Entrevista a Cristofer Caro, director de «Razones para quemarte la casa»

"Si dentro de esa hora y media que uno está dentro del teatro uno puede cambiar un poco el ritmo de la vida, los paradigmas sociales, yo me doy pagado".

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Entrevista realizada por Daniel Hernandez

Cuéntame primero, de qué se trata la obra que se estrenó el sábado pasado “Razones para quemar la casa”.

La obra trata sobre tres peluqueras dentro de un pasaje, y misteriosamente, de un momento a otro, han desaparecido todas las personas del pasaje. Ante esto llega una de las peluqueras con la información de que las clientas han desaparecido, porque los chinos están comprando las casas para poner un nuevo centro comercial dentro de ese pasaje. Y ahí se genera una disputa en torno a problemáticas de memoria y género porque son tres mujeres que están trabajando dentro de un lugar desolado donde alguien está haciendo desaparecer personas. Después llega un cuarto personaje, Juana que es una cajera de supermercado que sufrió la desaparición de su pareja. Y eso desata el conflicto dentro de estos cuatro personajes sobre qué decisiones tomar y sobre qué realmente está pasando dentro del pasaje.

Y tú eres el escritor y director de esta obra. ¿Cómo llegaste a dirigir tan joven? ¿Antes habías escrito otras cosas?

Esta es la séptima obra que escribo, pero es la segunda que dirijo. En realidad siempre me he dedicado más a escribir que a dirigir. Recién el año pasado comencé una nueva etapa como director y, efectivamente, es complicado comenzar a dirigir siendo tan joven, sobre todo a nivel de recursos. Es muy difícil poder encontrar instituciones o espacios que te den recursos para montar lo que uno quiere. Yo creo que eso es una de las cosas más difíciles dentro del mundo teatral y, a la vez, que las mismas salas de teatro están copadas por los últimos directores o las últimas obras más taquilleras en vez de darle espacio a las personas que recién vienen saliendo de las universidades para mostrar su trabajo.

Es decir, hay pocos lugares y pocos fondos.

Hay pocos lugares y pocos fondos. Y los fondos normalmente te piden mucha trayectoria. De hecho una vez me pasó que postulamos a un FONDART (Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes) y la evaluación decía algo así: poca trayectoria, pero buena (risas). Y bueno, ¿qué me quieren decir con eso?

Mira, es tu culpa no haber nacido en los 80 (risas)

Claro. Qué triste (risas). Entonces uno tiene que estar muy a pulso armando compañías.

Hoy, ¿tienes una compañía de teatro estable?

Sí, la compañía se llama Limerencia.

¿Qué significa Limerencia?

Es un estado del amor que es obsesivo. Y, bueno, esta compañía la conformamos con una amiga, Daniela Carvajal que es actriz dentro de la obra que presentamos el sábado e hizo asistencia de dirección en la obra anterior que montamos.

Volviendo un poco atrás, es bien increíble que tan joven esta obra ya sea la séptima que has escrito. ¿Cómo llegaste al mundo de la dramaturgia y de la actuación?

Empecé a escribir a los 21 teatro, tengo 24. Antes escribía harta poesía, poesía y relatos eróticos que presentábamos con amigos en el café Brasil en jornadas de lectura erótica. Ahí leíamos nuestros poemas y un día, en vez de querer escribir poesía, los mismos relatos eróticos que estaba trabajando los empecé a escribir en forma de dramaturgia. Una dramaturgia no muy lineal y muy performática que finalmente pensaba desde el teatro. En ese momento fue que escribí mi primera obra y luego seguí escribiendo. No sé realmente en qué momento me dije: voy a comenzar a experimentar con la dramaturgia. Creo que fue cuando estaba escribiendo poemas, ya tenía la intención de querer escribir dramaturgia, pero no me di el espacio para hacerlo.

