¿Por qué existen ideas populares que son útiles para los empresarios?

La ideología dominante en la cultura popular

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Publicado por Jorge Ortiz
Ilustración por Ángela Catrón

En la cultura popular es recurrente observar que muchas ideas sostenidas por las mayorías van en contra de sus intereses. Así, por ejemplo, refranes populares como “más vale malo (o diablo) conocido que bueno por conocer”, “el pez grande se come al más chico”, “donde manda capitán no manda marinero” y “unos nacen con estrella y otros estrellados” son reflejo de formas de pensar que validan la existencia de clases sociales, la desigualdad y la dominación1. En efecto, muchas veces en la cultura popular se legitima la existencia de la clase dominante, es decir, de los acomodados, poseedores de las riquezas y de los medios de producción, en perjuicio de los trabajadores que deben vender su trabajo a cambio de un sueldo. Pero, ¿por qué ocurre?

El viejo Marx y el, a veces, olvidado Engels2 sostenían que las ideas de la clase dominante son, en todas las épocas, las ideas que rigen en la sociedad. De esta manera, la clase acomodada no solo controla las grandes empresas, sino también la ideología, esto es, las ideas y creencias de la sociedad: la cultura, la moral e incluso los enfoques de las religiones. En pocas palabras, la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. Para comprender cuál es esta ideología es preciso reconocer que tanto los elementos de la vida social como el sistema económico se encuentran en estrecho vínculo.

Parte de nuestra cultura está determinada por el capitalismo (específicamente el neoliberalismo), sistema económico dominante en Chile y en gran parte del mundo, basado en la propiedad privada, la competencia y la libertad de mercado. Se caracteriza por la inherente explotación, pues los intercambios comerciales siempre favorecen en mayor medida a los dueños de las riquezas que compran el trabajo de sus empleados y se apropian de las ganancias. Asimismo, el sistema se sustenta en el crecimiento y en la acumulación constante. Prueba de esto es que todos alguna vez hemos escuchado o leído en los medios de comunicación la preocupación por el crecimiento económico. Sin embargo, dicho crecimiento es incongruente con las limitaciones del medio ambiente (el capitalismo ecológico es una mentira) pues la extracción indiscriminada de los recursos naturales, es incompatible con el bienestar de los ecosistemas. Así, por ejemplo, aumenta la escasez de agua, la erosión de los suelos y el el calentamiento global.

Entonces, lógicamente la ideología de la clase dominante será aquella que le favorezca, es decir, la conservación del capitalismo en nuestro caso. Sin embargo, algunos podrían sostener que este sistema económico ofrece la posibilidad de que cualquiera pueda crear una empresa y generar ganancias. En consecuencia, cualquiera podría acceder a la clase acomodada. O incluso más, se podría rechazar la idea de que existan clases, pues la posibilidad de surgir que permite el emprendimiento implica que las personas se pueden mover entre las clases, por tanto, al no ser categorías rígidas, no serían un problema.

Por el contrario, el capitalismo en la práctica dista de ser lo que propone. Por una parte, es cierto que es posible ascender de clase social, pero dicha posibilidad es imposible para todos, pues si la totalidad de las personas administran las empresas ¿quien realizaría las actividades productivas propiamente tales? No habría quien, entonces se evidencia que el capitalismo es irremediablemente desigual, por más que el Estado lo regule a través de los impuestos y sueldos mínimos. Por otra parte, basta recurrir a los hechos materiales y rastrear el origen de las riquezas de las familias más adineradas para descubrir que sus fortunas no suelen ser motivo del esfuerzo individual. En su mayoría, las fortunas provienen de las herencias recibidas por los antepasados, quienes se enriquecieron favorecidos por la influencia que han ejercido en el poder político. De este modo, por ejemplo, gran parte de las familias más adineradas de la actualidad se enriquecieron durante las privatizaciones realizadas durante la dictadura militar.

Entonces, recapitulando, la ideología preponderante de una sociedad es la ideología de la clase dominante que corresponde a aquellas ideas que apuntan a la conservación del capitalismo, el modelo económico que beneficia a la clase privilegiada. Ahora, podemos comprender el motivo por el cual muchas ideas populares replican una organización social que desfavorece a las mayorías. Esta ideología se reproduce a través de los sistemas jurídicos, que establecen leyes y estándares  del “buen actuar” para la conservación del orden actuar; la educación que forma ciudadanos al servicio de la productividad económica y no necesariamente apuesta al desarrollo íntegro de los personas; los medios de comunicación que modelan la opinión pública a través de la selección de ciertas informaciones, tales como las imágenes de violencia que muestran para criminalizar constantemente los movimientos sociales; el arte comercial y los programas de espectáculo; algunos refranes y aspectos de la cultura en general.

El filósofo italiano Antonio Gramsci3 denominaba como “hegemonía cultural” a esta ideología dominante y la describía como un mecanismo mediante el cual las clases dominantes logran ejercer su poder sobre las clases sometidas  Sin embargo, el panorama no es tan desalentador, pues en la cultura popular también existen difundidas ideas de protesta, lo cual da cuenta que la alienación no es absoluta. De esta manera, la contracultura y el arte popular son focos de resistencia. En efecto, ejemplos como el rap de Portavoz y Anita Tijoux, cantautores como Violeta Parra y Víctor Jara, dramaturgos como Juan Radrigán e Isidora Aguirre nos demuestran a través de sus ideas que otra vida es posible.

  1. Ejemplo extraído de Mario Kaplún. Una pedagogía de la comunicación. (1999). Madrid, España: Ediciones de la Torre.
  2. En Karl Marx y Frederich. (2015). La ideología alemana. Madrid, España: Akal.
  3. Antonio Gramsci (1970). Antología. México: Siglo Veintiuno.