Orden y guerra: Lo “militar” en la policía chilena durante el Regimiento de Carabineros, 1925-1927

980

Por Gerardo Cruz Alvarez

Los orígenes de Carabineros de Chile remontan a 1927, a partir de la fusión entre el Regimiento de Carabineros (1906-1927), los Gendarmes de las Colonias y la Policía Comunal. La presente investigación es un trabajo de carácter exploratorio del poco estudiado Regimiento de Carabineros –o Cuerpo, como fue su nombre más frecuente–, el cual operó en forma de tropa de choque en zonas urbanas claves del país, tales como Iquique, Santiago y Concepción, de acuerdo a las funciones de “orden”, “seguridad” y “servicio a la comunidad”. Los efectivos, entendidos como sujetos de virtud, cumplían el deber de lealtad a los llamados valores nacionales chilenos. Por lo tanto, el Cuerpo desde un comienzo fue reproductor de la moralidad establecida por el discurso dominante de los grupos de poder.

De acuerdo con lo anterior, se espera vislumbrar una parte escasamente profundizada de la historia policial del país, la cual en consideración de nuestro contexto -entendido por presente histórico-, demanda el conocimiento de su funcionamiento. Es de esperar que esta investigación esté a un adecuado servicio de tal agenda y debate.

El Cuerpo de Carabineros, la infraestructura regimental

El Regimiento de Carabineros fue fundado en 1906 por el decreto supremo del 5 de febrero del mismo año, adoptando en su nombre oficial tal tipo de infantería fusilera 1, aunque sin dar detalles del por qué 2. Al margen de lo taxonómico, el Reglamento aprobado en 1906 –el que le da el nombre simultáneo de Cuerpo de Carabineros– hace que se implemente la estructura regimental “al incorporarse a él los Escuadrones de la región salitrera”3. A pesar de la aparente jerarquía e imperante terminología castrense, el autor Diego Miranda establece que, en la voz de la tropa, aquello no hegemonizaba su pensamiento en son del imaginario bélico. Por otro lado, si bien en Regimiento  dependía del Ejército (hasta el punto de tener que recurrir a operativos militares en caso de conflicto activo), sus acciones cotidianas respondían a dinámicas propias de la labor policial, es decir, a la persecución y represión del delito. Hasta 1927, el Cuerpo estuvo bajo el mando de Carlos Ibáñez del Campo, quien ostentaba el rango de Comandante General y firmaba los anuncios y decretos de carácter rutinario –suspensiones, bajas, permuta de tropas, entre otros– puestos en los Boletines Oficiales.

Los múltiples destacamentos del Regimiento fueron desplegados en diversas zonas, sin embargo prevalecieron posiciones geográficas como la Pampa Central y las regiones salitreras. Esto no quiere decir que fueran los únicos lugares que contaron con su presencia, sino los de mayor concentración y actividad. Una aproximación resolutiva a dicho estado deviene de las actividades de huelga de los obreros, por lo tanto el Cuerpo también cumplió una función de represión política. El Boletín Oficial Nº 6 publicó una misiva gubernamental que exigía que los a efectivos de todos los rangos la leyeran y la comentaran, la cual establece sobre los “agitadores”:

Entristece presenciar la ceguera colectiva y fraticida de hombres de nuestra misma sangre, nacidos bajo nuestro mismo cielo, almas y musculos nuestros, y mas doloroso aun, verlos seguir como un rebaño tras los engañosos mirajes de un comunismo utópico y de un bolcheviquismo monstruoso e inconcebible, inadaptable en la Rusia misma y menos en nuestra joven República, pletórica de riquezas nesplotadas y abierta a todas las energías.

De ahí que combatir con mano de hierro a los agitadores de oficio sea de imprescindible necesidad. Al lado de las grandes cruzadas pro salud física; debemos iniciar otra sin cuartel pro salud social; se debe perseguir a los chantaguistas sociales, a los que predican la estéril religión del odio, a los que pisotean nuestros mas sagrados valores y hacen escarnio de nuestras glorias y de nuestros emblemas y se burlan del sacrificio de nuestros muertos gloriosos […]

El previo mensaje emitido en un tándem del Ministerio del Interior con la Presidencia de la República, apelan a la construcción de un enemigo como amenaza a la noción de Patria, por tanto, a los sentidos de pertenencia. Diego Miranda establece que el reclutamiento de los subalternos y la oficialidad del Regimiento de Carabineros provenía del Ejército4, por lo que el discurso nacionalista vertido en las palabras del gobierno produciría sentido en el imaginario regimental de la tropa. De esta manera, se alimenta el sentimiento de defensa patriótica, y el ademán de supremacismo castrense en una situación de crisis. El antropólogo José Bengoa se refiere a estos escenarios como: “En estas situaciones de crisis, es decir, cuando el grupo, la colectividad, se sienten amenazados, es efectivamente cuando suenan con mayor fuerza los discursos identitarios y aquellos acerca de “lo propio”5.

