CORAZÓN DE CHOCOLATE: LA OBRA SOBRE EL SUICIDIO EN LA FÁBRICA DE FRUNA

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Con funciones «a la gorra», el estreno se está presentando los sábados y domingos hasta el 5 de abril en el Anfiteatro Bellas Artes 




Por ISMAEL CASTELLÓN A.          

El sábado pasado comenzaron las funciones de Corazón de chocolate: crónica de un dulce suicidio en el Anfiteatro Bellas Artes. Trabajando la comedia negra, el montaje exhibe en forma de sátira el abuso laboral al que son sometidos miles de trabajadores en la industria chilena.

La obra escrita por David Gajardo y dirigida por Rodrigo Aro se inspira en el conocido “caso Fruna” ocurrido en abril de 2017, cuando dos hombres mueren en la fábrica de la empresa ubicada en Maipú, uno colgado sobre las vigas de la planta y el otro de un paro cardíaco tras enterarse de la muerte de su compañero. 

La puesta en escena se inspira en este caso real para generar una ficción sobre lo que pudo haber ocurrido después de la tragedia. Para esto, la compañía Ocaso ha decidido reservarse los nombres reales y reemplazarlos por ficticios.

En setenta minutos de duración, la obra cuenta la historia de Ingrid y su regreso a la fábrica después del suicidio de su marido en la planta de dulces. Su depresión y la presión que significa trabajar en esas condiciones, van llevando a la protagonista a un estado de desesperación y angustia muy bien representados. Sin duda, una actuación excelente.

Víctor, nombre que se atribuye al marido, es el personaje que gatilla toda la historia, y cuya naturaleza se hace difícil de encarnar dentro del ambiente burlesco que la obra propone. De todas formas, el actor consigue generar empatía hacia su personaje, con gran ayuda de su compañera que realiza el papel de Ingrid. 

Los otros personajes completan diversas personalidades que conforman un característico equipo de trabajo: un jefe abusivo, un esforzado hombre que trabaja para alimentar a su familia, una mujer mayor que lleva años en la planta, una graciosa empleada nueva cuyo nombre nadie conoce y una incrédula administradora cegada por su pizca de poder. 

La interacción entre todos ellos devela situaciones tragicómicas, donde vemos representadas de forma graciosa formas de vida indignas e infelices, lo que exhibe una especie de sátira frente al problema laboral que sigue vigente en nuestro país. El montaje varía entre textos divertidos y densos, trasladando al público constantemente entre ambas atmósferas. 

El diseño teatral simula la fábrica de dulces de Fruna bajo el nombre de Dolce. Con algunas luces LED que demoran en prenderse y una iluminación fría, se busca retratar el duro encierro al que son sometidos los empleados de la planta. Además, el escenario suele invadirse con focos de colores fuertes, como el rojo y el morado, para cambiar de atmósfera y así describir las sensaciones que viven los personajes en los momentos de mayor intensidad. 

La música en vivo queda a cargo de tres intérpretes y acompaña muy bien las situaciones, con un estilo circense y ambiental que aporta notablemente a la sátira que se busca mostrar sobre el exhaustivo trabajo industrial representado por los actores. A ratos, el volumen de la música aplaca la proyección de algunos diálogos, pero con el desarrollo de la historia se resuelve este problema. 

El montaje busca retratar el maltrato laboral y el incansable trabajo ejercido por los empleados de la fábrica. Sin embargo, se priorizan los textos cómicos por sobre el trabajo corporal, esto recae en la muestra de situaciones divertidas junto a un trabajo lento e ineficiente. Interesante sería aprovechar la compleja escenografía para acelerar la máquina y el trabajo, a fin de conectar al público con el cansancio y la presión que significa para los empleados trabajar en las condiciones que buscan representarse. 

Este fin de semana vuelven las funciones hasta el domingo 5 de abril, donde se espera que el montaje mantenga su compromiso con el tema y se inyecte con la energía del plebiscito próximo a sus últimas funciones.

La forma de pago es «a la gorra», pagando una adhesión voluntaria al finalizar cada función, pues la compañía busca democratizar el acceso al teatro para que el público pague lo que pueda y lo que considere adecuado para el montaje que acaba de presenciar. 




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