetivo era ni más ni menos que proyectar el cine chileno a escala continental y competir con la poderosa industria mexicana y la argentina. Lo anterior, implicó traer una serie de equipos, técnicos y cineastas del extranjero, principalmente de Argentina.

Estamos en la época del Modelo ISI (Industrialización por Sustitución de Importaciones), cuando la política económica era fomentar la industria nacional y así aumentar el empleo y modernizar el país. Así, este Estado empresario financió una serie de películas bastante extravagantes, desde exóticas historias ambientadas en la lejana India, a odiseas en barco de inmigrantes que llegaban a la Patagonia. El alto costo de producción de cada una, la mala recepción entre el público y la crítica chilena y los pocos resultados a la hora de penetrar en mercados extranjeros derivaron en el fracaso de la estrategia de Chilefilms hacia fines de los gobiernos radicales, lo que conllevó a la empresa a  arrendar sus instalaciones a terceros para 1950. 

En buena medida, el fracaso de Chilefilms refleja la decadencia del proyecto radical: tras una breve época de esplendor, la década de los ‘40 terminó con un modelo ISI a la baja. No obstante, las bases del proteccionismo y la industria nacional se mantendrán estables aun con el paso de gobiernos de derecha hasta el golpe del ‘73. Por lo demás, Romance de medio siglo y las otras diez películas producidas bajo esta estrategia persisten no sólo como curiosidades, sino como reliquias de la única época en que el gobierno invirtió con fuerza en el cine chileno.

Disponible en Cineteca Online

 

Ayúdeme usted compadre, 1968: La DC y la Revolución en Libertad

Llegamos a los años ´60. La revolución cubana en 1959 dio inicio, en América Latina, a una década de revoluciones y la llegada del marxismo al poder, para la élite, era una amenaza latente. Ante esta disyuntiva, irrumpió un político bastante popular: Eduardo Frei Montalva, quien llegó a la presidencia en 1964 con el 56% de los votos y un partido nuevo, la Democracia Cristiana (DC). Un proyecto reformista que venía a ser una alternativa entre el esquema bipolar del comunismo y el capitalismo. Hablamos de la “revolución en libertad”, un concepto en donde “revolución”, significaba anticapitalista, pero con “libertad” antimarxista. Este gobierno emprendió una serie de reformas (agraria y universitaria, entre otras) con el apoyo de John Kennedy y la Alianza para el Progreso, que buscaban sacar al país del subdesarrollo y contener el avance marxista.

Esta tercera vía se basó en principios socialcristianos y buscó revitalizar el alma nacional y reconciliar a un país polarizado. Con estas tareas en mente es que se produce la película Ayúdeme usted, compadre. Una canción para todos.

Estamos ante uno de los pocos musicales producidos en la historia fílmica de nuestro país. Con la dirección y guión del democratacristiano Germán Becker, la cinta en sí difícilmente puede calificar como “película argumental”. En estricto rigor es una “revista musical”: una serie de canciones sucesivas que no tienen mayor relación entre una y otra. De fondo está la historia de un par de chilenos patiperros, interpretados por el dúo Los Perlas, tan anónimos como alegres, que tras bajarse de un avión proveniente de Nueva York, con su guitarra y picardía, recorren el país de Arica a Magallanes. La excusa perfecta para intercalar cuecas y boleros con el himno de las tres Fuerzas Armadas -ojo que estamos en una época pre-golpe donde el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea sólo generaban orgullo en la población- y claro, con la folclórica canción que da nombre a la película: “Ayúdeme usted compadre a gritar un viva Chile”.

Aunque claramente Becker no era guionista, su habilidad como productor de grandes eventos nuevamente sale a relucir. No por nada como dirigente deportivo de la UC debió organizar distintos clásicos universitarios. Su afán por lograr producciones épicas y de unidad nacional también lo demostró al organizar la mítica “Marcha de la Patria Joven”: hasta ese momento la marcha política más grande en la historia de Chile que reunió a miles de personas de todos los rincones del país en el Parque O´Higgins para el cierre de campaña de Frei.

La película incluye cameos de distintos artistas, como Gloria Simonetti, Los Huasos Quincheros, e incluso Don Francisco y termina con un chovinista mensaje por parte de los protagonistas. Hoy la definiríamos como una “película livianita”, pero fue la más taquillera en la historia del cine chileno por cuarenta años (mucho más tarde fue destronada por El chacotero sentimental). Llegó a un público transversal, como lo hizo la DC en su época de gloria. Al respecto, es bien elocuente una anécdota que contó el mismo Becker 1 sobre una de las escenas que filmaron en Chillán: “Hicimos un gran desfile desde la Catedral hasta la estación de trenes, que pasaba frente a un recinto que el MIR tenía tomado, en una huelga. Había pancartas y carteles del MIR, pero cuando supieron que íbamos a pasar, sacaron todo y hasta varios huelguistas se sumaron cuando pedimos voluntarios». Hasta la revolución se paralizó para esta película. En suma, Ayúdeme usted, compadre fue un respiro de alegría y nacionalismo antes de que el cine y el país entero entrara en un espiral de polarización. 

