Las realidades masturbatorias de Instagram y las promesas de Fotolog

Imagen por María Luisa Aburto
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Celso Iturra Avendaño
Editor en Weye (@grupoweye)
@anchimalwen en todas partes

Los salfatistas conspirativos que creen en la circularidad del tiempo están gozando la racha de eventos que han tenido lugar este mes: Rojo volvió a la pantalla chica, Kudai está por reaparecer en la escena musical nacional y, para colmo, Fotolog regresa en forma de app. La va a tener difícil la plataforma que alguna vez cautivó al público latinoamericano, puesto que el mercado de las interacciones fotográficas y, principalmente, selfísticas está dominado por el gigante gringo de Facebook a través de la red Instagram.

Fotolog, la red social que desató la vanidad digital, vuelve con una serie de premisas que parecen más políticas que publicitarias: las publicaciones se reducirán a una por día y no habrán algoritmos que administren nuestro feed. Respecto al primer punto y desde una perspectiva sumamente personal, es un alivio saber que no voy a ver a mis pares subiendo la misma foto, pero con un ligero cambio de ángulo, tres veces en una hora con cinco minutos de diferencia – imagino, al menos, veré la serie de selfis en cuestión con algo de desfase. La compañía anuncia que su motivación para mantener el límite de publicaciones es “acabar con el exceso de publicaciones que nos lleva a buscar la aprobación de los demás1. Esta promesa parece revolucionaria frente al escenario contemporáneo de la sociedad virtual, en que estos mundos internetísticos se alimentan de nuestra sed de validación.

En el apartado Acerca de su sitio web, Fotolog se compromete a no convertirse en una red social que manipule la mente de sus usuarios. Esta es una indirecta para su principal competencia, Instagram, que a través de sus algoritmos construye tanto la sección de noticias de sus usuarios como su Explorar. El mal algorítmico es una constante en las redes de Zuckerberg debido a su modelo comercial: es necesario definir a sus usuarios a través de operaciones matemáticas para ofrecérselos con mayor precisión a los anunciantes. Asimismo, ya que estas aplicaciones encasillaron nuestros intereses en sus cálculos, logran mantenernos pendientes de nuestros teléfonos mostrándonos casi únicamente el contenido que creen nos parecerá interesante. Los usuarios, que hicieron hartas pataletas cuando el feed de Instagram se transformó de un orden cronológico a uno por “relevancia”, se acostumbran rapidito a este formato de interacción.

Es grave que las redes sociales decidan por uno qué es importante y qué no. A pesar de que estas reglas se mantienen secretas para el público general, sus lineamientos sí son conocidos: Facebook, por ejemplo, cree en las “interacciones significativas”, por lo que trata de mostrar las noticias de familia y amigos primero; Twitter, que necesita mostrar lo más reciente porque es la base de su plataforma, va ordenando los tweets por relevancia para el usuario 2; Instagram, por otro lado, muestra las publicaciones que cumplan con los factores de popularidad, importancia y relación de la cuenta con el usuario. Esta realidad manipulada tiene como principal consecuencia la promoción de un estilo de vida digital tóxico, porque facilita la adicción; y autocomplaciente, porque nos muestra permanentemente lo que nos (o les) conviene. Esto no sería tan terrible si dichos espacios fuesen meramente recreativos, pero hoy en día las redes sociales conforman un mundo con sus propios códigos sociales, éticos y estéticos.

Otro de los problemas de estas realidades masturbatorias es que encierran a sus usuarios en cámaras de eco gruesesísimas. Por si quien me lee no está familiarizado con este concepto relevantísimo para entender la sociedad contemporánea, se lo explico: las redes sociales son cámaras de eco porque nos muestran solo contenido con el que somos afines, es decir, rara vez entramos realmente en el mundo de quienes son nuestros rivales ideológicos o, incluso, de quienes viven una experiencia virtual radicalmente diferente a la nuestra3. Los canales que rompen estos claustros cibernéticos son, principalmente, los famosos – mientras no sean líderes de opinión – y todo aquel familiar o colega que estemos obligados a seguir por asuntos de cordialidad. Las cámaras de eco potenciadas por los algoritmos constituyen versiones mutiladas de la realidad de internet que afectan nuestra percepción del mundo físico. Así, yo muchas veces me he pillado pensando que la homofobia se acabó, que el feminismo está por ganar sus batallas o que, ingenuamente, las elecciones presidenciales deberían haber terminado de otra forma.

Me acuerdo que una vez, hace hartos meses ya, le di like a un par de publicaciones sobre mapas en Instagram porque estaban bonitos. Desde entonces la plataforma me ha mostrado permanentemente mapas y, además, una serie de promociones sobre viajes y cursos de geografía. Lo peor es que caigo en su juego matemático y disfruto de este contenido, lo que repercutió en que en algún momento del mes pasado mi Explorar fuese básicamente un atlas. Los cálculos algorítmicos no logran diferenciar entre lo que te gusta un poquito y lo que te gusta mucho. Tampoco son capaces de distinguir el significado detrás de tu like: ¿Le entregaste el corazoncito a esa foto de J.A. Kast porque te gusta él o te gusta el comentario escrito debajo en su contra? Estas estrategias de mercado reconocen nuestros intereses, pero a la vez nos condenan a ellos. En cierta medida, los cálculos de estas plataformas impiden que las usemos como herramientas para nuestro crecimiento personal.

Así que resulta súper importante que Fotolog vuelva a la competencia con su reglamento restrictivo y natural. Me parece que sus decisiones solucionan un problema que viene discutiéndose hace un montón de tiempo con respecto a las redes sociales. No pude encontrar información respecto a cómo piensa financiarse la plataforma – sería decepcionante que lo hiciera a través de publicidad algorítmica cuando podrían haber repensado la fórmula de las cuentas gold – pero, en una primera revisión, da la impresión de que el nuevo equipo está apuntando en la dirección correcta. Habrá que ver si los millenials y centenials chilensis, el país donde esta legendaria plataforma tuvo mayor impacto 4, estamos listos para volver a enfrentarnos a una realidad sin sobreexposición y sin transformarse según nuestro gusto.

 

  1. Cita obtenida desde https://fotolog.com/about/es 
  2. Información sacada de https://www.socialmediatoday.com/news/the-current-state-of-social-media-algorithms/522260/ 
  3. Este artículo de Pilar McCrory profundiza en el fenómeno: https://www.sophiadigital.es/tu-red-social-probablemente-camara-eco/ 
  4. Chile fue el país con más cuentas activas en Fotolog durante su apogeo: https://en.wikipedia.org/wiki/Fotolog#User_demographics