Discriminación ortográfica

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Por Fernanda Rojas Müller 
Licenciada en Letras Hispánicas UC

Hay formas de discriminación que nos indignan a diario. Formas que hace un par de siglos, décadas o años estaban absolutamente naturalizadas y que hoy se acercan paulatinamente a la aberración y consiguiente condena social. Pienso en algunos tipos de discriminación racial y de discriminación de género y digo algunos, porque, si bien se discrimina menos a homosexuales, es a los homosexuales blancos y de clase alta por sobre todo. Se sigue discriminando horrorosamente a otras personas dentro de la sigla LGTBIQ+ y a homosexuales negros, pobres, entre otros. Lo mismo sucede con las mujeres, si bien se nos discrimina menos, es a blancas, cis y heterosexuales. Y a estos ejemplos se pueden agregar un sinnúmero más. Pero, así como estas en su momento, hoy hay otras tantas formas de discriminación que pasan desapercibidas ante nuestros ojos y oídos.

Hoy en día existe una nueva moda ‒absolutamente naturalizada en la izquierda por lo demás– de tirarse comentarios fachos por las redes sociales y páginas de noticias plagados de faltas de ortografía grotescas como forma de imitar a personas, generalmente de derecha, mayores y con menos privilegios. A raíz de esto apareció en mi cabecita amante de la lingüística una reflexión, a mi juicio, tan necesaria: burlarse de la ortografía de la gente es una forma de discriminación absolutamente naturalizada a través de la cual se limita la expresión de las personas.

Hace un año hubo un problema grave con un comerciante del campus San Joaquín de la Pontificia Universidad Católica y fue publicado en el grupo de estudiantes de dicha universidad —lo escribo con la pomposidad del nombre propio de esta institución para que se entienda lo grotesco que es lo que sigue. Gran parte de las personas se dedicó a burlarse de las faltas de ortografía del sujeto, una persona que a todas luces no tiene los privilegios que cualquier estudiante de la UC tiene. A poca gente le importó lo que estaba diciendo, porque, al parecer, hay faltas de ortografía que no te permiten siquiera leer el contenido. Luego de ello, la pareja de este vendedor le escribió a un cabro para pedirle ayuda, porque lo que había pasado era bastante grave y le suplicó no publicarlo en Estudiantes UC, porque no quería que se burlaran de su ortografía y forma de escribir.

Esa misma semana, las trabajadoras que participan en la Escuela Popular Aurora Argomedo nos dijeron que una de sus grandes metas es aprender a escribir (ortografía, entre otras),  porque ha sido un gran motivo de discriminación que las limita por sobre todo en términos laborales. Muchas de estas trabajadoras no se han atrevido a escribir en clases por sentir vergüenza.

Sumándole acontecimientos discriminatorios al argumento, mi inicio de Facebook ha estado cargado de burlas de ayudantes hacia la ortografía de sus ayudantados/as. Y ahora último aparece esta moda de burlarse y descalificar opiniones de personas que comentan en redes sociales. Es en esta en la que me interesa profundizar. La más típica y muy masificada en la izquierda, por lo demás, que, a mi parecer, debiera ser la más consciente y crítica de cualquier forma de discriminación: la de simularse persona de derecha, o directamente fascista, y con problemas de ortografía para reírse no solo de quienes piensan diferente —me declaro absolutamente culpable de esto también—, sino de quienes EVIDENTEMENTE tienen menos oportunidades, beneficios, privilegios y así un gigante suma y sigue. Que no se malentienda lo que diré, no creo que sea un problema usar el humor para enfrentar comentarios que en términos de contenido muchas veces no tienen ni pies ni cabeza y que son dignas expresiones de fascismo, misoginia y homolesbortransfobia, entre muchas otras,  pero creo que la crítica tiene que ser política y no ortográfica.

