Los memes del feto ingeniero como armas contra el conservadurismo

Imagen creada por María Luisa Aburto
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Por Jorge Ortiz

No ha sido menor el revuelo que ha provocado la imagen del feto que dice “yo quiero ser ingeniero”. El cartel argentino que atravesó las fronteras inundando las redes sociales tuvo su origen en una marcha en contra del aborto en medio del debate legislativo que mantiene enfurecido a los grupos más conservadores del país trasandino. Desafortunadamente para este sector, las redes sociales no perdonaron y el mensaje, que en principio fue pensado para sensibilizar, terminó difundido y reproducido en millones de pantallas como objeto de todo tipo de humoradas. Ante esto cabe preguntarnos, ¿su éxito en redes sociales es un triunfo de la propaganda conservadora o una embestida contra el fascismo?

El “feto que quiere ser ingeniero” es un signo ideológico

Es necesario comprender que el cartel del feto que quiere ser ingeniero es un signo, es decir, un elemento compuesto por dos partes: un significado y un significante. El significado es aquello que remite a las ideas que se le asocian y el significante es aquel elemento visual o sonoro con el que se representa el significado. A lo largo de la historia cada grupo de humanos ha elegido y construido signos para comunicarse: desde señales de tránsito y fotografías hasta sistemas de signos tan complejos como las lenguas (¡el castellano y cualquier lengua son un conjunto enorme de signos!). Entonces, los distintos grupos de personas se comunican con diferentes signos. Por ejemplo, el significado de la palabra “cazuela” para algunos puede tener asociado una serie de experiencias positivas que le recuerdan algo agradable. Pero ¿qué pasaría si en algún momento de la vida alguien tuvo recuerdos malos con dicho plato? Sin duda no sería tan amigable su relación con la cazuela. De igual manera, el término “golpe militar” y una fotografía de Pinochet tendrán significados distintos para las personas. Entonces podemos observar que los significantes (la parte visual o auditiva) se mantienen invariables, pero remiten a significados distintos para las personas que dependen de sus experiencia individuales y colectivas. En este y otros sentidos que no abordaré en detalle, se puede decir que los signos son completamente ideológicos.

En el caso del signo del “feto que quiere ser ingeniero” el significante es una imagen de un feto acompañada de unas serie de palabras (“Yo quiero ser ingeniero”) y el significado es variable para cada persona. En principio, quienes crearon este signo lo hicieron pensando en difundir sus ideas contra el aborto, pues consideran que el feto es una potencial vida que hay que salvar porque podría ser muy productiva y útil para el sistema económico. De distinta manera, quienes están a favor del aborto libre al ver el cartel probablemente sintieron indignación y lo consideraron ridículo. Ellos comprenden que el aborto es un problema de salud pública, pues en Argentina se realizan cerca de 500 mil abortos clandestinos por año y más de 3 mil mujeres han muerto como consecuencia de la clandestinidad del aborto desde la recuperación de la democracia a la actualidad. En tanto, quienes no tengan una posición definida respecto del tema, probablemente el cartel les haya provocado algún tipo de reflexión. Un mismo significante provocó distintos significados en distintas personas.

Los signos son un espacio de combate contra el fascismo

Y todo cambió cuando el cartel llegó a internet. La creación de memes y todo tipo de humoradas a partir de la imagen supuso un cambio en su significado. Lejos de sensibilizar y generar adherentes a la posición anti-abortos, la imagen se viralizó mediante la ridiculización de la idea original. El significante fue perdiendo el significado por el que fue creado y pasó a ser motivo de risas en miles de pantallas. Mientras que para el conservadurismo los memes y las bromas deben haber causado indignación. Sin embargo, ellos ya no tenían nada que hacer: perdieron la batalla: su signo les fue arrebatado. Ya no podrán usarlo públicamente como propaganda, su consigna quedó vacía de su significado original.

De igual manera ha pasado en la historia con el tan cuestionado término “feminismo”. La palabra antiguamente se usaba en medicina para designar un trastorno del desarrollo de hombres que les afectaba la virilidad y los hacía parecer femeninos. El primero en usar ese término para nombrar a las mujeres que reivindicaban sus derechos fue el escritor francés Alexandre Dumas quien en 1872 se burlaba de ellas llamándolas feministas. La palabra se difundió rápidamente para nombrar despreciativamente a las mujeres que exigían igualdad. Sin embargo, fueron esas mismas mujeres las que se apropiaron de la palabra y transformaron su significado para nombrar al movimiento reivindicatorio a tal punto que en la actualidad ninguna feminista se ofendería por ser llamada así.

Casos de apropiación de significantes para combatir el conservadurismo y el fascismo hay cientos en todo el mundo. Por ejemplo, uno cercano es el término “cola” que para los homosexuales en Chile pasó de ser un insulto a ser un simple vocativo, tal como lo muestra la literatura de Pedro Lemebel. De la misma forma ocurrió con “queer” (‘raro’ en inglés) que la comunidad LGBTIQ+ apropió para designar la teoría de dicho nombre1. También ocurrió con los afroamericanos y la palabra “nigger” o “nigga”, que era usada inicialmente como insulto y forma de desprecio. Sin embargo, un sector importante, especialmente ligado a la cultura del hip-hop, la  incorporó y la usa con orgullo para referirse entre ellos, a pesar de que para muchos sigue constituyendo una palabra tabú.

La guerra de los signos puede ser un arma de doble filo

El “feto que quiere ser ingeniero” y los términos “queer”, “cola” y “nigga” dan cuenta de cómo podemos disputar el significado que el fascismo y el conservadurismo les otorgan a los signos para conseguir sus objetivos: discriminar e invisibilizar. Sin embargo, no pretendo ser simplista y reducir la realidad a una pugna en que  todo lo malo se asocia al fascismo y al conservadurismo. No me cabe duda que debemos combatir sus ideas y disputar sus significados, pero la realidad es mucho más compleja y también debemos rechazar pensamientos como el liberalismo que promueven una libertad basada en el individualismo y en la competencia. La guerra de los signos debe ser una guerra contra cualquier tipo de opresión.

Sin embargo, el arma de los signos también puede ser usada, y ha sido usada, en nuestra contra para ridiculizar cualquier idea que anhele un mundo nuevo. En este sentido, ha sido eficaz la derecha y su séquito de troles al usar los memes para posicionar a Donald Trump en Estados Unidos o a José Antonio Kast en nuestro país. ¿Qué tenemos que hacer entonces? Debemos evitar reducir nuestro pensamiento a consignas tan vacías como “no al aborto porque los fetos pueden ser ingenieros”. Los signos son un excelente arma ideológica porque reducen y simplifican la complejidad del mundo a un par de características. Entonces, debemos cuidarnos de ellos y utilizarlos en contra de las ideas absurdas y opresivas, aunque no solo eso. Debemos también ser capaces de combatir cualquier tipo de opresión con argumentos. Nuestra tarea es más grande que una disputa mediática comunicacional, pues debe ser también educativa. No solo debemos ridiculizar al fascismo, sino también tenemos que dar a entender por qué está equivocado y para ello debemos dialogar y convencer.

 

  1. La teoría queer sostiene que los géneros, las identidades y las orientaciones sexuales no son cualidades de la naturaleza, sino construcciones sociales que varían en cada persona y en cada sociedad.