Finalmente, lo que hice y que es algo que siempre le digo a la gente cuando me pregunta cómo es empezar a escribir las obras, es que uno tiene que arrojarse nomás a hacer ciertas cosas, encontrar el espacio para poder postular tus obras y mandarlas. No sé, yo me acuerdo que mandé la primera obra que escribí a un festival y no quedé, pero esa misma obra la mandé a otro festival y quedó. Entonces es súper subjetiva la recepción de las obras dentro de los jurados. Y fue como “hueón”, hay que atreverse a hacerlo, si tú no lo haces nadie lo va a hacer por ti. Y da lo mismo, si uno cree realmente en la idea que uno está escribiendo, alguien más va a llegar y va a decir: acá hay algo, esto es algo con lo que se puede trabajar y hay que hacerlo. Y si nadie llega, finalmente uno es el que tiene que creer en sus ideas.

Hace poco el mundo del teatro estuvo muy movilizado sobre cuestiones de memoria. Me refiero a la salida del ministro de las Culturas, las Artes y el Espectáculo, Mauricio Rojas, donde hubo una organización de actores y actrices famosillas de la TV, ¿tú crees que el teatro tiene un potencial político? ¿Cuál es el sentido que tiene para ti el teatro? ¿Qué te motiva a estar inmerso en este mundo de la dramaturgia?

Yo creo que el teatro es muy político, los que estamos inmersos en el mundo del teatro es porque tenemos un pensamiento político y crítico sobre la situación país. Y a partir de eso creo que la trinchera que ocupamos para hablar sobre lo que está sucediendo es el teatro. Entonces, finalmente, es un espacio de resistencia en el que estamos sumergidos los actores, dramaturgos y técnicos. La intención es generar un cambio, por lo menos, por una hora y media de los paradigmas del mundo. Entonces, si dentro de esa hora y media que uno está dentro del teatro uno puede cambiar un poco el ritmo de la vida y los paradigmas sociales, yo me doy pagado con que la gente haya ido a ver la obra.

¿Y qué paradigmas se caen o qué paradigmas se critican en esta obra que estás presentando?

En esta obra lo que más trabajamos es el concepto de post-memoria, que vendría siendo la memoria que adquieren los hijos de personas que vivieron situaciones críticas de tortura y violencia estatal. Como uno hijo de torturado político, a través de los relatos que ellos te cuentan, uno crea una memoria tan fuerte con las vivencias de tus padres o de tus abuelos que sientes que lo que ellos vivieron es parte de tu memoria. La persona que creó este concepto se llama Marianne Hirsch y lo relaciona con el Holocausto. Lo que yo hice fue traerlo a la situación de la dictadura chilena.

A partir de eso me agarré de muchos relatos que me contaba mi familia. Yo vengo de una familia de torturados políticos y tíos exiliados. Mi abuelo, por ejemplo, fue prisionero político en Chiloé donde lo tuvieron mucho tiempo. La idea es que según los relatos que me contaban mis abuelos, mi papá y mis tías, he ido escribiendo las obras que hice.

Específicamente, esta obra la tomé del caso del Fanta y la Flaca Alejandra que son dos sapos de la dictadura. Lo que hice fue solamente tomar el caso y generar una fábula, una fantasía en un mundo muy diferente, pero tomando esa realidad histórica. En ningún momento dentro de la obra se habla de Chile o de una dictadura, la idea es que el espectador construya el relato según cómo entiende esas realidades. En ningún momento es literal.

Creo que una de las cosas de las que habla la post-memoria, y que nosotros también hemos tratado de aprender, es cómo podemos nosotros, que si bien no vivimos el régimen dictatorial, podemos generar una opinión sobre la época gracias al distanciamiento del trauma y al final evitar que esas cosas atroces vuelvan a ocurrir.

Y la memoria sobre los lugares también ¿no? No solo las personas, los pasajes, los barrios…

Claro. Al final tampoco tenemos ninguna conciencia de los lugares que habitamos. Hace muy poco botaron un edificio precioso que era muy antiguo en Morandé con Rosas. Hubo mucha protesta para que no lo hicieran y ahora lo botaron y pusieron un edificio gigante como de 500 oficinas. Es muy fuerte, se comienzan a botar edificios y patrimonio a raíz de esta sociedad excesivamente neoliberal donde el mercado es la potencia de todo, tiene el poder de todo, es capaz de destruir la memoria y poner algo que sea mucho más beneficioso para ellos: un edificio que va a generar miles de lucas en vez de tener un espacio que deje constancia de la memoria social del país.

¿La situación política actual en Chile te motiva a escribir más cosas? ¿Cómo es ese proceso creativo?

