Aku no hana, las nuevas cadenas de flores del mal

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Por Claudio Figueroa

Aku no Hana (“Flores del mal” en japonés) es un manga creado por Shūzō Oshimi; publicado en once volúmenes, desde el 2009 hasta el 2014. Esta creación narra e ilustra el mundo de un estudiante de secundaria en la compleja etapa de la adolescencia. Etapa en la que todo se ve de una manera distinta y en la que se forma una amplia gama de concepciones respecto al mundo y todo lo contenido en él.

Más allá de las circunstancias específicas de la trama que, por cierto, se vuelve cada vez más oscura y tétrica, se hallan una serie de temas  tales como la idealización, la indecisión, el sometimiento, el debate ético, el existencialismo, entre otros. Estos retratan la caudal y voraginosa etapa de “madurez” que implica esta fase etaria; vislumbrada desde un punto de vista íntimo, donde los problemas se muestran como situaciones vitales, y la existencia, como la materialización humana del estertor.

Al hablar de las “nuevas” flores del mal, se busca identificar diferencias, pero también similitudes del manga respecto a lo que representa la obra poética de Baudelaire (Les Fleurs du mal). Esta comparación es la puerta de entrada para vislumbrar una red de conexiones artísticas prácticamente infinitas. Un camino sin un fin aparente, el cual y en último caso, sólo podría acercarnos más y más a nosotros mismos. En esta amplia red se halla un número interesante de alusiones a obras de distintos estilos y formas (pinturas, novelas, poemas, entre otros). Con este conjunto de guiños, se trasluce de manera evidente cómo estas flores (literales y figurativas) se unen y rompen con la linealidad del tiempo, formando así cadenas irrompibles, que nos llevan de un arte a otro por un camino que no conoce límites.

Entre algunos de estos autores, y sus composiciones aludidas, se encuentran puntos claros que unifican y dan forma  a dichas cadenas, como lo son las críticas y el alejamiento respecto a los parámetros arbitrarios de normalidad ética en las sociedades. Tal como Baudelaire muestra su propia visión de las cosas, Kasuga, el protagonista del manga, comienza mostrándose como un chico normal (apasionado por las letras, mayormente introvertido y poco destacado), para luego, bajo la extorsión de un “contrato” y la presión social que representa el “qué dirán”, comenzar a aceptar como tal la dualidad humana, la convivencia del bien y del mal, la sensación de tener que salir de la normalidad, diferenciarse de la masa y expresarse como lo dicte su naturaleza.

En una escena del tramo inicial de la historia, Kasuga enfrenta a sus compañeros de clase (y de paso, su timidez), pues estos, culpaban de un robo a alguien injustamente, sólo porque esa persona era considerada “diferente” y “rara”. En este momento se le ve con un libro en su regazo: The three stigmata of Palmer Eldritch (de Philip K. Dick, escritor de ciencia ficción). Este constituye una compleja crítica a lo considerado “real” y, por ende, “importante” para la sociedad. Asimismo se cuestiona esta jerarquía de valores dentro de Aku no hana: existen personajes complejos y diferenciables, totalmente distantes de una ética normativa social (como Nakamura), otros, en proceso de expansión mental, sumidos en el carácter contradictorio de la modernidad, es decir, llenos de  indecisiones y dudas (como Kasuga), y otros tantos, que a pesar de parecer “correctos”, y por consiguiente, “buenos” (dos términos cercanos, pero no iguales) en el comienzo, con el avance de la trama desvelan todos sus dramas, complejidades, caprichos, celos y vicios (como Saeki). Con estos tres personajes principales se ejemplifica y trasluce una compleja gama de característica arquetípicas humanas, pero esto solo se hace con el fin de criticar la imagen que se obtiene a primera vista de lo “real”, mostrar lo engañosa que puede ser. Estos tres entes le dan forma a la crítica social del manga, acusando una visión superficial de la grey, pero, más importante aún, haciendo un llamado a interesarse y pensar en la contradicción humana, la que consiste en valorar positivamente la individualidad del ser, pero al mismo tiempo, acongojarse y notar una falta de identidad. Esta carencia de personalidad  está presente a lo largo de toda la trama, es una paradoja inexpugnable; nos hace posicionarnos en los pies de los personajes, y así, meditar sobre nuestras propias inclinaciones frente a sus actos resolutivos.

Esta incitación y conexión no se queda solo en alusiones literarias, sino que también aplica para las influencias del mangaka respecto a pintores, sobre los cuales hay una notoria admiración, tales como Odilon Redon y su cuadro The eye like a strange balloon goes to infinity (1882). Este es una influencia directa, pues esta pintura simbolista está presente en prácticamente todo el curso de la trama. En la cadena de flores también aparece Francisco de Goya y su pintura: La maja vestida (1800-1808). Se trata de un retrato romántico a partir del que Oshimi hace un homenaje usando a Nakamura en la portada del décimo capítulo del manga (Melancolía e ideales), en una pose y ambiente análogo al cuadro de Goya.

