#CierrenLasIndustrias

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Por Gerardo Guzmán Grimaldi
Biólogo; ex director de Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA); residente de la comuna de Concón.

Luego de escuchar las insólitas expresiones del ministro Santelices sobre los graves episodios de contaminación en Quintero y Puchuncaví -aunque hoy reconoce el error- diciendo: “El arsénico produce daño a las personas cuando está asociado a alimentos o al agua”, llama la atención que la principal autoridad de salud del país haya pasado por alto documentos de la OMS y la IARC (Asociación Internacional para la Investigación del Cáncer) además de numerosas y prestigiosas revistas científicas que han documentado el daño a la salud producto de la exposición a este contaminante, cuando sus concentraciones en el aire exceden los 6 nanogramos en un metro cúbico.

Cabe recordar que Chile carece de normas de calidad ambiental para este peligroso contaminante, reconocidamente cancerígeno. Durante décadas la autoridad ambiental ha ignorado aquello que para la ciencia es una certeza, y es por eso que el arsénico ha sido clasificado en el grupo 1 de sustancias cuando la evidencia científica indica que la exposición a sus formas inorgánicas se asocia a un riesgo alto de contraer diversas formas de cáncer. No deja de llamar la atención que la principal preocupación de la autoridad ambiental en esta materia ha sido no afectar con sus decisiones regulatorias a las fundiciones de cobre; principales fuentes de emisión de este contaminante.

En efecto, el Ministerio de Medio Ambiente en su página web mantiene el expediente de la norma de emisión de arsénico, promulgada el año 2013. Esta norma se elaboró en base a 11 criterios definidos por el ministerio. El primero de ellos: ”la norma no puede poner en riesgo la viabilidad de las fundiciones de cobre del país”. La pregunta que a cualquier persona medianamente sensata le asalta es: ¿y dónde queda la salud de la población expuesta? La respuesta no deja espacio a la duda, la autoridad ambiental no incorporó al expediente ningún estudio que diera cuenta del riesgo a que se expone la población para tener funcionando algunas fundiciones de cobre, como Codelco Ventanas a la cual se autorizó, mediante esta norma, a descargar al aire 48 toneladas al año.

Consecuencias de esta decisión: la zona de Quintero y Puchuncaví, de acuerdo a los registros de los filtros instalados en los monitores de calidad del aire en la zona saturada, se encuentra sobresaturada en arsénico. Es decir, si consideramos la norma de calidad recomendada por la OMS, la zona saturada registra excedencias hasta 15 veces el valor de referencia. Ahora, se dice que la autoridad está trabajando a presión para sacar a fin de año el plan de descontaminación. ¿Podrán las poblaciones de Quintero y Puchuncaví, y también Concón estar tranquilas porque viene un plan de descontaminación? Tengo mis serias dudas al respecto porque los resultados de los planes vigentes no son precisamente para estar optimistas. Coyhaique sigue en una situación crítica de calidad del aire, los inviernos en la Región Metropolitana son cada vez peores y no le podemos echar la culpa solo a que este invierno hemos tenido poca lluvia.

Recordemos que el primer plan de descontaminación que se implementó en el país fue precisamente en la zona de Ventanas y regulaba a la fundición de cobre y la termoeléctrica a carbón de la empresa AES Gener.  Si le pusiéramos un rótulo a ese plan sería: un permiso para contaminar, porque la fundición tuvo cinco años, bajo el paraguas del plan, para no disminuir ni un gramo de las 62.000 toneladas de azufre que liberaba al aire en forma de gases sulfurosos.  Los otros planes de descontaminación, vigentes en el país, se han promulgado luego de dos años de haber sido declaradas las zonas saturadas respectivas. Pero en el caso de Coyhaique la autoridad ambiental se tomó su tiempo y el plan se promulgó después de 3 años y siete mes de haberse declarado la zona saturada. En buenas cuentas eso significa que para declarar zona saturada se debe tener 3 años de datos de calidad del aire y luego, al menos 2 años adicionales para aprobar un plan de descontaminación. Es decir, al organismo humano se le pide ser comprensivo con la estadística y luego con la burocracia estatal hasta que se comience a ejecutar un plan de descontaminación.

