Entre tabúes y prejuicios: los desafíos contra el VIH

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Por Daniela Pinto

Cuando escuchamos la palabra sida de manera casi inmediata la asociamos con la muerte, pues hemos crecido en una sociedad que demoniza el VIH. Nos han enseñado, desde la ignorancia, que para estar en riesgo pareciera bastar con respirar el mismo aire de una persona contagiada. Estamos ante una sociedad que apunta con el dedo a las personas quienes padecen esta enfermedad.

Para contextualizar, el VIH es un virus que ataca a nuestro sistema inmune, el encargado de defendernos ante la amenaza de algún agente externo.  En este sentido, este virus deja al organismo desprotegido. Así, por ejemplo, un resfrío común que dura 7 días, para una persona con sida se transforma en un peligro que puede llegar a ser mortal.

En 1980 esta enfermedad comenzó a masificarse en la comunidad homosexual de algunos estados de EE.UU., por lo que se creía que era una “enfermedad de los homosexuales”. Al respecto, algunos aseguraban que era un castigo divino para la comunidad disidente debido a su libertinaje sexual. Sin embargo, más tarde el sida se extendió y comenzó a afectar a más gente.  Por tanto, para la comunidad científica, las farmacéuticas y la medicina se convirtió en un desafío poder combatir a este virus que cada día cobraba más vidas.

El 22 de agosto de 1984 falleció en Chile, producto del sida, Edmundo Rodríguez Ramírez, profesor de la comuna de Maipú. Esto provocó gran impacto en la opinión pública, pues la prensa de la época desató la histeria colectiva al catalogar al sida como una“enfermedad rara” e incluso sostener que el “cáncer gay llega[ba] a Chile”.

Hoy, tres décadas después, ocurre algo similar. Se han hecho públicas nuevas cifras que muestran cómo va en ascenso esta enfermedad, principalmente en el sector más joven de nuestra población. Mucho se ha especulado sobre las causas de este aumento: algunos apuntan al “libertinaje sexual de la juventud”, otros afirman que es a causa del aumento de la visibilidad que ha tenido la comunidad homosexual en los últimos años”, y otros culpan a los extranjeros que han llegado a Chile.

Muchos nos preguntamos los motivos que han provocado que este virus continúe propagándose y cómo es posible que no se pueda controlar esta pandemia. Así, muchos llegan a afirmar que la cura ya se ha descubierto, pero que existe interés de que este virus no se controle y que la gente siga contagiándose y muriendo.

Frente a muchas dudas y teorías, en primer lugar, hablar de curas y afirmar que se encuentra escondida es adoptar una actitud irresponsable, pues la comunidad científica lleva décadas trabajando para controlar el virus, pero éste ha evolucionado y se ha vuelto más resistente, por lo que su combate supone todo un desafío.  Además, si la cura ya existiese, como algunos piensan, se difundiría de inmediato, ya que significaría la consagración y el reconocimiento a nivel mundial de la comunidad científica.

La moralidad está estrechamente relacionada con el tema debido a la precaria educación sexual que existe en nuestro país y el miedo al escrutinio social al que se expone una persona contagiada. Lo anterior, sumado a la soledad en que caen estas personas, provoca que muchos se nieguen a recibir tratamiento. La ignorancia en la que vivimos día a día es un factor de riesgo no solo para el VIH, sino también para diversas infecciones de transmisión sexual.

Además, existe una fuerte relación entre la propagación del VIH y el comercio sexual. La población con mayor riesgo de infección son mujeres dueñas de casa, quienes son víctimas de los desconocidos encuentros sexuales que viven sus maridos de manera clandestina. De esta manera, podemos ver cómo una vez más la sociedad se encarga de mostrarnos una realidad errada, pues los medios de comunicación exponen a la disidencia sexual como culpable, para encubrir al macho que puede vivir libremente su sexualidad sin ser cuestionado. Es necesario que nos hagamos cargo y asumamos la existencia del comercio sexual y así mismo regulemos las condiciones laborales y de salud de quienes se desempeñan en el trabajo sexual.

Hoy en día el sida es como la diabetes, un cáncer u otra enfermedad compleja de las que cotidianamente somos testigos. Por esto es necesario aclarar que esta enfermedad no es mortal, que las personas al ser tratadas pueden vivir de manera normal. Sin embargo, también es necesario apoyarles, porque comenzar un tratamiento de estas características afecta en muchos aspectos, principalmente en lo emocional.

Lo que necesitamos es hacernos cargo de esta realidad, educarnos, hablar abiertamente sobre el VIH, dejar de condenar a una persona por padecer esta enfermedad. Chile necesita una educación sexual que no solo busque prevenir el embarazo adolescente; una educación en la que se hablen las cosas por su nombre, donde la falsa moralidad ya no sea un obstáculo, en la que nos miremos tod@s como iguales y no veamos las infecciones de transmisión sexual como un tabú.