Arándanos de H. D. Thoreau

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Por Á-lex

Saborear la vida no involucra necesariamente consumir todo lo que nuestro medio o entorno produzca. El disfrute también está relacionado con alimentarnos sobre todo de aquella belleza que  produce y provoca la detenida observación de aquello que nos llama la atención, que nos suscita una reflexión, que nos plantea un cuestionamiento, que nos invita a hacernos preguntas. De qué modo una pequeña baya nos puede llenar de asombro y permitirnos viajar y recorrer por los senderos y los pensamientos de un sujeto, desbrozar caminos y ampliar horizontes, en fin, llevarnos a plantearnos temas sobre la contemplación misma, sobre la vida silvestre o salvaje (silva: bosque) el producto, el consumo, el monocultivo, la explotación de la tierra, los intereses de grupos empresariales, etcétera, etcétera….

Respecto a Thoreau (1817-1862) ilustre ciudadano, se ha dicho ya bastante, puede que hasta lo conozcamos más a él o la prefiguración que de él hacen sus biógrafos (Channing, Henry Seidel Canby, Theodore Dreiser, Edward Wagenknecht, Casado da Rocha, Richardson), que no son pocos, que a la obra misma del solitario de Concord, sabemos de su educación formal en Harvard, y de su punzante crítica a tal sistema, “muchas ramas, para no llegar a las raíces”, sus trabajos al aire libre, sus  días de preceptor, sus tientos amorosos, sus pesares, su amistad con Emerson. Sabemos de sus detractores, que también los tuvo. Un sinfín de anécdotas, comentarios que podrían servir para una hagiografía, pero lo cierto es que, absorbiendo de primera fuente, es decir, de su misma pluma recién se nos comienza a mostrar el verdadero hombre, aquel que tiene plena conciencia de sí y de su valía. Sus frases son sólidas como acueductos romanos y cada una de ellas por sí sola sabrá perpetuarse y perdurar en el tiempo.

En este pequeño volumen temático, su compilador echa mano a diversos textos en donde Henry David Thoreau menciona aquellos pequeños y carnosos frutos, en especial Wild Fruits, texto que nos hizo llegar Raymond Craib, a quien agradecemos desde ya, del mismo modo que a las  traductoras Ángeles Zagal y Azucena Nogués.

La impecable factura, el buen gusto, la belleza que ha alcanzado la edición de este volumen se debe al trabajo colectivo de quienes intervinieron en tal labor, diseño y edición, dan pruebas que el cuidado de la obra ha sido cabal.

Ahora bien, ¿por qué arándanos? Pues lo que la naturaleza otorga, existe también para contemplarla en todos sus matices, como lo haría un joven Leonardo o un impresionista ocupado por plasmar su belleza silvestre a cualquier hora del día y con distinta tonalidad mientras gira la tierra alrededor del sol. No deja de ser curioso que este último tiempo se haya transformado rápidamente en la vedette de las exportaciones, desplazando a la palta. Atrás quedaron los brotes de alfalfa y la rúcula.  En los medios se habla de sus propiedades y de seguro pronto veremos su nombre consignando las virtudes de algún mosto que posea su fragancia, color, o bien sabor, que casi siempre es ‘un dejo a…’ la televisión por su parte no resta mérito a su alto impacto en el extranjero, en China se vende como cabritas, al ingresar al cine. Debemos pensar también en los riesgos que acarrea el monocultivo también a la tierra, al medio y la naturaleza.

No imaginamos a Thoreau yendo al cine en estos días con un balde lleno de arándanos, lo imaginamos sin cine, desbrozando su propio camino y contemplando el fruto silvestre que crece libre y del cual bien se puede observar en detalle su naturaleza, su forma, composición y a la vez pensando en aquello que sugiere, estableciendo vínculos quizás con Aristófanes y su debilidad por los higos, pues dicen que para Thoreau este era su fruto predilecto, quizás para contemplarlo, quizás así lo disfrutaba, quizás estaba pensando en aquel fruto silvestre y en lo lejano de un tiempo en donde un muchacho de otro siglo arrancara de aquel  silvestre arbusto su merienda, delicados dedos posándose en aquel fruto amoratado.

Es este uno de aquellos pequeños grandes libros que nos hará reflexionar. Pensemos en el paisaje, en la vida germinando con estos nuevos frutos silvestres y echemos a andar una nueva caminata.

 

ARÁNDANOS

H.D. THOREAU

Mar y Tierra Ediciones, 2019, región chilena.

52 págs. 10x16cms.