Pensiones precarias: entre los datos y el sentido común

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Por Luis Hernández y Pablo Vargas
Estudiantes de Ingeniería comercial mención Economía

Uno de los problemas del modelo chileno de pensiones es el bajo monto que obtienen los jubilados. Ello ha generado el nacimiento del movimiento NO + AFP, que ha propuesto mejorar las pensiones superando el modelo de AFP para implementar uno vinculado a la opción de reparto con un pilar solidario. No obstante, cabe preguntarse: ¿los sistemas de reparto son realmente más justos?

Damián Vergara, ingeniero comercial e investigador de la Universidad de Chile, sostiene que para elaborar un sistema nuevo de pensiones se deben considerar dos elementos fundamentales: la opinión pública y los elementos técnicos que otorgan los resultados (Vergara, Ciperchile, 2017), ambos en el marco de la ideología que le brinda cuerpo a la propuesta.

Respecto a la opinión pública, la Encuesta de Opinión y Percepción del Sistema de Pensiones en Chile, encargada a Statcom por la Comisión Bravo durante el año 2014 (ECB), muestra los siguientes resultados: entre las razones para seguir trabajando en personas pertenecientes a la tercera edad se encuentran que un 77% (81% hombres y 72% mujeres) lo hace porque el monto de su pensión es muy bajo, un 11% (13% hombres y 9% mujeres) lo hace para mantenerse activo y un 5% (1% hombres y 2% mujeres) porque les gusta su trabajo, como se puede ver en el gráfico a continuación.

 

Estos datos confirman dos cosas: la estructura patriarcal del sistema de trabajo y el mal desempeño de las Administradoras de Fondos de Pensiones. Si observamos el punto relativo a que el monto de la pensión es muy bajo, podemos notar que existe una diferencia de casi 10% entre los hombres y las mujeres. Podríamos pensar que menos mujeres jubiladas siguen trabajando porque reciben mejores pensiones que los hombres, pero no es así, sino todo lo contrario. Significa que en las opciones laborales para la tercera edad los hombres son los que tienen mayor sueldo y mayor probabilidad de mantener el trabajo.

En cuanto al retiro programado que realizan cada mes los jubilados, los datos muestran que las pensiones pagadas por las AFP son precarias. El monto de la pensión del 87% de los hombres bordea el 61% del sueldo mínimo con un monto de $156.312. En las mujeres es peor: el 94% de ellas percibe una pensión menor al sueldo mínimo.

Dentro de los datos sobre las AFP también se encuentran los de la Encuesta de Protección Social (EPS) y la Encuesta de Opinión y Percepción del Sistema de Pensiones en Chile (ECB). Los resultados de la pregunta de percepción sobre cómo se debería financiar el sistema de pensiones muestran que aproximadamente un 33% cree que deberían financiarse en función del esfuerzo individual; un 25% señala que debería hacerse en función de un esfuerzo intergeneracional y un 52% aproximadamente plantea que debería responder a un esfuerzo social.

Así, a simple vista, la visión social apunta hacia un sistema que tenga una estructura solidaria y que se relacione con los recientes cambios en el mundo del trabajo. Existe una necesidad latente de consolidar un sistema de pensiones que se centre en la seguridad social más allá del “sálvense quien pueda”.

Una propuesta que ha logrado materializar las discusiones en el mundo de las organizaciones sociales es la sintetizada por la Fundación SOL. Este nuevo sistema de pensiones tendría una estructura que descansaría en  aportes solidarios y una remodelación impositiva. Al interior de la propuesta: La tasa de reemplazo (proporción de la remuneración promedio de la vida laboral que cubre la pensión obtenida) se compone de un aporte tripartito: del empleador, del trabajador y del Estado. Este último genera aportes a través de un Fondo de Reserva de Pensiones que se sustenta con aportes de los impuestos progresivos -los que tienen más, pagan mayores tributos al Estado- y de los ahorros generados en las cuentas de cada trabajador por los aportes antes mencionados. El sistema tributario progresivo puede sostener una pensión básica que se entrega a quienes no han logrado acumular lo necesario para una jubilación digna (ya sea por empleos informales, por lagunas previsionales o por trabajos precarios). Finalmente un Fondo de Reserva de Pensiones serviría para democratizar la inversión en proyectos sociales -actualmente las AFP sostienen una inversión en los grandes grupos económicos- ,es decir, los fondos en la Reserva pueden acompañar iniciativas de comercio local o territorial. La siguiente imagen lo sintetiza:

 

En última instancia respecto a la opinión pública, muchos han expresado la preocupación por los sistemas de reparto, porque en algunas casos han significado el colapso de la estructura de pensiones, generando esfuerzos extremos en el gasto fiscal, implicando déficit y finalmente una contracción en el gasto social. Básicamente, cuando se mantienen pensiones altas y estas tienen en su columna vertebral el aporte estatal, en la medida que aumenta la esperanza de vida y disminuyen las personas en edad laboral, el Estado deja de incorporar los ingresos intergeneracionales -quedan menos trabajadores jóvenes que puedan aportar al fondo de pensiones-, lo que implica que se comienzan a financiar pensiones a través de fondos públicos sostenidos por deudas o créditos (se endeuda el Estado). Ejemplos de esto son los casos de España y Grecia.

