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«LAS COSAS QUE NUNCA DIJE»: LA OBRA QUE TRANSITA LAS CALLES DE BELLAVISTA

Reseña de la obra teatral «Las cosas que nunca dije», dirigida por Malicho Vaca Valenzuela, de la compañía Le Insolente Teatre.

Por Ismael Castellón

Desde marzo de este año he venido escribiendo sobre un teatro impulsado por la pasión pero limitado por el espacio; un intento de teatro más que otra cosa. Y es que agradezco poder registrar parte de las páginas de la historia cultural chilena, en su intento por sobrevivir dentro del dramático universo cultural en el que habitamos, cuyas verdaderas falencias quedaron al descubierto con la crisis sanitaria. 

César Avendaño, Piera Marchesani, Jorge Salazar, Gabriel Valenzuela y Fabián Villalobos conforman el elenco de Le Insolente Teatre, la compañía dirigida por Malicho Vaca Valenzuela que nos trae La cumbre mundial de las cosas que nunca dije.

Decidí volver a las tablas para ver esta obra que, debido al retroceso de la RM a fase dos realizará hoy su última función de temporada en el Teatro Taller Siglo XX Yolanda Hurtado a las 19:00 hrs. Sin embargo, es importante destacar que la obra da comienzo en la Plazuela Mori de la calle Constitución, lugar de encuentro entre el público y los actores, que llegarán bailando al lugar para dar la bienvenida y guiar a los asistentes hacia el teatro; esta es la primera etapa de la experiencia. 

Ya llegando al lugar, podemos ver que a las afueras hay dos sillones y unas cuantas sillas instaladas frente a un teclado, al lado de la puerta de entrada de Siglo XX. Aquí los actores nos invitan a sentarnos y todo es parte de un mismo hilo performático que da comienzo a la segunda parte del espectáculo. 

Los textos de la obra hacen caso a su nombre y no voy a tentar al infortunio de revelarlos por escrito, pero exploran diversas temáticas y van mutando hacia lo personal. En esta etapa las palabras pasan a mezclarse con el teclado -tocado por Fabián Villalobos- y el montaje entra a un lugar más musical, con los actores entonando canciones populares junto al público, para terminar ofreciéndole a los asistentes la posibilidad de elegir las últimas para tocar. Cabe destacar que, hasta este momento, el público mantiene un rol activo durante el desarrollo de la obra, participando y dejándose llevar por las propuestas del elenco.  

Con el tiempo el guion va adentrándose más hacia lo íntimo, y para la tercera transición el público ya se ha entregado por completo a la experiencia; esto hasta la última parte, donde entramos al teatro propiamente tal, para ver una etapa ya más tradicional. Con otro teclado instalado en la íntima sala de teatro y una serie de cartas significativamente escritas por el público adornando el piso del escenario, los actores profundizan en sus propias pérdidas.

La recta final, a pesar de cerrar con un texto potente, termina en cierta manera por romper con la propuesta inicial de mantener un compromiso con el espectáculo al aire libre, y con el contacto directo junto al público; pero, por otra parte, se agradece volver a probar de ese dulce néctar que nos ofrece la sala de teatro oscura, con el escenario levemente iluminado e intervenido por los actores, que terminarán abriendo por completo sus más grandes secretos. Sin duda, una interesante opción para la salud mental.