VOCES DE ENCIERRO: UNA DELIRANTE EXPERIENCIA DIGITAL

Escrita y dirigida por Tomás Labra, la obra recoge varios relatos de la vida en confinamiento y nos sitúa en un punto de inflexión, donde confluyen lo político, lo tecnológico, lo amoroso y lo sexual

Ismael Castellón

La pieza, patrocinada por la Fundación Puente Arte, fue estrenada el pasado 2 de octubre y se estará presentando hasta el 31 de este mes por la plataforma Zoom, con funciones los viernes y sábados a las 21:00. 

Un hombre, representado por Cristián Hormazábal, se encuentra una antigua libreta de notas que lo llevará a los recuerdos del pasado, y lo conducirá hacia sus emociones más profundas en torno al amor y la soledad. Felipe Fariña encarna a su amigo, un tipo desesperado por salir a la calle y que se ve determinado a tomar una importante decisión. Ambos son visitados por un enigmático joven que llega a darle cuerpo a las fantasías del pasado y a los deseos de revolución. Este último, representado por Lukas Mackenzie, muestra un trabajo más corporal, pues adhiere a la idea del cuerpo como motor de la comunicación virtual.

VOCES DE ENCIERRO transita por los espacios de intimidad de estos tres personajes y se sumerge en medio de un agitado contexto social, donde lo político, lo tecnológico, lo amoroso y lo sexual confluyen en el confinamiento. La pieza toma como punto de partida la realidad social que vivimos, lo que significó tener que acelerar el estreno para darle más resonancia. «Decidimos montar una obra cuyo texto no está acabado. Si esperábamos a corregirlo, ensayar y luego montar, iba a ser demasiado tarde», asegura el director Tomás Labra en entrevista con La Marraqueta. 

Desde el inicio, la puesta en escena muestra una propuesta tecnológica que se desarrolla y profundiza cada vez más a lo largo del relato. La música techno, los diversos colores, el uso de glitch para las transiciones y los sonidos ambiente, se apoderan del espacio virtual y nos sitúan bajo la amenaza de la era digital. 

La pantalla suele dividirse entre los personajes y apoyarse en imágenes archivo para poner a prueba los alcances sensoriales de la tecnología. «La obra trabaja mucho sobre la mezcla de texturas, distintas vibraciones, sonidos y tonos», asegura el director. Todo esto va acompañado de la música desarrollada por Ignacio Redard, que destaca por su versatilidad, pues da ritmo y profundidad a las más diversas transiciones, texturas, paisajes y escenas. 

El montaje es en vivo y tanto el diseño como el trabajo técnico que dirige Labra han quedado en manos de todos a la hora de ejecutarse. «Pensamos en todos los riesgos, como la conexión a internet o que colapsen los computadores. En el montaje todos somos técnicos, porque hay que estar siempre conectados detrás de escena», asegura la productora Julieta Sepúlveda. Esto ha significado un nuevo reto para la compañía. «Estoy conforme con el resultado, porque exploramos esto sin tratar de vincularlo con el teatro, sino como lo que es, con sus cortes de comunicación y las bajas de internet» agrega el director.

En este sentido, cabe destacar la labor actoral, pues los intérpretes deben lidiar con un solitario trabajo de representar y a la vez ejecutar los cambios de cámara y los arreglos de escenografía. «Es súper intenso actuar frente a un computador, sintiéndote a ti mismo. Estás en tu casa, es tu espacio, tu casa es tu escenografía. Cuesta entonces separar un poco los dos mundos», declara Felipe Fariña. 

La obra, en el fondo, funciona como un espejo de la agitada realidad que habitamos actualmente, donde tanto nosotros como los actores nos enfrentamos, en mayor o menor medida, a varias de las situaciones relatadas; nosotros dejándonos llevar desde una pantalla y ellos actuando frente a la pantalla propia.