Ni perros ni gatos: una Iglesia nueva para la dignidad de las personas

595

Por Grupo Germen 1

Durante estos días ha causado gran controversia y discusión la intervención del Cardenal Ezzati respecto a la Ley de Identidad de Género, con su frase: “más allá del nominalismo, hay que ir a la realidad de las cosas. No porque yo a un gato le pongo nombre de perro, comienza a ser perro”. Estas palabras causaron gran dolor y varios sectores de la sociedad civil se han pronunciado al respecto, pero como pueblo que es y hace Iglesia no hemos dicho nada.

El sacerdote jesuita Felipe Berríos, por medio del presidente de la Organización Trans Diversidades, Franco Fuica, dijo: “siento desconcierto y vergüenza por las palabras emitidas por el cardenal de Santiago, Ezzati, no solo por lo hiriente de sus palabras, sino que también, refleja un modo de pensar que no es el modo de pensar de la Iglesia Católica”. Como Germen, hacemos nuestras las palabras del Padre Felipe e insistimos en la idea de que como Iglesia Católica consideramos inaceptable la violenta comparación que hace Ezzati, ya que cada persona, dentro de la construcción del reino de Dios en la tierra, merece ser reconocida desde la dignidad que esto implica.

Es cierto que históricamente hemos fallado como Iglesia, hemos cometido errores, pero es inaceptable que, en estos tiempos, con los avances que en este campo estamos teniendo como sociedad, se siga pecando de prepotencia e intolerancia.

Cristo puso en el centro a la prostituta, al marginado, a la pobreza y es hora de que le hagamos caso y obremos desde lo mismo. Considerar que la pobreza solo implica “no tener plata” es elevar la obtención de dinero como deidad, lo mismo que hace el liberalismo: como si el hecho de poder “tener plata” implicase dejar de estar al centro de la Iglesia. La pobreza va más allá de cuánto dinero tengo o no, la pobreza es ser excluido/a, es ser dominado/a, es que no se te reconozca como ser humano. Ser marginado/a es no poder llegar a fin de mes, pero también lo es ver atropellada en la propia dignidad.

Es nuestro deber como Iglesia poder luchar para que las personas sean reconocidas como tales y derrumbar las absurdas concepciones conservadoras y discriminatorias de nuestro sector. Si queremos llevar a cabo verdaderamente el mensaje de Cristo necesitamos enlistarnos en las filas de la justicia, la dignidad y el amor, renovar nuestra Iglesia y hacerla verdaderamente humana, donde puedan entrar todos y todas.

Como Germen, miembros de la Iglesia, reprochamos profundamente el actuar del cardenal Ezzati, quien solo ha sabido encubrir casos de abuso, y desplazar del centro, con un discurso cruel y violento, al pobre y a todo/a quien posea características consideradas dignas de discriminación por él y por la élite conservadora ¡pero no por Jesús! Ahora que cumplió 75 años necesitamos que llegue un cardenal al servicio de las necesidades del pueblo, que re-úna, re-posicione a la Iglesia en el lugar que le corresponde, que es al lado de las/os marginadas/os.

Es momento de reconocer a quienes viven el martirio de ser constantemente discriminados/as, vernos a la cara y decirnos como hermanos/as: la Iglesia está contigo, te quiere como eres y te apoya en tu lucha por ser aceptado/a. Es momento de actuar, de dejar el discurso transfóbico, homofóbico que nos sepulta cada vez más, que nos aleja de la pobreza, de la vulnerabilidad, y asumirnos como militantes de justicia.

Finalmente, la invitación está hecha, es hora de que quienes seguimos a Cristo a partir de su lectura popular nos hagamos cargo del camino y el curso de la Iglesia, que seamos parte de esta comunidad y que podamos hacer de esta sociedad una verdaderamente justa, digna y con amor.

  1. Somos un grupo de miembros de la Iglesia que buscamos poder construir una alternativa al conservadurismo y hegemonía de grupos de élite que se han apoderado del control de la Iglesia en nuestro país. Pretendemos articular un espacio de discusión, de elaboración y creación política desde la fe, en el que nos hagamos parte de los cambios sociales que la sociedad necesita, renovando la Iglesia y posicionarnos en la vereda de los/as oprimidos/as, marginados/as y discriminados/as.