Disponible en youtube

 

Ya no basta con rezar, 1972: La Unidad Popular y la doctrina social de la iglesia

Desde 1967 la polarización y la violencia política en el país aumentaron cada día. En 1970 triunfa en las elecciones presidenciales Salvador Allende, el primer marxista elegido democráticamente en la historia de occidente. Fue en esta década de revoluciones, en los sesentas, que florecieron movimientos artísticos de izquierda como los de la Nueva Canción Chilena y el Nuevo Cine Chileno. Todo esto se vio fomentado por el triunfo de Allende y es que en diciembre de 1970, a poco más de un mes de que llegara a La Moneda, se publicó el Manifiesto de los Cineastas de la Unidad Popular cuyos tres primeros puntos sostenían:

  1. Que antes de cineastas, somos hombres comprometidos con el fenómeno político y social de nuestro pueblo y con su gran tarea: la construcción del socialismo.
  2. Que el cine es un arte.
  3. Que el cine chileno, por imperativo histórico, deberá ser un arte revolucionario.

Es en este contexto en el cual surge la película Ya no basta con rezar (dirección de Aldo Francia). Si bien el film fue producido en 1972, se ambienta unos años antes, en pleno gobierno de Frei, en Valparaíso, y sigue las andanzas del padre Jaime (Marcelo Romo), quien hace sus mejores esfuerzos para ayudar a los más necesitados en las poblaciones de los cerros y colabora con unos obreros de una fábrica en huelga. 

Su cruzada lo llevará a experimentar las mismas injusticias que sufren sus feligreses, incluido recibir una golpiza por parte de unos matones contratados por el patrón de la fábrica. Hacia el final de la cinta, en vez de participar de la tradicional celebración de San Pedro con los demás sacerdotes, se suma a una marcha de los obreros en el centro de Valparaíso. En el camino, repite constantemente a los asistentes que están en una manifestación pacífica, sin violencia. Y así se mantiene, hasta que llegan al centro de la ciudad. Allí los carabineros, sin ninguna provocación previa, lanzan una bomba lacrimógena a los manifestantes. Todos huyen salvo el padre Jaime quien raudamente agarra el proyectil y se lo lanza devuelta a los uniformados. La escena se congela y vienen los créditos junto con la canción, era que no, “Ya no basta con rezar”, de Osvaldo “Gitano” Rodríguez.

Esta escena dio pie al clásico afiche del sacerdote con una piedra en la mano a punto de lanzarla. Provocativo afiche que vino a acentuar la división entre los “curas obreros”, comprometidos con la doctrina social de la iglesia y los sacerdotes defensores del status quo. Todos estos temas son tratados en el film de forma ágil, sin caer en peroratas políticas ni el ritmo lento del cine de arte contemporáneo. Las metáforas son muy elocuentes, el padre Jaime está en su zona de confort en las casas de los ricos en la costanera, pero no se siente realizado. Y es ahí cuando sube las interminables escaleras porteñas y llega donde los pobres que está más cerca del Señor. Sin escenas pretenciosas el mensaje es explícito: el verdadero cristiano ahora debía comprometerse con la revolución.

Este final de antología también viene a representar el fracaso del gradualismo reformista de la Democracia Cristiana y la necesidad casi ineludible de optar por la lucha armada para lograr las transformaciones sociales y la justicia social. Un tema complejo para el presidente Allende quien fue firme hasta el final con su política de la vía pacífica al socialismo, por más que sus aliados lo empujaran en otra dirección.

Disponible en youtube

El último grumete, 1983: La Dictadura y la militarización de la sociedad

Tras el golpe de estado vino el exilio masivo tanto de cineastas como de artistas chilenos y, con ello, un largo apagón cultural. No obstante, hubo unas pocas películas que lograron realizarse durante la dictadura. Una de ellas destaca por la colaboración que contó con el régimen: El último grumete.

En aquella época la política cultural de la dictadura no se limitó sólo a reprimir todas las expresiones artísticas revolucionarias, izquierdistas o afines a la Unidad Popular. Bajo el auspicio de Enrique Campos Menéndez, asesor cultural del régimen, se fomentó el sentimiento nacional mediante tradiciones más criollistas y folclóricas, además del ensalzamiento de las Fuerzas Armadas y la tradición bélica de los chilenos. En este contexto es que tuvieron su auge músicos como Los Huasos Quincheros o Los cuatro cuartos. En el terreno del séptimo arte, esto se vio reflejado en una sola película.

