Memorias del subsuelo: La lucha de Dostoievski en contra de las castas sociales

Reseña de Memorias del subsuelo de Fiódor Dostoievski

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Publicado por Esteban Contardo

En la Rusia de 1722, el zar Pedro I instauró una serie de reformas que fueron formuladas basadas en los modelos occidentales que en la época comenzaban emerger desde la razón y las ciencias exactas. Una de aquellas reformas fue la “Tabla de Rangos”, que representaba la estratificación de la sociedad en catorce clases que clasificaba a los sujetos según sus labores y servicios prestados al régimen zarista. Desde campesinos hasta la nobleza, la sociedad se estructuraba de forma jerárquica donde cada individuo de la población estaba sujeto a permanecer indolentemente al grado al cual pertenecía. La idea de meritocracia propuesta por el sistema occidental solo sirvió para crear espejismos donde la movilidad social es garante inherente del modelo.

A raíz de lo anterior, en los años posteriores a la reforma, comenzaron a surgir disidentes en Rusia quienes cuestionaron la reforma zarista describiendo las consecuencias del sistema occidental en la población rusa: sujetos alienados, mansos, complacientes, al servicio de la monarquía, del Estado. Específicamente en el ámbito literario, las fuerzas en pugna que ideológicamente batallaban en Rusia podían ser personificadas por dos facciones. En primer lugar, el gobierno liderado por el zar Nicolás I, censuraba a todo pensamiento y espíritu creativo, dado que este podía ser un factor desestabilizador del orden vigente y un paso hacia la revolución. El zar era el regente que guiaba a los artistas según sus propios ideales con tal de mantener su poder hegemónico. Una segunda fuerza eran los críticos antigubernamentales. Según Vladimir Nabokov, estos pensaban la obra de arte como “un medio de mejorar la situación social y económica de los oprimidos y alterar la estructura política del país” (141), la producción artística como una herramienta para cuestionar y criticar el poder establecido.

Fiódor Dostoievski es parte de esta segunda fuerza y es en Memorias del subsuelo, que es considerada por Bela Martinova como su novela más crítica, donde cuestiona la posición del individuo en la sociedad no solo con respecto a la docilidad que muestra frente al zarismo, sino también cómo los sujetos comenzaron a diferenciarse y discriminarse entre sí mismos solo por el hecho de permanecer en una clase social distinta.

La obra se encuentra compuesta por dos apartados que tienen como punto en común los pensamientos y andanzas de un sujeto precarizado que vive en un suburbio totalmente marginado de la sociedad: el hombre del subsuelo.

Unas de las tantas críticas que hace el hombre del subsuelo es hacia la razón y la ciencia que tratan, bajo todos los medios, de definir lo que es mejor para el hombre, y lo hace a través de lo que él denomina como “el muro de piedra”. Este muro equivale a lo imposible, a las leyes de la naturaleza, o las conclusiones de las ciencias exactas; leyes que uno tiene que acatar, sin posibilidad de cuestionarlas. Un sistema establecido que define qué es lo más ventajoso para el hombre basado en cifras económicas y estadísticas, como lo son la riqueza, la comodidad, o la tranquilidad. Sin embargo, el hombre del subsuelo al poseer una mayor sensibilidad con respecto a los individuos de la sociedad, no se resigna a las posibilidades que le ofrece la razón a través de los distintos muros de piedra que le imponen; “¿qué me importa a mí las leyes de la naturaleza y la aritmética cuando, por el motivo que sea, no me gustan esas leyes ni tampoco el que dos por dos son cuatro” (Dostoyevski 34).

Lo que Dostoievski simbólicamente representa en la novela es el “muro de piedra” como la tabla de rangos, y al hombre del subsuelo como el sujeto que anhela la apertura hacia la modernidad donde el individuo es capaz de pensar y tomar las decisiones por sí mismo; una apertura hacia el intelectual moderno: con el hombre del subsuelo nace en Dostoyevski el deseo de crear una figura retórica capaz de manipular el entorno.

Esta figura retórica, a través de sus propios ideales o intelecto, plantea una solución para transformar, de cierta forma, la realidad; una ventaja que “destruye siempre todos los sistemas establecidos por los amantes del género humano en pro de la felicidad de este” (Dostoyevski 45). La ventaja que esgrime el hombre de subsuelo se basa en la voluntad del hombre, voluntad para hacer lo que realmente el individuo desea hacer, a pesar de que tras ello exista incluso sufrimiento.

Sin embargo, y como es común en algunas de las novelas de Dostoievski, el autor ruso advierte, a través de la contradicción de su personaje, el peligro que conlleva la posibilidad de liberación que otorga la voluntad del individuo para hacer lo que desee. En conjunto con la razón, se pueden mentar un cúmulo de teorías que permiten manipular la vida hasta aniquilarla, de extenuarla hasta matarla. En esta novela no vemos ambiciones criminales por parte del personaje, como podría serlo Raskolnikov en en “Crimen y Castigo”, sino más bien vemos un individuo que emerge desde las clases inferiores y que se interpone en el camino de las clases altas para poder ser reconocido, ya sea simplemente por el hecho de que lo arrojen por la ventana en una sala de billar, o tropezar con un oficial en Nevski Prospekt. Si bien no son asesinatos, para la época, estos hechos son impúdicos, son actos que nadie de la sumisa sociedad rusa pensaría en realizarlos.

En Memorias del subsuelo, nos encontramos con el anhelo de que el individuo ruso se emancipe de lo establecido, que pueda desestabilizar los ideales desde sus bases, un sujeto moderno capaz de “librarse respecto de los prejuicios de la moral, de la inmovilidad de las jerarquías sociales, de las instituciones autoritarias o de la endémica escasez de recursos” (Hopenhayn 14). No será sino hasta la revolución rusa que realmente se concrete el paso hacia la liberación de las reformas monárquicas. Sin embargo, Fiódor Dostoievski medio siglo antes fue quien advirtió, a través de la literatura, la realidad rusa y hacia donde peligrosamente se dirigía.

Referencia bibliográfica:

Hopenhayn, Martín. “La subjetividad sin mitos”. Después del Nihilismo: De Nietzsche a Foucault. Barcelona: Andrés Bello, 1997. Impreso.

Martinova, Bela, ed. Memorias del subsuelo. Por Fiodór Dostoyevski. Madrid: Cátedra, 2008. Impreso.

Vladimir, Nabokov. Curso de literatura rusa. Trad. María Luisa Balserio. Barcelona: Ediciones BSA, 2009.