¡No al rodeo! ¿Sí al asado?

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2.205

Por Pilar Asuero S.

Ad portas del 18 de septiembre siempre se abre el debate sobre el rodeo ¿Es un deporte o no? ¿Es necesario para la tradición chilena? ¿Sí al rodeo? ¡No al rodeo! Ciertamente cada vez se hace más fuerte esta última consigna, acompañada de “la necesidad de defender la dignidad animal”. Es curioso, no obstante, que muchas personas predican aquello, pero son pocas las que claman “no al asado”. El principal argumento es que la lógica del rodeo se basa en el acto de hacer sufrir a los animales deliberadamente para la diversión y el placer propio, lo cual en definitiva resulta cruel. Mientras que la matanza de animales para su consumo está justificada, pues la carne es supuestamente necesaria para una dieta completa y saludable. A partir de esa conclusión parece plausible estar en contra de esa práctica y no de la otra. Sin embargo, ¿difieren realmente sus lógicas?

La industria nos ha hecho creer durante mucho tiempo que la carne es fundamental para nuestra dieta, que si no la consumimos tendremos deficiencia de proteínas, hierro, vitaminas, etc. Sin embargo, hace ya muchos años que empezaron a ser publicados estudios que avalan la dieta vegetariana o que al menos la reconocen como efectiva. Un estudio publicado en la revista Proceedings of the Nutrition Society de Cambridge 1 explica que en general la salud de los vegetarianos occidentales es buena o similar a la de los no vegetarianos. Por lo tanto, es posible tener una dieta saludable sin la necesidad del consumo de carne. Hoy en día gran parte de la población (obviamente no toda) tiene acceso a la información necesaria para hacer la transición hacia el vegetarianismo de forma saludable y económica. Entonces ¿cuál es la lógica de la persona que consume carne? ¿la consume por necesidad? No. La consume por deleite, porque gusta su sabor, por el placer propio que le produce saborear un pedazo de carne ¿Suena parecida a la lógica del rodeo o no?

Existe también el punto de la morbosidad presente en esta práctica, donde es posible elegir ser parte de un público que asiste al rodeo para observar cómo se maltrata a un animal. Es por esto que no resulta tan difícil estar contra ello, porque no es complicado estar en desacuerdo con una violencia que es visibilizada. Ahora que se acercan las fiestas patrias es cuando más se debate sobre el tema, pues estamos más expuestos a poder presenciarlos. En cambio, son muy pocas las personas que han observado cómo se ha hacinado, maltratado, abusado y asesinado a un animal antes de llegar a su plato o parrilla. La industria se ha encargado de maquillar y silenciar esta violencia para que nosotr-s no la presenciemos y no se nos dificulte comer carne.

Es por lo anterior que se invisibiliza al animal a la hora de la comida, como explica Carol J. Adams en La política sexual de la carne2, los animales son el “referente ausente” al momento del consumo de carne, nadie los hace presente durante el almuerzo o la cena, nadie saca a colación la serie de prácticas indignas que tuvieron que ser realizadas para que ese asado llegara a la parrilla. Por eso se le cambia el nombre, no es correcto decir “hoy voy a comer una parte de cadáver de animal”, le llamamos carne, lomo vetado, salchicha, chorizo y, al hacer todo esto, volvemos a los animales una pieza más del capitalismo, un objeto más del consumo. Nos volvemos cómplices. A pesar de no haber ejercido la violencia directamente, al comprar el “producto” es casi como si le hubiéramos pagado a alguien más para que torture, maltrate y asesine por nosotr-s.

Decir no al rodeo es posible como un primer paso para luchar a favor de la dignidad animal. No obstante, si realmente la lógica detrás de esa lucha es el bienestar animal y poder entregarles una vida natural y digna, no solo basta terminar con estas prácticas tortuosas. Es necesario dar un segundo paso, es necesario cuestionarse todo el sistema y cómo se nos ha inculcado la necesidad de consumir un alimento que ya no es fundamental para nuestra dieta, a costo del sufrimiento de millones de animales, de los cuales muchos ni siquiera pudieron experimentar lo que era la luz del sol o pastar al aire libre. Evidentemente los animales no tienen una voz que les permita dar su consentimiento para ser partícipes del rodeo, como tampoco la tienen todos los demás animales al momento en que nosotros decidimos llevarlos a nuestra parrilla.

  1.  Key, T., Appleby, P., & Rosell, M. (2006). Health effects of vegetarian and vegan diets. Proceedings of the Nutrition Society, 65(1), 35-41
  2. Adams, C. J. (2006). La política sexual de la carne. Madrid: Ochodoscuartos.