Intervención en el Centro Penitenciario Femenino

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Por María Román

Un grupo de mujeres del Centro Penitenciario Femenino recibió una sorpresa. La artista Macarena Soto Vargas suele visitarlas con frecuencia, conversar, aprender de ellas y pasar un buen rato. Un día decidió regalarles una de sus obras. El resultado emana sororidad, apoyo e imaginación. Es una retroalimentación de sentimientos frágiles y fragmentados, en el cual mujeres de la cárcel intervienen con sus palabras y pensamientos.
Las mujeres que están detrás de esas palabras interpretan la obra a partir de experiencias propias. Intentan completar a la niña fragmentada a modo de darle un sentido a lo que ven. En definitiva, cuestionan el amor propio y el estado del autoestima de la niña agrietada que no ve, no oye y no quiere sentir.

Estas mujeres perciben a una niña que huele el miedo y evita el dolor inhibiendo sus sentidos, ladeando la cabeza. Una niña que se niega a abrir sus ojos porque no quiere ver su realidad.

Algunas se manifiestan y piden ayuda, otras lamentan lo triste de su situación y su falta de amor. Una afirma que su estado monstruoso y fragmentado se debe a un doloroso malentendido de amor producto de alcohol y benzodiacepinas.

Otra habla de la presencia de dos mujeres confundidas en un mismo cuerpo: infancia y adultez conviven en un rostro fragmentado.

“Te falta amor, búscalo, espéralo”