El erotismo sutil de Catalina

Collage por María Luisa Aburto
0 788

El erotismo sutil de Catalina 

Por Luna Angel   

 

Conocida como “Catastrofegirl” por sus seguidores de Instagram, Catalina Aguilar encontró en la fotografía erótica un pasatiempo, una terapia y una forma de obtener dinero. El autodescubrimiento sexual que ha tenido le permite estar segura de lo que quiere y lo que no. “El trabajo sexual empieza desde el personal”, declara con seguridad. 

Catalina Aguilar tiene 23 años y va en quinto año de Arquitectura en la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM). Para ella, el trabajo sexual virtual es un pasatiempo que, principalmente, le entrega placer, ya que nunca lo ha hecho por necesidad. En Instagram es conocida como “Catastrofegirl”, el alter ego con el que sube fotografías eróticas de sí misma y el cual le permite interactuar sexualmente con sus seguidores. “Me gusta que se normalice lo sexual. Estamos muy reprimidos como sociedad y la cultura del porno es demasiado agresiva”, dice. 

El interés por retratar su cuerpo comenzó cuando era pequeña. En octavo básico tomó su cámara, se miró al espejo y decidió plasmar en fotografías lo que sus ojos veían. “Era ignorante en el tema y las publiqué en Facebook. Mi mamá las vio y tuve que cerrar la red social”, cuenta. Esas fueron las primeras veces en que se fotografió a sí misma de forma provocativa, pero su exploración sexual comenzó mucho antes. En segundo básico conoció los besos con una amiga que su abuela cuidaba. Como todo niño curioso por saber para qué sirve aquello que se encuentra bajo el ombligo, notó que había muchas sensaciones que no conocía. En ese momento no las entendió, pero con el tiempo descubrió los impulsos que la guiaron a buscar el placer. 

 

ENTRE EL CONSERVADURISMO

Catalina recuerda su infancia como una bella etapa, llena de muchos regalos y cariño. Era la primera hija, la primera nieta, la primera en todo, por lo tanto, toda la atención se volcaba hacia ella durante navidades y cumpleaños. 

Hija de padres separados, aún vive con sus abuelos y su madre en la periferia sur de Santiago. “La relación con mi mamá siempre fue bien simétrica, como de hermana, mientras que mi abuela tomó el rol de madre”, cuenta. No tiene ningún tipo de relación con su padre, nunca lo conoció. Cuando era pequeña el tema le afectaba: “Los domingos lo esperaba y no llegaba, era frustrante”, pero se acostumbró a la ausencia y ya no es un tema relevante en su vida. 

¿Cómo es la relación con tu familia?

-Cada vez nos deconstruimos más y creo que soy un factor importante. Hablar sobre temas nuevos ha ayudado, eso pasó con la alimentación. Ahora que soy vegetariana, el consumo de carne en mi casa disminuyó. Se dan cuenta de que el mundo está cambiando y hay disposición de parte de ellos. Dentro de su mentalidad más rígida, dan pequeños pasos. Por ejemplo, no les gusta que fume marihuana dentro de la casa, pero al menos saben que lo hago. 

Catalina califica a su familia como conservadora en distintos ámbitos y, por lo mismo, prefiere no contarles que es modelo erótica. “Tienen conocimiento de que me gustan las fotos y que he modelado para poleras, pero no saben sobre las fotografías eróticas”, confiesa. Tampoco está en sus planes decirles porque considera que es un proceso, y señala que “deben abrir su mente respecto de varios temas, luego de eso lo conversaremos”. 

¿Cómo lidias con ese conservadurismo?

-Desde chica he sido muy confrontacional con mi familia. Aunque dijeran que hablaba puras tonterías y me hicieran callar, yo hablaba igual. Suelo llevar la contraria, según mi mamá me gusta pelear. Mi familia me prohíbe y me permite, pero soy ese tipo de persona que mientras más le prohíben algo, más lo hace.

 

APERTURA SENTIMENTAL

Desde hace aproximadamente dos años, Catalina tiene una relación abierta, libre y consensuada con Amaro (25). Ambos estudian Arquitectura en la UTEM y, gracias a eso, sus caminos se toparon. “Viajamos a un encuentro latinoamericano de arquitectos donde nos conocimos y enganchamos al tiro”, recuerda Catalina. Sobre el tipo de relación que sostienen, Amaro cuenta que “está basada en la confianza. Somos compañeros y mejores amigos. Nos acompañamos en cosas que nos gustan a ambos”. 

