Doctora el pene me infecta

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Por Florencia Marin

Leí hace un tiempo un artículo sobre las infecciones vaginales que tenía los clásicos tips de las ginecólogas: no usar calzones de tela sintética, no lavarse con nada más que agua, hacer pipí después del sexo, no tener sexo anal y después vaginal…los consejos que manejan casi todas las mujeres y que repetimos religiosamente cuando una amiga llega a decirnos que le pica la vagina. Pero ¿cómo puede ser que a ¾ de las mujeres nos haya dado una infección de este tipo?

El año pasado fui a un ginecólogo (hombre) de la católica buscando respuestas a por qué me daban tan recurrentemente este tipo de infecciones (cada dos o tres meses). Después de darme todos los “tips” que ya había escuchado por lo menos diez veces y yo contestarle que ya hacía todo lo que me decía, no se le ocurrió nada mejor que decirme, casi enojado, “bueno, si tomas anticonceptivos y tienes sexo tienes que saber que es normal infectarte”. Dejando de lado lo violenta que fue esta interpelación (cabras nunca vayan a un ginecólogo hombre), la idea me quedó dando vueltas, así que decidí rebelarme y dejar de tomar anticonceptivos orales que venía tomando hace más de 10 años.

Puede sonar ridículo decir “rebelarse” cuando estás hablando de dejar de tomar una pastilla que te permite tener sexo heterosexual y no quedar embarazada, pero es porque no estás pensando todo lo que implica socialmente esa pastillita rosada. Lo que en un tiempo significó la revolución sexual de la mujer, ahora parece haberse convertido en otro opresor del patriarcado. Más de una vez un hombre, asumiendo que tomaba anticonceptivos, ha querido tener sexo sin condón “porque se siente más” (y he sentido culpa por no poder darle ese placer), más de una vez ha sonado la alarma del celular de una amiga y me ha venido el estrés fantasma de tener que tomarme la pastilla, más de una vez se han reído de mi por decir que ocupo condón y no pastillas, y ¿saben qué? nunca me he sentido mejor en mi vida.

Al mes de dejar de tomar pastillas mi ánimo mejoró considerablemente, sentía que tenía mucha más energía y que ya no necesitaba mi siesta energética diaria. También sentí un impresionante aumento en la libido que, tomando pastillas, había estado en el suelo. Empecé a sentir los momentos en que estaba ovulando y los momentos en que iba a menstruar y comencé a entender cómo tratar a mi cuerpo durante las distintas fases del ciclo. Dejé de poner alarma todos los días a las nueve y dejé de sentirme culpable y ansiosa cuando me olvidaba de una pastilla ¿y lo mejor? dejé de tener infecciones vaginales. De un momento a otro pasé de tener 1 cada tres meses a tener 0 en un año y contando. Lo que me he preguntado todo este tiempo es ¿por qué ningun/a ginecólogo/a fue capaz de decirme esto?

Y volvemos al patriarcado. Todas sabemos que el sexo heterosexual es, en realidad, la raíz de las infecciones por hongos, y no les voy a decir que dejen de tenerlo si no quieren (aunque igual les recomiendo el sexo lésbico si ya estamos en esas), pero creo que el segundo responsable directo, por lo menos en algunos casos, pueden ser los anticonceptivos orales. La pastilla se nos prometió como la panacea para tener sexo heterosexual libre de bendiciones, pero resultó siendo otra forma más que encontró el patriarcado para oprimirnos, para hacernos sentir que estábamos decidiendo y siendo libres cuando en realidad toda la maquinaria social te empuja a tomar una pastilla todos los días sin importarle sus efectos secundarios (a los que curiosamente tanta importancia le dieron en la creación de la pastilla masculina).

Compañera, yo no vengo a obligarla a nada, sólo vengo a decirle que existen otras opciones: otros métodos anticonceptivos, otros tipos de vivir la sexualidad, otras orientaciones sexuales, y que nadie ni nada debería imponerle un modo de cuidarse sólo por darle más placer al resto.

 

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