El último grumete es una adaptación del libro de Francisco Coloane El último grumete de la Baquedano. Sigue las aventuras de Alejandro (Gonzalo Meza), un joven porteño que se mete de polizón a un barco de la Armada para ir en búsqueda de su hermano perdido en Magallanes. Por supuesto que es descubierto y el capitán del buque, en vez de desembarcarlo en el primer puerto, opta por incorporarlo a la tripulación.

Esta película contó con el apoyo de la Armada para su filmación, lo que se vio reflejado en una formidable escenografía, con la inmensidad del mar, los rigores de la vida a bordo, y la dureza de los paisajes australes. Lo interesante de este film, es que no sólo refleja el patriotismo y militarismo perseguido por el régimen, también varias de las tensiones de la época. 

Ante todo lo anterior, Coloane, militante comunista, colabora de igual forma en la realización del film, con los costos que ello implicaba: el director debió trabajar bajo la mirada atenta de la CNI. A pesar de las críticas por parte de izquierda y derecha, la cinta se convirtió en un éxito de taquilla y un clásico del cine chileno.

Quizás lo más hilarante es que el mismo Coloane pidió que la película fuera lo menos parecida posible al libro, ya a esas alturas un clásico de la literatura juvenil y del currículum escolar. Justamente por eso el autor buscaba que fueran distintos, para que los niños no vieran la película en vez de leer la novela, lo cual explica una serie de cambios en el argumento. El más notorio es el título: en el libro el barco se llama Baquedano, en el film es el buque escuela Esmeralda, la joya de la Armada, quienes prefirieron mostrar eso en el cine en vez de un barco común. 

Disponible en ondamedia

 

Johnny 100 pesos, 1993: La transición 

1990, fin de la dictadura y el retorno a la democracia. Con esto vino el retorno de los cineastas del exilio y una primavera de creatividad que fue tan efímera como la esperanza de la llegada inminente de esa alegría prometida. Ya lejos del Nuevo Cine Chileno, imbuidos de las nuevas técnicas narrativas aprendidas en el extranjero y en el rubro de la publicidad, los cineastas comenzaron a hacer un cine mucho más ágil y comercial.

Basándose en un caso policial real, el director Gustavo Graef Marino- recién llegado de Alemania- filmó Johnny 100 pesos. La historia original trata sobre un caso de asalto con toma de rehenes, el primero en la historia policial del país y que fue cometido en una torre de oficinas a pocos metros del Palacio de La Moneda. Dado el contexto, muchos temieron que se trataba de un caso de terrorismo político. Lo más llamativo era el protagonista de los hechos: un joven de dieciocho años. Rodeados y desesperados, la banda comenzó a hacer peticiones que sabían que Carabineros no podían cumplir como, por ejemplo, un avión a Cuba. Finalmente, el menor de la banda optó por dispararse en el estómago, de modo que salió en camilla y no en manos de carabineros.

En la ficción de Graef Marino, el protagonista es Johnny (Armando Araiza), un joven que pasa por el mismo periplo. La película no es sólo un thriller policial, sino también político. En paralelo al piso donde suceden los hechos, la narración sigue a un periodista de televisión que indaga en la vida de Johnny y va hasta la población donde creció a entrevistar a su madre y su polola. Y lo que es más llamativo, también siguen los movimientos de tres funcionarios del ministerio del interior buscando controlar la situación.

De estos personajes destaca el de Martin Beaucheff (interpretado por Cristián Campos), un abogado “bolchevique, pero burgués”, recién retornado del exilio y que viene a encarnar el prototipo del nuevo político de la transición con aires de socialista renovado. El retrato de Patricio Aylwin en la oficina de estos funcionarios, y sus torpes primeros movimientos por manejar la situación, no sólo a los criminales, sino también a unas instituciones poco acostumbradas a seguir las órdenes de civiles, reflejan el talante de una frágil democracia que aún luchaba por asentarse. 

La sensacionalista cobertura que realiza el periodista del caso recoge muy bien el espíritu de los medios de la época: aún imbuidos de la lógica de Tv basura y poco informativa de la pasada década dictatorial. El entorno en que creció Johnny también es muy elocuente: una población marginal de inexistentes áreas verdes, padre ausente y una juventud vulnerable y sin rumbo, hija de la dictadura. Con esto la película va mucho más allá que Caluga o Menta (otro clásico de la transición). En su ambiciosa propuesta, Graef Marino satiriza con ojo crítico y milimétrico tanto a las altas cúpulas de poder como a los estratos sociales más bajos. No por nada la película fue otro éxito de taquilla. 

Disponible en youtube

 

Una Mujer Fantástica, 2017: La lucha por los derechos LGTBQ+

La dictadura quedó atrás, y si bien sus fantasmas siguen apareciendo esporádicamente en el cine chileno, ahora son otros los temas con los que se atreven a emprender los nuevos cineastas. Y en esta producción, Sebastián Lelio se la jugó por explorar los problemas de las minorías sexuales.

