Entrevista a Alondra Arellano vocera de Coordinadora Feminista Universitaria

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Esta semana conversamos con Alondra Arellano, estudiante de Ciencia Política en la PUC y vocera de la Coordinadora Feminista Universitaria (COFEU)

¿En qué consiste la COFEU? ¿Cómo se creó? ¿Quiénes participan de ella?

La Coordinadora Feminista Universitaria es un espacio que agrupa a las diferentes secretarías y vocalías de género y sexualidades de las universidades a nivel nacional. En ella participan tanto personas autoconvocadas que les interese apoyar en la organización como representantes de las diferentes secretarías y vocalías. Esta organización se forma el año 2016 a raíz de la autonomización de la vocalía de género de la CONFECH, proceso en el que se conforma como una coordinadora propiamente tal y sale del alero de las federaciones universitarias, para convertirse en un organismo permanente que no cambia año a año con las elecciones federativas.

¿Qué es para ti el feminismo? ¿Cómo ha impactado en tu vida personal y en la vida de tu entorno?

Para mi el feminismo es justicia. Es la construcción permanente de un mundo más equitativo, más libre y donde todas las personas tengamos la misma capacidad de decidir el destino de nuestras vidas, sin que existan desigualdades estructurales que impidan que esto sea posible. Por tanto, el feminismo es la refundación de una sociedad que históricamente ha oprimido a lo que no es masculino heterosexual. En mi vida personal esto ha impactado fuertemente, porque una de las reivindicaciones feministas es también que lo personal es político, por lo tanto, una se empieza a cuestionar todo ámbito de vida personal o cotidiano, ya que al final el machismo cala tan hondo que todas las prácticas que se normalizan provienen de esa cultura. Por ende, es imposible ser feminista si no se cuestiona también el ámbito privado.

¿Consideras que las diferentes universidades han logrado dar respuestas a las demandas de las movilizaciones feministas de este año?

Las diferentes universidades en las que se han desarrollado movimientos feministas e incluso en las que no representan y reproducen instituciones que funcionan de manera patriarcal. Es decir, promueven una educación machista desde lo que producen hasta lo que promueven, por tanto es difícil pensar que en el plazo de un año las movilizaciones lograron desarticular una cultura que se ha ido desarrollando durante décadas. Por ende, las respuestas que se han dado siguen esta línea de acción patriarcal y machista que no erradica el patriarcado o machismo de las instituciones, sino que aporta un par de medidas parche para satisfacer temporalmente las movilizaciones. Las instituciones siempre intentarán mantener el status quo, el cual, en la actualidad, es machista, por tanto muchas movilizaciones más quedan para lograr la educación feminista por la que estamos abogando.

Como un balance de las movilizaciones de todo el primer semestre, ¿consideras que luego de la llamada tercera ola feminista hubo avances concretos dentro o fuera de las universidades?

Sí, es imposible desconocer que no hubo avances sobre todo en materias de la organización del feminismo tanto dentro como fuera de las universidades. El debate sobre el feminismo se complejizan y el tópico o tema feminista o de género se tornó cotidiano, lo cual siempre es positivo, porque provoca que la discusión sobre el feminismo o demandas de mujeres y disidencias sexuales sean tocadas en todas las casas de Chile y los países donde se está viviendo la tercera ola feminista. Sobre el tema de las demandas, muchas de ellas no se van a poder realizar, precisamente, porque los espacios educativos son instituciones con una cultura muy masculinizada que desde su funcionamiento base no quieren cambiar su articulación hacia una educación feminista y disidente.

Desde ámbitos alejados de la academia y el mundo universitario se ha criticado que la tercera ola feminista de este año es elitista y deja de lado a gran parte de las mujeres. ¿Qué opinas de ello? ¿Cómo podrían articularse las feministas y movimientos feministas de universidades e instituciones de educación secundaria con otras mujeres que tienen diferentes realidades?