La preparación del contingente de Oficiales fue también una parte importante del quehacer policial del Cuerpo. El material lectivo y procedimental en forma de manuales es un objeto de estudio que gravita en torno al constante entrenamiento de la franja organizacional. Un ejemplo es la policía alemana, de la cual uno de los cuerpos estaba contemplado para el envío de superiores a profundizar sus conocimientos6. Del mismo modo, textos producidos por los Auditorios de Guerra7 para diferentes funciones eran divulgados a la oficialidad, tal como el Manual para Procesos Militares de la IV Brigada Combinada, que era empleado como guía en caso de sumarios y sanciones8.

Diego Miranda en su texto Un siglo de evolución policial de Portales a Ibáñez, al inicio del párrafo sobre la fundación del Regimiento de Carabineros, establece la hibridez que sostiene tal institución entre los elementos constitutivos policiales y militares. Deja en evidencia su dependencia administrativa con el Ejército de Chile pero manteniendo una funcionalidad como operatividad policial. Paralelamente, en nuestro subtítulo anterior también se percibe tal estado de situación, donde hay una predominancia de un sistema semiótico, simbólico y jerárquico perteneciente a los códigos organizativos castrenses. No obstante, siempre tuvo una latente función  policial, tanto para la prevención del delito como en la represión en la esfera pública. La convergencia de ambos modelos en una sola entidad se traduce un fenómeno que levanta dudas respecto a los límites sustanciales del Cuerpo, es decir qué objetos al interior dialogan o se tensionan entre lo que es militar y lo que es policial.

Cabe destacar que los cimentos del Regimiento provienen del mundo militar chileno. El perfil del recluta raso y el oficial de mand tenían en común haber pertenecido al Ejército. La integración inicial en 1907 de las unidades de caballería tipo carabineros, también miembros del Ejército, carga con una continuidad en la manera en que son definidas las dinámicas internas del Cuerpo, pues operan los códigos eminentemente marciales. La herencia del sistema orgánico militar es clave para entender la tabulación administrativa que el Cuerpo sostiene en sus años de actividad, evitando así una dislocación de su gestión interior pero a su vez ejecutando labores policiales. Por lo tanto, “lo militar” en términos organizativos está a disposición del cumplimiento de objetivos policiales, facilitando la ejecución de las misiones en los teatros de operaciones definidos para cada Escuadrón.

El Regimiento no está ajeno a este razonamiento, ya que como se expuso sobre la misiva gubernamental del Boletín Oficial Nº 6 –sobre los “agitadores” –, y la relevancia estratégica que se vislumbra sobre las regiones salitreras, cabe destacar que al ser una fuerza preparada material y disciplinariamente, mantienen el poderío suficiente para una rápida neutralización de las amenazas establecidas por el gobierno. En otras palabras, las movilizaciones obreras del norte son percibidas como elemento hostil y por lo tanto, deben ser reprimidas por quienes tengan los insumos “proporcionales” para su rápida disolución. No es coincidencia el ejercicio de una semiótica nacionalista de la “Patria bajo asedio” en el mensaje del Boletín Nº 6, ya que tiene la capacidad de producir sentido en el imaginario colectivo de la tropa del Regimiento. En consecuencia, la propaganda interna permite generar empatía e identificación con los componentes de tal discurso, radicando así su complicidad, al menos institucional, con la campaña “pro salud social”.

Por ende, podemos establecer que la estructura militar regimental que dotó al Regimiento de Carabineros responde a una necesidad de mantener cohesión en los efectivos con una sólida estructura que se remite a individuos familiarizados con el sistema semiótico-simbólico marcial chileno. Los objetivos que les fueron interpuestos caben en una lógica policial en lo referente a la intervención sobre los espacios civiles que se interpretan como criminales. Por lo tanto la aniquilación de un “enemigo” en pos de la restauración de la defensa nacional se justifica en pos del concepto de “orden”.

Tanto “orden” y “seguridad” son palabras poseedoras de un mismo patrón: conceptualmente plásticas pero demandantes de acciones concretas. Su fácil adaptación a los distintos contextos en los que se pueden ver involucrado el Regimiento permite que el conflicto entendido en clave militar sea trasladable a una polisemia de teatros de operaciones. Al igual que el “enemigo”, orden y seguridad gravitan en la figura del Estado para ser significados modelados según la agenda discursiva de quienes logren hegemonizar su capacidad resolutiva, acostándose a una cierta temporalidad. El caso de los obreros del salitre no es excepcional a esta dinámica. La alta movilización y la injerencia del comunismo, según las autoridades civiles, permea a este segmento de la población, lo que va en detrimento de las operaciones mineras debido a las demandas y acciones del mundo sindical-popular. La concentración de esfuerzos del Regimiento en esas zonas se condice con la atención que el gobierno le asigna ante estas consecuencias económicas en el sector extractivo privado del salitre. En relación a lo expuesto, Mark Neocleous establece que:

[…] la seguridad es fácilmente leída como un tópico ideológico estatista, reforzando demandas por el estado de orden y estabilidad y canalizando así demandas de libertad. Dicho estatismo podría luego ser visto como una cuestión vinculada a la tradición cameralista del policiamiento, para la cual las instituciones policiales atraviesan todo el cuerpo social y político. Esto estaría en oposición con el ideal liberal: un ideal de poderes policiales limitados y legalmente regulados y un ideal de seguridad individual en equilibrio con libertad9

En este sentido, el Cuerpo de Carabineros se encuentra en una lucha que apela al restablecimiento de la seguridad-orden normativo, y más allá de los debates sobre el disciplinamiento social de los destacamentos policiales, estos son reproductores de una estabilidad demarcada por el discurso imperante. Con el objetivo de hacer hincapié en la mencionada cohesión interna, el ademán nacionalista acerca de la “chilenidad” conforma el núcleo simbólico del Regimiento, como lo vemos respecto a los exámenes de ingreso a los oficiales: “Además de los servicios propios del Regimiento y su conocimiento a fondo, el Oficial debe conocer la historia patria”10. En el momento en que el discurso de la “Patria asediada” es activado por los organismos correspondientes, el individuo del Regimiento debe acudir al “llamado” de la defensa, involucrándose en las labores policiales en una situación más cercana al concepto de “seguridad” que de “defensa”, al apelar a factores o elementos hostiles internos.

 

Fuentes:

  • Álbum de Cartas y Fotografías, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1922
  • Boletín Oficial del Cuerpo de Carabineros Nº5, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1925
  • Boletín Oficial del Cuerpo de Carabineros Nº7, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1925
  • Boletín Oficial del Cuerpo de Carabineros Nº10, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1925
  • Boletín Oficial del Cuerpo de Carabineros Nº16, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1925
  • Boletín Oficial del Cuerpo de Carabineros Nº18, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1925
  • Boletín Oficial del Cuerpo de Carabineros Nº33, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1926
  • Boletín Oficial del Cuerpo de Carabineros Nº35, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1926

Bibliografía:

  • Bengoa, José. La Comunidad Reclamada. Identidades, utopías y memorias en la sociedad chilena actual. Catalonia Ltda., Santiago, 2006
  • Cruz Alvarez, Gerardo. El imaginario bélico del “enemigo interno” en la dictadura cívico-militar chilena: legitimación discursiva de la represión castrense, 1973-1977, Ponencia IV Seminario de Historia de la Violencia en América Latina, La Paz, 2016
  • Miranda Becerra, Diego. Un siglo de evolución policial de Portales a Ibáñez. Departamento de Estudios Históricos Instituto Superior de Ciencias Policiales, Chile
  • Neocleous, Mark. “Liberalismo, Policía Seguridad”. En Mirada (de) uniforme. Historia y crítica la razón policial, Universidad Nacional de Río Negro, Buenos Aires, 2011
  • Saravia, Gregorio. “Carl Schmitt: Variaciones sobre el concepto de enemigo”. En Universitas, Revista de Filosofía, Derecho y Política, Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, Nº15, enero 2012
  • Van Dijk, Teun A. El análisis crítico del discurso. Revista Anthropos, Barcelona, Nº 186, septiembre-octubre 1999, pp. 23-36
  • Von Clausewitz, Carl. De la Guerra. La Esfera de los Libros, Madrid, 2005
  1. En el lenguaje militar se conoce como carabinero a un tipo de infantería caracterizada por el uso de un arma denominada carabina.
  2. Miranda Becerra, Diego. Un siglo de evolución policial de Portales a Ibáñez. Departamento de Estudios Históricos Instituto Superior de Ciencias Policiales, Chile,  p. 242.
  3. Misma fuente anterior, p. 245
  4. Miranda Becerra, Diego. Op. Cit., p. 247.
  5. Bengoa, José. La Comunidad Reclamada. Identidades, utopías y memorias en la sociedad chilena actual. Catalonia Ltda., Santiago, 2006, p. 95.
  6. Boletín Oficial del Cuerpo de Carabineros Nº33, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1926, p. 8.
  7. Los Auditorios de Guerra consistieron en centros de elaboración de documentos, manuales y guías orientados al personal del Ejército, sea para el combate activo o procedimientos internos no hostiles.
  8. Boletín Oficial del Cuerpo de Carabineros Nº16, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1925, p. 12.
  9. Neocleous, Mark. “Liberalismo, Policía Seguridad”. En Mirada (de) uniforme. Historia y crítica la razón policial, Universidad Nacional de Río Negro, Buenos Aires, 2011, p. 403.
  10. Boletín Oficial del Cuerpo de Carabineros Nº35, Cuerpo de Carabineros, Santiago, 1926, p. 5.