El año pasado, la prestigiosa revista The Lancet publicó un artículo titulado:”The Lancet Commission on pollution and health” (La Comisión Lancet en contaminación y salud), en donde hay alguno datos para tener en cuenta: El año 2015 se producen en el mundo 9 millones de muertes prematuras, producto de la contaminación y esto equivale al 16 por ciento de todas las muertes en el planeta. La contaminación produce más muertes que el sida, la malaria y turberculosis  juntas.

Luego de una larga historia de abandono y postergación de que han sido objeto las comunas de Quintero y Puchuncaví no puede extrañar el nivel de indignación reinante en la zona. Y quisiera comprender que las desafortunadas expresiones del ministro Santelices no responden a un proceso reflexivo de su parte, sino más bien el deseo de llevar tranquilidad a la población. Pero, al parecer, lo que el ministro aún no es capaz de darse cuenta es que la tranquilidad llegará a la zona solo cuando los habitantes tengan la más absoluta certeza que el problema de la contaminación se abordará con planes de descontaminación que consideren íntegramente el problema y no solo lo que limitadamente puede cubrir un plan de descontaminación (i.e. material particulado respirable), sino principalmente arsénico y otros contaminantes que, por no existir normas de calidad ambiental, no forman parte del análisis ni menos se establecen planes o metas para reducir su presencia en el ambiente.

Me refiero, por ejemplo, a ciertos contaminantes que, al no estar regulados no existen restricciones para que las fuentes emisoras puedan descargarlos al ambiente, como por ejemplo BTEX (benceno, tolueno, etilbenceno y xileno) y los hidrocarburos aromáticos policíclicos como benzoalfapireno. Varios de ellos, reconocidamente cancerígenos y que tanto la refinería de petróleo de Concón como las numerosas centrales térmicas existen en la zona, liberan en grandes cantidades. Desgraciadamente nuestro organismo no responde solo a las normas que dicta la autoridad en Chile sino a una diversidad de gases y sustancias presentes en el aire y que constituye el material particulado, grueso, fino y ultrafino, entre otros.

El plan de descontaminación de Ventanas se comenzó a ejecutar en 1992 y finalizó en 1999. Se suponía que cumplidas las metas de reducción de emisiones por parte de las fuentes reguladas se alcanzarían las normas de calidad ambiental. Lo que nadie suponía era que la autoridad aprobase nuevos fuentes que contribuirían al deterioro de la calidad del aire en Quintero-Puchuncaví como fue el ingreso a la zona de nuevas centrales de generación eléctrica a carbón. Y después de esta larga historia no deja de sorprender que las medidas de compensación autorizadas, para el ingreso de las nuevas fuentes, consideraban la pavimentación de calles de tierra por todas las emisiones de partículas liberadas al aire por la combustión de hidrocarburos. Es decir, para la autoridad, el polvo de las calles de tierra es equivalente al particulado producto de la combustión de hidrocarburos.

Por su parte, la refinería de petróleo de Concón, al día de hoy, ocupando el mismo espacio urbano que los habitantes de la comuna, inició el nuevo milenio con un agresivo plan de expansión, fraccionando un gran proyecto en otros más pequeños que incluyeron la producción de pet coke, aumento en la producción de destilados del petróleo e incluso una central térmica y por si esto no fuera suficiente tiene en evaluación ambiental una segunda central térmica. Todo esto en el entendido que la atmósfera tiene una capacidad infinita para diluir toda clase de contaminantes. Lo que la naturaleza se encarga de refutar a pesar de la porfía de quienes al parecer están sólo interesados en llevar adelante nuevos proyectos sin importar las consecuencias que estas decisiones tengan en la población expuesta a la contaminación.