Sin embargo, según datos entregados en Chilevisión el año 2017, existen otros 160 países en el mundo que aún mantienen el sistema de reparto. Por lo tanto, no es un sistema fallido, sino una propuesta ideológica que complica a quienes hasta hoy se han visto financiados por las inversiones de las AFP -la élite empresarial-.

Es necesario entender que existen ciertos obstáculos a la hora de proponer un sistema de pensiones de reparto. Como se mencionó anteriormente, existe presión por intereses de quienes están siendo financiados por las inversiones de las AFP para mantener este sistema, que en la práctica es un mecanismo de inyección de capital a las empresas de los principales grupos económicos del país.

Para lograr una propuesta seria que logre instalarse en las distintas capas sociales, es necesario romper con la legitimidad que le entrega el sentido común o, mejor dicho, la opinión pública a “los expertos”. pues mediante argumentos “científicos” se oculta que resguardan intereses particulares.

Los sistemas de pensiones se construyen y desarrollan de acuerdo a los distintos modelos económicos y culturales. Sin embargo, no sólo están empapados de elementos técnicos que los definen. Cuando hablamos de un “sistema” de pensiones, hacemos referencia a la elaboración de un mecanismo capaz de sostener de manera digna la vida de nuestros “viejos”, en relación a sus gastos en salud, vivienda y recreación.

Así,  observando las cifras, los resultados de las AFP han estado por debajo de las expectativas lo que ya se percibe a nivel social, el sentido común está dando un giro hacia una posición comunitaria que fortalezca la vida en el instante  del retiro de la vida laboral.

El aporte directo de pensiones más dignas para los trabajadores y trabajadoras, puede significar la recomposición de la organización territorial con traspaso generacional de experiencias de trabajo local: mejores pensiones implican más tiempo para la autorrealización. Además, puede disminuir el trabajo “forzado” de la tercera edad por pensiones precarias. Incluso, la consolidación de modelos solidarios permite un cambio de paradigma social: menos competencia y más cooperación.

Por último, para abordar el problema de la jubilación no sólo nos debemos preocupar por el sistema de pensiones. La tercera edad va en aumento con el incremento de la esperanza de vida en el país y, de la mano con ello, sus necesidades como grupo social. Pero la preocupación social debería abordar las necesidades cotidianas. Nuestros abuelos y abuelas están rodeados de circunstancias de vulneración, en particular, las mujeres que se han visto en la necesidad de extender su período de trabajo más allá de la edad de jubilación por las diferencias salariales presentes en la vida laboral.

Una demanda necesaria para la recomposición del tejido social, es el reconocimiento de las clases subalternas (es decir, en posiciones inferiores de subordinación) y de las opresiones sutiles – y no tanto-. La expresión de pensiones más bajas para mujeres es el resultado – como sociedad- de años a la sombra del pensamiento de las clases dirigentes conservadoras. Y la expresión de pensiones bajas para todos, demuestra la estructura del modelo neoliberal que excluye a quienes no son parte de la modernidad o productivos para competir.

Fuentes

Chilevisión. (Septiembre de 2017). Chilevisión Noticias. Recuperado el 23 de Abril de 2018, de chvnoticias.cl: http://www.chvnoticias.cl/chilecheck/frases-de-candidatos/alejandro-navarro/hay-mas-de-180-paises-del-mundo-que-tienen-sistema-de-reparto-y/2017-09-28/184819.html

Fundación SOL. (s.f.). Fundación SOL. Recuperado el 2018 de Abril de 2018, de http://www.fundacionsol.cl/wp-content/uploads/2016/08/Presentaci%C3%B3n-pensiones-18-08.pdf

Vergara, D. (18 de Mayo de 2017). Ciperchile. Recuperado el 25 de Abril de 2018, de http://ciperchile.cl: http://ciperchile.cl/2017/05/18/sistema-de-pensiones-radiografia-a-las-preferencias-ciudadanas-mas-alla-de-lo-tecnico/

Vergara, D. (Mayo de 2017). Espacio Público. Recuperado el 2018 de Abril de 2018, de espaciopublico.cl: https://www.espaciopublico.cl/wp-content/uploads/2017/05/Doc-Ref-N%C2%B036-Pensiones-v2.pdf