El género nos une, la clase nos divide

Imagen por María Luisa Aburto
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Por Javiera Vergara

En el último tiempo hemos podido ver diversas manifestaciones del feminismo que cada vez toman más fuerza en Chile y en Nuestra América. Esto hace que nos preguntemos, ¿qué feminismo queremos? ¿Un feminismo realmente inclusivo con todas y todos, sin importar su clase social o su postura burguesa? Yo digo fuerte y claro: NO. Lo que necesitamos para que la lucha feminista sea mucho más completa es que tengamos un feminismo interseccional, que veamos claramente que no hay solo una opresión por ser mujer, sino que también por ser pobre, negra, aborigen, etc. Lo que necesitamos actualmente es un feminismo de clase.

¿Por qué de clase? Se preguntarán algunas, ¿por qué tenemos que segregar a esas que nacieron en cunas de oro? Pues por eso, porque nacieron en cunas de oro y no se han cuestionado sus privilegios de clase. Entendemos que todas las mujeres somos víctimas del patriarcado, todas somos vistas en menos por ser mujeres, a todas nos consideran el sexo débil, pero hay congéneres que oprimen, no violando, no acosando sexualmente, sino que oprimen a sus trabajadoras, oprimen a sus nanas, a las compañeras de Pudahuel, Cerro Navia, Quilicura, por ser pobres, porque ellas, las compañeras de los sectores bajos, trabajan para la Gerente General de la empresa del papá/mamá.

A nosotras, las mujeres pobres, nos oprime el capitalismo y el patriarcado, puesto que somos vistas como el sexo débil y como una máquina de reproducción de mano de obra barata para mandar a nuestros hijos e hijas a trabajar como obreros y obreras. Todas tenemos mujeres conocidas que dejan de ser ellas para criar, dejan sus vidas y sueños de lado para criar y también trabajar. A esas vecinas de la población, esas que trabajan de nanas, esas que trabajan como mamás de hijas que no parieron, porque las burguesas están muy ocupadas pensando en ellas y en su plata. A esas vecinas que no reciben un trato realmente humanizado en sus trabajos, porque a los y las niñas burguesas les enseñan desde pequeños que siempre va a haber alguien para servirles, porque ellos y ellas nunca van a tener que ensuciar sus manos, ellos y ellas nunca les va a faltar nada.

Llevemos esto a un plano mucho más real y cotidiano, a una vecina se le quema la casa y tiene que hacer todo tipo de eventos a beneficios para poder levantarla con la ayuda de sus vecinos y amigos. En cambio, si a la rica se le quema la casa, ¿va a tener que ensuciar sus manos y levantar su casa de nuevo a punta de sudor y lágrimas? No, porque ella tiene plata, ella va a contratar a algún vecino de nosotras para que le haga la casa de nuevo y más espaciosa, porque la rica no sabe lo que es sufrir realmente lo que es la explotación capitalista.

Las burguesas, las ricas, no son como como yo, ni como mi familia, ni mis vecinas.

Las cuicas no son iguales a nosotras, las proletarias, porque hay miles de diferencias en la sociedad, en el acceso a derechos y servicios básicos. A nosotras, las de Plaza Italia para abajo, nos tienen en liceos técnicos e industriales donde se nos corta un poco las alas para poder soñar con una carrera mejor. Nosotras, las pobres, morimos en camillas de falsos doctores buscando un aborto porque no tenemos para mantener a más gente de la que ya habita en nuestras casas. Nosotras tenemos que vivir más fuerte que nunca la violencia intra familiar, porque no cocinamos lo que a nuestros esposos les gusta. Nosotras vivimos en un barrio rodeado de violencia, tenemos que hacer hasta lo imposible para que nuestros hijos y nuestras hijas no se metan en las drogas o no las pille una bala loca. Porque nosotras vemos como matan a nuestras vecinas, porque nosotras vemos como violan a nuestras vecinas, porque nosotras vivimos entre traficantes, porque nosotras tenemos que esperar años para que nos atiendan en los hospitales, porque nosotras no tenemos educación sexual, porque dejamos de estudiar para criar, porque dejamos de ser nosotras para criar, porque dejamos de ser nosotras para trabajar, y sobretodo, porque nuestras niñas, adolescentes y adultas jóvenes tienen que estudiar y trabajar, no porque quieran, sino porque nadie les paga su carrera.

La precarización de la vida no la vivimos todas.

El género nos une, la clase nos divide, ¿o es acaso el género mucho más fuerte como para dejar pasar de largo todo lo que la clase nos hace sufrir? No. No puede ser, ni en lo mínimo es más fuerte. El capitalismo y el patriarcado operan juntos y juntos hay que destruirlos, no por separado. Las feministas además de ser anti-patriarcales, tenemos que ser anti-capitalistas.

Hay que levantar y reivindicar las banderas de un feminismo clasista y combativo, porque si no, no hay una real transformación de la sociedad. Porque si sólo se destruye el patriarcado, la vecina de la pobla tendrá que seguir luchando para que sus hijos e hijas no caigan en las drogas. Porque si no, la vecina va a seguir trabajando de nana y llegando a trabajar como mamá y/o abuela a la casa. Porque si no, vamos a seguir siendo explotadas por el capitalismo en nuestros lugares de trabajo. Lo mismo si solo se destruye el capitalismo, vamos a seguir siendo violentadas en todos nuestros espacios porque somos mujeres.

Tenemos que luchar por la humanización de las relaciones interpersonales, tenemos que luchar en contra de la precarización de la vida, tenemos que luchar por todas nuestras compañeras feministas, nuestras compañeras revolucionarias caídas en manos de sus esposos, patrones o la represión.

Por ti, Macarena Valdés, por ti, Cecilia Magni, por ti Araceli Romo, Lucía Pérez, Miralda Moise, María José Hurtado, Liliana Gutierrez, Guillermina Huenul, Berta Vargas, Rosa Vilches, por todas ustedes, por todas a las que les quitaron la vida, por todas, juramos vencer al patriarcado y al capitalismo.

Doblemente explotadas, doblemente revolucionarias.