Efectivamente, el movimiento nace de las universidades, espacio sumamente elitizado al que las mujeres pudimos acceder hace poco más de un siglo. Y no todas las mujeres, sino que las mujeres con más acceso a oportunidades y de la clase burguesa. Sin embargo, el movimiento feminista, como tal, apunta a modificar todos los espacios que promuevan el patriarcado. Y se entiende, a diferencia de las demandas estudiantiles tradicionales como el fin al lucro o al CAE, que este movimiento no solo apela a la responsabilidad o vida directa de las y los estudiantes, sino que requiere de toda la comunidad para erradicar las prácticas patriarcales de las instituciones educativas. Sin embargo, es un gran desafío que salgamos de nuestras universidades y empapemos de feminismo espacios que no han tenido la oportunidad de reflexionar sobre el tema, pero que conocen profundamente las consecuencias que el patriarcado tiene porque lo han vivido en carne propia en todas las poblaciones, casas o barrios.

Con respecto a las tres mujeres apuñaladas por integrantes del Movimiento Social Patriótico durante la marcha del pasado 25 de julio, ¿cuál crees que debió haber sido la respuesta del Estado frente a la violencia de estos grupos misóginos y nacionalistas? ¿La creación de brigadas antifascistas durante las marchas es una alternativa en la que han pensado como organización?

La respuesta estatal siempre debió haber sido la garantización de espacios públicos seguros y libres de violencia. Evidentemente fueron negligentes en esa labor y permitieron que se desatase una expresión de violencia brutal en una manifestación pacífica. Debieron, en primer lugar, no criminalizar nuestro movimiento, que busca una vida digna para las mujeres. Esta criminalización dio pie para que movimientos machistas y violentos pudieran atacarnos. En segundo lugar, no ofrecen garantía física de protección o espacios seguros y eso dio paso a un hecho de violencia física importante. Lo que desde el movimiento feminista hemos estado trabajando son cordones y brigadas de seguridad que eviten estos episodios de violencia machista.

¿Qué opinas de la salida de Carlos Carmona en derecho de la UCH y de la huelga de hambre de las compañeras de la toma de la Universidad de Playa Ancha? ¿Estos hechos recientes podrían ayudar a reactivar las movilizaciones durante este segundo semestre?

Lo primero creo que es una tremenda ganada del movimiento feminista y una demostración de la lucha y el esfuerzo de todas las compañeras feministas de la Universidad de Chile. Igualmente, el ejemplo de Playa Ancha, donde les aprobaron todo el petitorio, creo que da cuenta del carácter de la lucha feminista: constante, rupturista y aguerrida. Más allá de que esto no creo reactivará las movilizaciones del segundo semestre, son grandes demostraciones de que solo con organización y movilizaciones conquistaremos nuestros derechos.  

¿Qué le depara a la agenda feminista para el resto de este año? ¿Cuáles son las proyecciones que hacen como organización?

El resto del año se estarán finalizando las negociaciones emanadas desde las movilizaciones feministas dentro de las universidades. Creo que el movimiento feminista universitario está viviendo un repliegue propio de todos los movimientos sociales que generan, en alguna etapa, mucho desgaste y tengo la esperanza de que se reactive el próximo año. Esto está bien y es necesario para que este movimiento tenga más contenido, se den diferentes debates y podamos salir a las calles con más fuerza que nunca el próximo año. Sobre todo cuando nos demos cuenta de que nuestras demandas no han sido realmente alcanzadas y que los acuerdos que estamos firmando hoy en las negociaciones no se hayan llevado a cabo por las casas de estudio o no funcionen como lo esperábamos. Además, es interesante ver cómo este movimiento se articula con la demanda del aborto libre que auspicia más auge a fines del 2018 e inicios del 2019.

Por otro lado, estará presente el desafío de reformular las demandas históricas del movimiento estudiantil con una perspectiva feminista, para que el auge de este movimiento se relacione también con el del movimiento estudiantil y se entiendan como un conjunto.

¿Crees que el feminismo se consolidó y va a quedarse por mucho tiempo en Chile? ¿Es una batalla cultural que se está ganando?

El feminismo no llegó con este movimiento, el feminismo estaba instalando en Chile en lugares menos públicos, no necesariamente en la palestra, pero estaba. Y este movimiento que responde a un proceso de luchas feministas que tienen historia, no es espontáneo, sino que responde y visibiliza ese feminismo que estaba instalado desde antes en Chile. Definitivamente esta es una batalla cultural que apunta a cambiar todos los aspectos que norman nuestra sociedad y eso depende de nosotres: de nuestra fuerza en las calles, en los hogares, en los trabajos, en las escuelas y en todo los espacios donde nos desenvolvemos.