Basta con entrar dos minutos a Emol o cualquier página de noticias para encontrar el tipo de comentarios de los que hablo. Se trata generalmente de señoras y señores mayores, amantes de Pinochet o cualquier “prócer” de derecha, en muchos casos, que dicen barbaridades como las que siguen: “Gueona como no podi a pechugar por el segundo hijo y lo matas en tonse cuesete bien la bajina para k no tengas mas relasines yo te mataria a ti guona mala meda mucha pena k ayas matado a ese an jelito cuanta mujeres no puden tener hijo y tu muy fria lo matas con che tu mare mala te hodio”. Se trata de un comentario cargado de rabia que plantea que las mujeres que abortan son malas, pero una rápida revisión de los comentarios permite dilucidar inmediatamente que las críticas a su comentario machista y misógino se basan únicamente en su ortografía dejando de lado toda crítica de contenido. Por supuesto, no falta el meme que alude al sangramiento ocular a raíz de leer faltas de ortografía. Si bien la página se presta directamente para la burla, me parece curioso que no se centre en burlarse o rebatir el contenido de lo planteado. Revisando más páginas de noticias o páginas directamente enfocadas en este tipo de comentarios —buscando comentarios para citar como ejemplo me encuentro en Facebook con, por lo bajo, tres páginas que aglomeran estos comentarios y los viralizan, lo que me parece fantástico, nuevamente, mientras la crítica sea política y no ortográfica—, me encuentro con dichos del tipo “con XXXX con esa manera de escribir le agradecería que no se moleste en opinar. Además que su opinión no creo que le interese a nadie…”. BRUTAL: si usted escribe/habla mal no se moleste en opinar, porque no es válido como sujeto/a opinante u expresivo quien no puede reproducir a cabalidad un conjunto de normas de escritura y “buena dicción”.

Como decía anteriormente, se ha masificado en la juventud, y curiosamente o contradictoriamente también en la de izquierda, una práctica, bastante poco consciente y congruente, de imitar este tipo de comentarios al estar hablando sobre temas “polémicos”, ya sea con amigos a modo de imitación burlesca o directamente con gente mayor o no, de derecha. La excusa detrás de este comportamiento que, insisto, se enfoca más en la ortografía que en la argumentación, es que es necesario usar el humor para desenmascarar esos comentarios machistas, misoginos, fascistas, entre otros, para que no pasen desapercibidos en las redes sociales. Ok, me parece perfecto: desenmascarémoslos, invalidémoslos, pero desde los argumentos políticos, sociológicos, etc. y no desde la incapacidad de una persona de asimilar “el conjunto de reglas que regulan la correcta escritura de una lengua.” 1 Sino, lo que estamos haciendo es burlarnos directamente de las desigualdades. Y esto es aplicable a cualquier otra dimensión del lenguaje. Me pregunto si estos personajes, generalmente críticos, se burlarían de alguien por decir “Shile” en lugar de “Chile”. No creo, porque es mal visto, porque es discriminación directa, porque afortunadamente hace un tiempo se generó conciencia sobre la correlación entre pronunciación y clase social. Pues no hay diferencia alguna entre burlarse de la fonética, la ortografía, la redacción, entre otras, de alguien.

¿En qué NO estamos pensando cuando nos burlamos de la gente por no saber escribir?

En lo primero, espero, que no estamos pensando y no tenemos por qué saber todos, es en la potencia del lenguaje. Invalidar a una persona por no saber escribir implica invalidarlo en todo espacio como sujeto/a expresivo, opinante y, con ello, invalidarlo como miembro/a de la sociedad. Pero, por sobre todo, no estamos pensando en las razones de una mala ortografía. Razones que provienen precisamente de aquello contra lo que muches luchamos: la desigualdad, la segregación, la falta de oportunidades, la falta de educación, la falta de recursos materiales (libros, por ejemplo), entre otros. Al burlarnos de la ortografía de alguien le estamos refregando en la cara esa desigualdad y nos estamos engrandeciendo con ella: soy superior, porque yo sí sé escribir y tú no. Y esa superioridad no solo me permite burlarme de ti, sino que me permite omitir por completo el contenido de tu mensaje, me permite borrarte como sujeto/a comunicante, me permite, bastante fascistamente, negarte la posibilidad de expresión.

Que esta reflexión no se entienda como un llamado a abolir la ortografía, aunque podríamos tratar de mejorarla en su ridiculez, porque, como dice Carlos González, es un sinsentido tener, por ejemplo, la distinción entre “z”, “c” y “s” en ciertos contextos cuando en la práctica todas esas letras suenan igual 2. La ortografía, como enuncia la RAE, claramente nos sirve para comunicarnos efectiva y eficientemente, pero falla en esa misión en la medida en que está sirviendo de excusa para omitir el contenido de dicha comunicación. Que esta reflexión, entonces, se entienda como un espacio cuestionarnos esta segregación, corregirla y no seguir reproduciéndola.

  1. RAE (2010). Ortografía de la lengua española.
  2. https://carlosgonzalezvergara.weebly.com/rreforma-ortografika.html