Infancia chilena: el compromiso jamás cumplido

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Por Diego Ahumada
Estudiante de Psicología UC

“No hay causa que merezca más alta prioridad que la protección y el desarrollo del niño, de quien dependen la supervivencia, la estabilidad y el progreso de todas las naciones y, de hecho, de la civilización humana”

Plan de Acción de la Cumbre Mundial a favor de la Infancia
30 de septiembre de 1990

Nuestro país adhirió a la Convención de los Derechos del Niño en el año 1990, asumiendo la responsabilidad de convertirse en un Estado garante de los derechos de todos nuestros niños, niñas y adolescentes (desde ahora NNA), promoviendo un desarrollo integral para todos estos. No obstante, esto no es lo que sucede efectivamente en nuestro país, ya que las cifras de vulneración de derechos de NNA se mantiene en constante ascensión. A raíz de esto, es importante preguntarse ¿qué ocurre con las instituciones y organismos que velan por el bienestar psicosocial de niños, niñas y adolescentes en nuestro país?

Lamentablemente, nos encontramos situados en una sociedad cuyo adultocentrismo sigue mitigando en la realidad de NNA: miles de NNA son vistos como objeto de cuidados y necesidades, cuya tutela por parte de padres y/u otras instituciones sociales convierte su libertad en un mecanismo de supresión. Además, una población importante de NNA se ven obligados a ejercer funciones que escapan y corrompen su integridad. Por ende, aquellos núcleos en los que ellos/as debieran estar protegidos se terminan convirtiendo en la peor pesadilla de sus vidas.

¿Y cómo no va a ser así si nuestro país sigue teniendo vigente una Ley de menores? Claramente la realidad de NNA en Chile radica en ser objeto de necesidades y no sujetos/as de derechos, puesto que nuestra legislación hasta el día de hoy, año 2017, sigue utilizando el término menor en la Ley 16.618. ¿Tan difícil es comprender todo el recorrido histórico que se está imponiendo en nuestra legislación en nombre de TODOS/AS?

Hemos firmado en representación de todos los chilenos y chilenas aquella convención en la que garantizamos la protección y seguridad de nuestros NNA, de la cual ya hace 27 años no nos estamos haciendo responsables. En este sentido, es doloroso recalcar que nuestra realidad como país ha sido muy irresponsable frente a esta temática tan sensible. Se siguen transgrediendo y vulnerando los derechos y sin contar siquiera con programas y/o instituciones que puedan resignificar sus experiencias y desarrollo bio-psicosocial.

El año 2016 se llevó a cabo el Cuarto Informe por parte del Observatorio de la Niñez y la Adolescencia, institución que tiene como función evaluar y hacer seguimiento de los dominios Entorno Familiar y Social, Educación, Derechos y Libertades Civiles, y Autonomía Progresiva. A partir de las evaluaciones realizadas, dicha institución solicita y recomienda al país cambios pertinentes para mejorar la situación de la población Infanto-Juvenil en base a su realidad. Los resultados de estos dominios en la última evaluación fueron TODOS Insuficientes y/o No Cumplidos. Sí, esta evaluación fue realizada solamente hace un año en nuestro país… ¿Qué sucede con Chile?

Con ello, podemos dar cuenta de que nuestro país NO ha avanzado en esta realidad tan importante como es la situación de nuestros NNA. ¿Por qué seguimos estancados? ¿Por qué somos tan inconsecuentes como nación? Es momento de ponerse la mano en el corazón y comprometerse a cambiar nuestra realidad. Es por ello que considero pertinente que el Proyecto de Sistema de Garantías de los Derechos del Niño, propuesto por nuestra presidenta Michelle Bachelet el día 21 de Septiembre de 2015, se ponga en marcha rápidamente para que nuestro país tome conciencia y se sitúe en el aquí y ahora, aunque sea de manera tardía. La Cámara de Diputados la firmó recién en Marzo del presente año. Sin embargo, la integridad de nuestros NNA todavía está en manos de las decisiones de otros que residen en la política chilena… ¿Cuánto tenemos que esperar para cumplir nuestro compromiso?