¿Cómo ha funcionado su relación?

-Ha sido complejo practicar una relación abierta. La llamaría más como una relación libre porque es difícil practicar el desapego y no sentir dependencia. De todas formas, ha sido una de las más sanas que he tenido.

 

CATASTROFEGIRL

Sobre el nombre que utiliza en Instagram, su alter ego, explica que “una catástrofe siempre es necesaria, hace que todo colapse. Moviliza el universo. Es un apodo que me identifica demasiado”.

Catalina comenzó a tomarse en serio el tema de las fotografías cuando decidió, junto con una íntima amiga, hacerlo por dinero. “En esto se puede ganar plata y lo estamos haciendo gratis”, pensaron. Priscilla, conocida como “Maldita” en Instagram, también disfrutaba de sacarse fotos provocativas. Ambas descubrieron que tenían este gusto en común y se unieron para llevar a cabo su proyecto. La idea de ganar dinero con las fotografías fue el motor que las impulsó a desarrollarse como modelos, pero no fue la única motivación, ya que principalmente lo hacían por gusto, por el disfrute de retratar lo sensual y lo sexual de sus cuerpos. “Quisimos empezar juntas porque las dos éramos inexpertas”, recuerda Priscilla. Otro punto que tenían en común era que a las dos les interesaba la temática del porno menos explícito o soft porn, así que crearon “Asssoft”, una página de Instagram donde subían contenido en conjunto.

Después de un tiempo, se distanciaron para desarrollar sus proyectos de forma individual, pero siguieron con las colaboraciones fotográficas. Es más, hace unos meses crearon una especie de colectivo conformado por ambas chicas, Amaro, y Jorge, un amigo. Los cuatro modelan ante las cámaras de distintos fotógrafos. “Intentamos expresar mucha libertad corporal y aceptación sexual a través de las fotografías”, cuenta con orgullo. 

¿Cuál ha sido la sesión más entretenida que han hecho en conjunto?

-Una vez fuimos con tres fotógrafos al Peral, un hospital psiquiátrico abandonado de Puente Alto. La experiencia fue muy entretenida, tenías que desenvolverte rápidamente en el espacio, había mucha adrenalina. 

Además de tener proyectos colectivos, como el que tiene junto a sus amigos, “Catastrofegirl” está constantemente activa en su cuenta personal, plataforma en la que sube las sesiones de fotos, interactúa con sus seguidores a través de las historias y practica sexting, el chat sexual. 

¿Cómo fue la primera sesión de fotos que te hicieron?

-Una pésima experiencia. Estuve con un fotógrafo brasileño que funaron hace poco. Arrendó un departamento por un día completo e hizo tres sesiones ese mismo día. Cuando llegué había una chica ebria, mucho vino y cosas para picar. Lo encontré raro. Me ofreció vino, pero le dije que no tomaba. Me saqué un par de fotos con la otra niña hasta que se fue. Quedamos solos y me comenzó a sacar fotos, lo extraño era que siempre me acomodaba de posición. Al principio no pasó a mayores, hasta que me tocó la entrepierna, literalmente tocó toda mi vulva. Primero quedé en shock, no sabía cómo reaccionar. Después lo volvió a hacer y me dijo que se tenía que ver lubricado. Ahí le dije que no, que parara. Me dieron los huevos y le dije que se detuviera, que podían salir fotos buenas sin la necesidad de tocarme, que esa era mi condición y que, si no le gustaba, me iría. Al final el tipo guardó distancia, pero fue incómodo porque eso nunca debió haber pasado. 

¿Cómo seguiste adelante luego de esa experiencia?

-Al principio quedé en shock. Fue decepcionante cuando me llegó el material porque era horrible, no estaba editado y el ángulo era malo. No la pasé bien, pero no permití que la situación me desmotivara. Edité las fotos y transformé el material en algo muy bonito. Tampoco paré de hacer sesiones porque fue un agente externo que atentó contra mí en algo que me gusta hacer. Fue una mala experiencia, pero me alegro de que pasó al principio porque aprendí mucho de ese momento.