El resultado fue una película que rompió paradigmas. Una mujer fantástica es protagonizada por la actriz transgénero, Daniela Vega. Su personaje de Marina, mesera y cantante, tiene una relación estable con Orlando (Francisco Reyes), un hombre divorciado, veinte años mayor y de buena situación económica. Una aneurisma acaba con su vida y con una feliz relación. A partir de allí, Marina deberá hacer frente a la discriminación, no sólo de la familia de Orlando, sino también de la sociedad y de unas instituciones (Salud, Carabineros y PDI) hostiles hacia gente de su condición. Que Marina se desenvuelva fluidamente entre el barrio alto, donde vive la familia de Orlando, y Santiago centro, donde ella vive, habla de un cine chileno bastante maduro: el sempiterno clasismo que aqueja a la sociedad chilena ya no es tema. El gran problema con que debe lidiar Marina es la ignorancia y la transfobia. 

Como país, estamos ante nuestra tercera nominación a los premios Óscar, nuestro segundo triunfo y el primer Óscar que hemos ganado con una película live action. Punto culmine de una década marcada de éxitos (a nivel comercial y de premios internacionales) para el cine chileno. 

Esta producción habla mucho más que de una joven transgénerol. Su producción se dio en medio del segundo gobierno de Michelle Bachelet, el cual emprendió una ambiciosa agenda valórica que se hizo cargo de muchos temas largamente postergados, como el Acuerdo de Unión Civil y el aborto en tres causales. Por si fuera poco, el premio Óscar le dio un impulso extra a la Ley de Identidad de Género, el último proyecto de ley despachado por Bachelet antes de terminar su mandato. Contexto y film se retroalimentaron recíprocamente. De ahí en adelante la batalla contra la discriminación y en favor de los derechos de la comunidad LGTBQ+ no ha parado. 

Disponible en Ondamedia

 

Noche, 2018: La previa del Estallido Social

Muchos dijeron que nadie vio venir el estallido social del 18 de octubre de 2019, pero lo cierto es que había un descontento latente en la población, con claros tintes de bomba de tiempo. Muchos lo percibieron así, entre ellos el director Inti Carrizo-Ortiz.

Su ópera prima es un film de ciencia ficción que parte con un peculiar fenómeno astronómico: el sol ha sido bloqueado por una fuerza desconocida y la Tierra entera queda a oscuras durante cuarenta y dos días. El pánico cunde, hay que hacer filas para obtener una ración de vitamina D, comienzan los saqueos y el gobierno saca los militares a la calle. Entremedio de todo este caos, Gabriel (Carlos Talamilla), busca desesperadamente a su novia, Claudia, detenida injustificadamente por los militares. A medida que investiga, Gabriel descubre una conspiración, los poderosos sabían que esto iba a pasar, todo es parte del “Protocolo Noche”, y de las sombras surge un guerrillero desconocido, el Comandante Proxy, quien lucha contra la represión del gobierno.

La película juega con muchos de los temores clásicos de los chilenos: los desastres naturales, la dictadura militar, el caos, la delincuencia, la desigualdad, la injusticia social y la vieja sospecha de que hay una conspiración de los gobernantes y los poderes fácticos en contra nuestra. El final puede ser leído fácilmente como una metáfora del golpe de Estado. Aunque trágico, cierra con una bonita filosofía: el verdadero sol no está allá arriba, sino dentro de todos nosotros. 

En el futuro seguramente tendremos distintas películas sobre el 18 de octubre, pero me atrevería a decir que esta fue la primera película hecha- sin querer queriendo- sobre el estallido social. El director es de izquierda y se nota: la crítica contra los políticos y los militares es explícita. Si bien las escenas de los carabineros reprimiendo manifestantes datan de las protestas estudiantiles de 2011, verlas hoy da la sensación de que esta película se filmó en 2019.

El cameo del escritor Jorge Baradit y su papel como el “Comandante Proxy” (personaje originario de sus libros de ciencia ficción) son sintomáticos: un año después, uno de los libros más vendidos para intentar explicar la contingencia, será Rebelión, del mismo autor. Y es que un año después, la realidad superó la ficción. No hizo falta que desapareciera el sol. Los chilenos tenían mucha oscuridad acumulada en su interior, la cual explotó para sumir al país en las tinieblas más absolutas, con militares incluidos. Entremedio, no fue el comandante proxy, pero sí Baradit en persona una de las voces más críticas contra el gobierno.

Disponible en Ondamedia

  1. https://www.latercera.com/noticia/ayudeme-usted-compadre-los-cuarenta-anos-de-un-fenomeno-del-cine-chileno/
Comentarios
Cargando...