Araña de Andrés Wood

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Por Florencia Marin

 

Araña marca el regreso del director chileno Andrés Wood tras deslumbrarnos con producciones insignes del país tales como Machuca y la serie Los 80’. Con estos antecedentes era de esperar que los fans de Wood estuviesen expectantes ante el nuevo lanzamiento del cineasta y que la obra estuviese a la altura de sus producciones anteriores. Puedo decir, con pesar, que este no fue el caso.

La apuesta de Wood en esta ocasión fue por la controversial organización Patria y Libertad, movimiento paramilitar de extrema derecha chileno que operó durante el gobierno de la Unidad Popular, apoyados por la CIA, con el fin de desestabilizarlo. Una apuesta ciertamente interesante para pensar la memoria de nuestro país y comprender de mejor manera de qué formas funcionaba la extrema derecha chilena en el marco de la guerra fría. La película de Wood se centra principalmente en tres personajes de Patria y Libertad: Gerardo, Inés y Justo, a los cuales muestra tanto en el pasado (en su juventud siendo miembros de la organización), como en el presente, ya adultos, siendo miembros de las altas esferas económicas del país. Entremedio de las actividades terroristas del grupo paramilitar se forja un trío romántico entre los personajes, donde Gerardo entra a remover la vida de casados de Inés y Justo. En el film podemos ver dos líneas temporales con sus diferentes temáticas. En primer lugar, en los años 70’ vemos como Inés, Justo y Gerardo junto con los demás miembros de Patria y Libertad, se organizan para crear un “mártir”  de la derecha chilena durante el gobierno de la UP, rol que asumiría Gerardo, teniendo así la misión de pasar por asesinado de la izquierda escondiéndose realmente en bosques remotos.  En la línea temporal del presente muestran a un re-aparecido Gerardo en un psiquiátrico tras haber atropellado y asesinado a un ladrón. Así vemos como éste representa el odio que pervive tras el término de su organización y la traición de sus compañeros, y que se revela ahora principalmente en ideologías anti inmigrantes y de “limpieza” de la sociedad. Por otra parte, vemos a Inés y Justo (aun pareja) que triunfaron profesionalmente y pertenecen a la elite económica chilena.

Hasta aquí, la trama de la película se escucha buena ¿no? Exceptuando lo innecesario que puede ser el trío amoroso teniendo un tema tan contundente y políticamente relevante como Patria y Libertad, el resto podría ser interesante: el diálogo entre el presente y el pasado de ex integrantes de una organización fascista chilena que tuvieron vidas muy divergentes tras el término del frente nacionalista. Desgraciadamente la película no es lo que podemos imaginar y la trama se cae en variadas incongruencias y sinsentidos.

En primer lugar hablemos de la trama y su construcción. Ciertamente era un tema que hacía falta en el cine chileno y que efectivamente tiene mucho que decir, sin embargo, es difícil no sentir ese sabor amargo de una buena idea desaprovechada. La trama de los 70’ se siente un tanto burda y forzada, metiendo a presión una trama de amor tóxico que no aporta realmente en nada y retratando a Patria y Libertad como un grupo de adolescentes psicópatas (que bien podrían haberlo sido pero eso no quita que fueran una organización fascista con una estructura militar formal y financiamiento internacional). Así también hay elementos que no tienen sentido, como la internación de Gerardo en un psiquiátrico tras haber asesinado al ladrón (¿por qué no se fue a prisión preventiva como cualquier asesino?), la inclusión de un personaje punk dentro del grupo antiinmigrantes de Gerardo o la forzada adhesión de todos los pacientes del hospital psiquiátrico (y un guardia) a Patria y Libertad. Los saltos temporales, a pesar de ser una buena idea para construir la película, se sienten fuera de lugar y mal escogidos los tiempos para hacerlos, además de la pobre ambientación de la película, fallando en elementos tales como el río Mapocho que aparece adoquinado cuando en plenos 70’ era un caudal con tierra a sus lados. Por otro lado, respecto a los personajes, se siente durante toda la película que Wood acercó demasiado la locura psiquiátrica a la derecha chilena de la época, lo que, en mi opinión, le quita la responsabilidad de los crímenes cometidos a sus adherentes. Así, no es sólo Gerardo el que se retrata como loco (casa sucia, pelo largo, barba desaliñada), sino que Justo también (en su adultez) sin mayor explicación por parte del guión de por qué enloqueció. A pesar de todos los errores de la película creo que sí pueden rescatarse algunos elementos. Las actuaciones del elenco del film son superiores, especialmente las de Marcelo Alonso y Mercedes Morán, que logran transmitir las complejidades de sus personajes acertadamente. Asimismo, debe concerdérsele a Wood (o a su guionista) que logró un retrato acabado de lo que podría haber sido el futuro de los ex patria y libertad: poder económico e influencia política que ciertamente podemos creer en una sociedad como la chilena.

A pesar de los errores de Araña creo que hay que darle el mérito a Andrés Wood de haber tocado un tema tan polémico en la historia de nuestro país. No cualquier director se arriesgaría a indagar en la ultraderecha chilena, tal vez en personajes que hoy en día vemos retratados en Kast o Axel Kaiser. Desgraciadamente nos hubiese gustado ver una película al mismo nivel que sus lanzamientos anteriores, pero tendremos que quedarnos esperando de brazos cruzados un tiempo más.

 

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