Al agrupar estas alusiones e influencias, no es difícil hallar puntos en común, tanto en lo que representan obras específicas, como en lo que expresan los datos biográficos de los artistas creadores de dichas obras. Seres atemporales, llenos de ideales y visiones, que sobrepasaron las concepciones de sus épocas; seres que expresaban su arte con un total despliegue, sin limitaciones impuestas por la ética y la moral en las cuales se encontraban sus sociedades. Aku no hana presenta rasgos similares, pues tal como Les fleurs du mal (Baudelaire, 1857), fue duramente criticado a nivel de animación, esto por distintos factores, por ejemplo, el alejamiento de un canon estético que contenta a un público joven en general, la presencia de tópicos y ambientaciones tétricas y crudas que muestran un lado oscuro y desagradable del humano, entre otros. Y, a su vez, destacando poco en su versión manga (por temas similares: su lejanía con lo tradicional en el género, su ambiente sombrío y perturbante, etc). Este hecho sólo acrecienta el valor de la obra, pues, de cierta forma, reafirma la concepción de un mundo social lleno de falsedades, preocupado de dar una imagen pública y esconder lo más posible detrás de esta.

La historia del manga comienza mostrando a un joven que se encuentra en secundaria, para finalizar mostrando cómo este llega al mundo universitario, pero, más importante aún, cómo dicho personaje llega a un punto medio, a un equilibrio de sus ideas y a un lugar calmo en su mente: al final, es alguien totalmente distinto, pero en esencia, es la misma persona; todo lo que ocurre le da forma a su “yo actual”, por ende, toda experiencia es valiosa.

El sentimiento de inmersión que genera Oshimi hace natural la inclusión del lector dentro de la trama. Este permite no solo reconocer las alusiones que nos invitan a explorar el arte en sus distintas manifestaciones (sea una pintura, un manga, una novela, un relato, etc. que no dejan de ser distintos formatos de lo mismo), sino que también, al sumergirse dentro de la obra de manera tan personal, posibilita la creación de cadenas totalmente propias. Esto implica el relacionar y establecer paralelos con nuestra propia vida, formar una íntima red de conexiones aledañas a estas flores precursoras del mal.

Al igual que el poemario de Baudelaire, esta obra, dirigida aparentemente  a un público joven, exige una multivisión del mundo para aproximarse a su comprensión cabal (tanto estética, como sustancialmente). Encontrar lo majestuoso en lo tildado de profano, para luego exponerlo y, así, desnudar las congojas del alma humana moderna. Estos hechos simplemente no pueden ser alabados por la mayoría, pues esto contradeciría la base crítica de la obra (la resistencia al populismo y al uso de “máscaras” sociales), es decir, que el reconocimiento mediático de este manga, implicaría un debilitamiento en sus ideales más profundos, los cuales, solo se pueden reafirmar en las alabanzas de una minoría. Esperar que todas estas creaciones valoradas por un grupo minoritario de lectores tenga una buena recepción global es como aguardar a que la “mayoría” se conforme con finales abiertos y personajes “humanos”, es decir, llenos de defectos y, por ende, más “reales”. Por consiguiente, la poca fama de esta obra no tiene ninguna relación con su calidad en niveles generales, por el contrario, estas críticas populistas deberían ser ignoradas para así poder llegar a leer (en el más amplio sentido de la palabra) cada creación artística de una manera única y personal. Valorar una obra por lo que despierta dentro de uno y no por lo que una voz popular diga al respecto.

A pesar de que la comunidad lectora de mangas es una minoría (en comparación con el consumo de otros artes en general), las facilidades del internet han hecho que cada vez esta facción social sea mayor. Por otra parte, el diálogo del manga con otras formas de arte (como la pintura, la novela, la música, etc.) insinúa un crecimiento en la calidad y en la universalidad a la que aspiran estas historias. Específicamente, Aku no hana, es la esperanza en la paz que viene tras la tormenta mental que todos viven en la adolescencia. Respecto a esto, Baudelaire, en su poema Elevación, nos dice: “Tras todos los pesares y las vastas penas/ que agobian con su peso la brumosa existencia,/ ¡dichoso aquél que puede con ala vigorosa/ lanzarse hacia los campos luminosos y serenos!” El propio Oshimi, en las palabras finales de su obra, nos relata: “Si de algún modo he conseguido que su continuación empiece como tu propia historia, habrá tenido sentido la existencia de este manga en el mundo”; a su vez, dedica este manga a “todos los chicos y chicas que están viviendo una adolescencia complicada, así como a todos aquellos chicos y chicas que en su momento la vivieron” dejando en claro un propósito: algún día poder llegar a cualquier rincón del planeta, apoyado en enlaces de flores que abarquen todo el arte en pos de nutrir al ser.

Dejemos que estas cadenas florales nos revelen al humano en su plenitud: ni totalmente blanco, ni totalmente negro, más bien gris; color que contiene y unifica los contrastes de la existencia. Dejemos que estas cadenas conecten todo…