Marcha 16 de mayo: la fuerza feminista se toma las calles

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Por María Luisa Aburto

El 2018 es un año en que la fortaleza del movimiento feminista se ha puesto a prueba a nivel global. Fallos como el de “La manada” en España dejan en evidencia lo peor de un sistema que encubre y perpetúa lógicas patriarcales de invisibilización a la mujer, naturalización de la violencia y protección a los agresores. Sin embargo, ha quedado claro que las mujeres del mundo estamos lejos de rendirnos y de bajar la guardia. Ante las injusticias de una sociedad machista hemos sido tremendamente capaces de canalizar nuestra indignación y de establecer redes de organización, de creación y de denuncia. Lo que antes nos paralizaba y enmudecía hoy nos impulsa a la unión y salimos a las calles para mostrar esta lucha, para educar, para dejar en claro que detentamos la soberanía sobre nuestros cuerpos y que el patriarcado se desmorona día a día.

En este siglo y gracias al trabajo de muchas otras, hoy logramos salir a las calles con valentía y determinación para decir abiertamente que se acabó la naturalización de la violencia sistémica hacia la mujer y hacia aquellos que no calzan dentro de las categorías binarias. El feminismo debe impregnar la familia, la educación, las instituciones sociales y el Estado. Ya no es aceptable que las lógicas binarias de lo masculino y lo femenino gobiernen la sociedad. El feminismo ha llegado para aceptar e incluir a todos los cuerpos y a todas las identidades, pues nuestra existencia no puede limitarse a la dicotomía heterosexual. Esta construcción ha organizado la sociedad dividiéndola en dos: el hombre y la mujer. Además, ha establecido que lo femenino (y cualquier cuerpo o identidad que quede fuera de esta división) debe ponerse al servicio de lo masculino. El caso más claro es la reproducción: históricamente el rol de la mujer fue el de procrear, perdiendo autonomía sobre su cuerpo y sobre su capacidad de participar en la sociedad. Así, lo masculino ha detentado una posición hegemónica, de dominio y de protagonismo político y social que le ha permitido delimitar y definir los roles de quienes no se sitúan en esta posición de poder.

Todos los cuerpos y las identidades que no han logrado adecuarse a la dinámica heterosexual en la que un cuerpo sirve a los fines de otro han sido marginados y violentados. Mujeres heterosexuales y lesbianas, transexuales, individuos de género fluido y personas de orientación no heterosexual han sufrido violencia, persecución y acoso sistémicos por parte del patriarcado. Una de las formas de entender el problema de género es a través de la formación de clases: aquella compuesta por quienes dominan (hombres heterosexuales) y aquella formada mayormente por las mujeres y todos los sujetos que no se ajustan a la lógica de la sociedad binaria y heterosexual. Así, las mujeres junto todos los sujetos que el sistema actual excluye tenemos el deber de identificar y erradicar los diferentes tipos de violencia que constriñen la expresión de nuestra identidad.

La marcha del recién pasado miércoles 16 de mayo refleja esta realidad: miles de mujeres en todo el país protagonizaron manifestaciones cuya principal consigna fue la igualdad social. Banderas, carteles, cánticos y bailes enaltecieron nuestras consignas. En este contexto, cabe destacar que el uso del cuerpo como estandarte no es menor, pues implica desfetichizar aquellas zonas que el patriarcado asume para uso y satisfacción masculina. De esta manera la desnudez se resignifica: es nuestro cuerpo y sobre él somos soberanas. La desnudez es una conquista cuando no está puesta a disposición del consumo ajeno.  

Por estas y muchas más razones seguiremos marchando. Continuamos una lucha de varias décadas y que aún está lejos de ser ganada, sin embargo, no nos rendimos porque, aunque la discusión no está sellada, nuestras convicciones son sólidas. Día a día se presentan nuevos desafíos que nos obligan a repensarnos y a seguir desarrollando teóricamente nuestros ideales, considerando tanto la contingencia como las diferentes corrientes teóricas del feminismo. De todas formas, una cosa es clara: ya no es aceptable que nuestro potencial de influir en la sociedad esté determinado a priori por nuestro género, nuestro cuerpo o nuestra identidad sexual.

A continuación, queremos compartir algunas postales del 16 de mayo, agradeciendo las colaboraciones de Antonia Fernández, Joaquín Morales y Benjamín Jorquera.

Antonia Fernández
Antonia Fernández
Joaquín Morales
Antonia Fernández
Antonia Fernández
Benjamín Jorquera
Benjamín Jorquera
Benjamín Jorquera
Benjamín Jorquera
Benjamín Jorquera
Benjamín Jorquera
Benjamín Jorquera
Benjamín Jorquera ig: @b.a.j.4