La modelo ha hecho sesiones en interiores y exteriores, en distintos lugares y distintos contextos. Dentro de las fotografías en exterior, destaca dos en particular: una en el Cementerio General y otra en el Teleférico de Santiago. 

-Respecto al cementerio, en un principio la idea era sacarlas en un museo por la arquitectura, pero el museo estaba llenísimo ese día. Decidimos ir al cementerio, sacar de contexto el lugar y centrarnos en la estética que nosotros queríamos. Fue genial. Creo que el espacio trasciende más allá del simbolismo y viceversa. La idea de hacer estas sesiones es mostrar la apropiación del cuerpo dentro de cualquier espacio y, en este sentido, de una forma erótica. Se puede ver desde múltiples dimensiones e intenciones, pero personalmente lo llevo a lo erótico. Por otra parte, la intención de la sesión en el teleférico era llevarlo a algo cotidiano. Fue muy entretenido y adrenalínico, terminé con mis pantaletas húmedas solo por la experiencia. 

¿Haces videollamadas?

-Sí, pero no me gustan mucho. No me agrada que solo una persona me esté mirando. No se crea un diálogo y a mí me gusta más inducir una conversación, ir de a poco. Aunque requiera más tiempo, prefiero hacer sexting porque me produce mucho más placer. En una videollamada hay un límite de tiempo y todo pasa muy rápido. Además, me interesa más inducir lo erótico que el acto propiamente tal. Todo lo que hago es por placer y las videollamadas no me dan tanto.  

¿Cómo surgió lo del sexting?

-En el trabajo sexual virtual tienes que reinventarte constantemente porque cada día hay más oferta, así que probé con cobrar por chatear. Al principio los hombres no lo entendían mucho, pero con el tiempo me empezó a ir muy bien. En esta modalidad sentí que los hombres se soltaban más. Algunos hicieron cosas que yo nunca pensé, como tocarse analmente, lo cual fue muy interesante porque no todos los hombres se atreven a hacerlo, ni menos a decirlo. 

¿Cuánto ganas con las fotos y el sexting?

-Depende. En un mes me he hecho hasta 300 mil pesos, pero hay meses que me hago 20 o 30 mil. Varía mucho. La frecuencia con la que te conectas es importante, en mis tiempos libres me va mucho mejor. 

¿Te ha interesado hacer encuentros?

-Me encantaría, pero creo que no puedo. Tiene que ver con cómo me relaciono de forma sexual. No podría tener sexo casual. Encuentro admirable que haya personas que puedan hacerlo de forma tan fácil, pero a mí me cuesta llegar al acto en sí mismo, por eso me gusta tanto la virtualidad. Al momento del acto me cohíbo bastante y eso me limita. 

 

EL OFICIO

-Esto es una vía de escape. Lo veo como un pasatiempo y ojalá sea eterno. No me gustaría tener que renunciar a lo que hago porque la sociedad me lo impide. Estudio arquitectura y vendo fotos, me pregunto hasta dónde podrá llegar esa libertad de hacer ambas cosas juntas. Ojalá que cada día se sumen más personas porque eso quiere decir que cada vez es más aceptado.

¿Cuáles son tus planes a futuro? 

-Quiero crecer, crecer y crecer. Quizás no siga vendiendo contenido, pero siempre quiero verme ligada a esto. Me gustaría compatibilizar ambas cosas e internacionalizarme. Me llegan mensajes de niñas diciéndome que es bacán lo que hago. Tengo que seguir para incentivar a las demás personas de que no tengan pudor de su cuerpo. 

-Esta ropa es una facha que me modifica, cuando estoy sin ella no puedo mentir. Independiente del ángulo en que me ponga o de la edición, esa soy yo; con mi panza, mis estrías, mis senos naturales. No hay mentiras. En lo personal, pocas veces he hecho desnudos completos porque juego con lo erótico. Te exhibo, pero siempre hay algo de misterio dentro de mí. 

Sobre los gustos de Catalina, Amaro concluye que “lo que la hace más feliz es esto, estudiar lo que le gusta y ser modelo erótica. Más que un trabajo, para ella es una pasión”.



Comentarios
Cargando...