Sí, personalmente veo mucho la realidad política. Bueno, diferenciando la política de los políticos. Creo que entre los políticos mataría a harta gente (risas), pero la política que realiza la gente me interesa harto. El otro día estaba comprando en un supermercado y justo afuera pasó un cacerolazo que se realizó la semana pasada para que se vaya Andrés Chadwick. Y digo: ya, hay un poco de esperanza aún dentro de la sociedad. Esas cosas me motivan mucho más a querer escribir.

Creo que hay dramas dentro de las mismas casas que a mí me interesan más mostrar. Lo femenino dentro de la sociedad, eso es lo que más me llama la atención. Escribo mucho sobre mujeres. Creo que los hombres son bien fomes, que el drama hetero muy patriarcal donde el macho es el protagonista ya pasó. Hoy hay espacio para darle importancia a la disidencia, y dentro de eso a lo femenino. Cuando veo la realidad y veo cómo son abordados estos temas, me da rabia y me dan ganas de escribir (risas).

Según este potencial político que tiene el teatro ¿cuál es tu opinión sobre la poca concurrencia que tiene el teatro en Chile? ¿Te llama la atención llegar a públicos más masivos?

Yo creo que es una problemática con la que constantemente el teatro convive. El teatro es importante y que para el mundo es importante, pero el mundo todavía no se da cuenta (risas). Y ahí estamos todos los que trabajamos en el teatro para hacerle ver el mundo la importancia que tiene este oficio.

¿Pero has pensado en estrategias también? Montar obras en otros lugares, en otras comunas, al aire libre…

Mira, hemos montado en otras comunas con otras compañías. Y creo que hay que ir pensando estrategias para hacer que el teatro sea un poco más ameno para la gente, pero tampoco subestimar al público. Cuando se dice esto del teatro para actores, es una frase muy reconocida dentro del teatro, como: ah, es una obra para actores, ¿cachai? Creo que ese mismo teatro puede ser apreciado también por alguien que no esté ligado al teatro. Creo que las obras tienen que poder entenderlas un abuelito, un niño, que la pasen bien, que la obra se entienda y listo. Si ellos la entienden, todo el mundo la puede entender. Si la pasan bien, bacán.

Yo creo que no todos tiene que tener la misma experiencia. Para algunos puede ser una experiencia estética el teatro, para otros puede ser una experiencia muy recreativa. No necesariamente tenemos que apuntar a que todo el mundo tenga la misma experiencia con una misma obra. Entonces si para tal persona va a generarle una experiencia estética y es positivo para ella, es tan válido como para quien me dice la pasé bien. La pasé bien y está entretenido, bacán.

Finalmente, ¿qué piensas sobre el futuro? ¿Pretendes continuar en este circuito de levantar obras a pesar de las dificultades para montar?

Sí, vamos a seguir levantando obras con la compañía, con Daniela, que es como mi “partner”, y con quienes trabajamos para crear obras. Sin embargo, hay que tener consideración en que el mundo de la dramaturgia es complejo. Complejo en el sentido de que la dramaturgia se da muy en soledad. Uno está solo escribiendo, entonces tienes que encontrar un grupo que crea en la idea en la cual estás basando tu obra, a menos que ya tengas gente con la que ya estés trabajando, que confíe en ti.

Por suerte ya tengo un grupo más o menos estable con quienes trabajamos, pero igual es un espacio súper solitario el de la escritura, no así la actuación que es mucho más colectiva. En definitiva, yo pretendo seguir escribiendo, obvio que sí, creo que es lo que me apasiona más, crear ficciones y mundos donde se puedan poner en tensión los paradigmas sociales, y sobre todo los abusos de poder con las minorías en el país, esa problemática me mueve mucho.

 

Desde el 23 de noviembre al 4 de diciembre la obra «Razones para quemarte la casa» se presentará en la sala Juan Radrigán (Almirante Barroso 352).

Dirección y Dramaturgia: Cristofer Caro
Profesor Guía: Marcos Guzmán
Elenco: Daniela Carvajal, Florencia Pastor, Magdalena Llanos, Carolina Llanos
Diseño Sonoro: Juan Antonio Chea
-Producción: Michelle Mella
Afiche: Juan Diego Rivas

 

 

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