El invisible colonialismo de la lengua

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Por Jorge Ortiz
Estudiante de Letras Hispánicas UC

El paso de los años nos hace parecer remotos aquellos días en que éramos una colonia más de la corona española, pues ya van 525 años desde el primer contacto de Colón con nuestro continente y 199 desde la declaración en que Chile promulgó su independencia política de la Monarquía Española. Así, cada 12 de octubre lo recordamos como una anécdota, un periodo olvidado de nuestra historia. Sin embargo, la influencia colonial sigue más vigente de lo que podríamos pensar. Todos alguna vez hemos pensado o al menos oído que los chilenos hablamos mal, como si fuera una lamentable realidad. En cambio, la mayoría piensa que los países en que hablan más correctamente el español son España o Perú: les presento el colonialismo lingüístico.

El español y su evolución

Las lenguas cambian y han cambiado siempre a través del tiempo.  Por ello, es imposible sostener que existan lenguas “perfectas”, “uniformes”, “puras”, “degeneradas”, “viciosas”, “defectuosas” o “corruptas”, pues no hay lengua sin variación. Así, nuestro español chileno es un heredero de la lengua española que, a su vez, es una variación del latín hablado que los romanos llevaron a Hispania a fines del siglo III a.C 1.

Cuando decimos que un grupo de personas habla mal lo que estamos haciendo es seleccionar como modelo la forma de hablar de un grupo de personas en particular y asignarle una categoría de prestigio. En el caso hispano, el modelo tenido como predilecto desde los comienzos fue el dialecto cortesano castellano, el de las clases altas y educadas de Castilla que ostentaban el poder2. Así, por ejemplo, la ortografía del español refleja más fielmente la pronunciación del castellano que la del andaluz.

Antes de la unificación y consolidación de España, convivían en sus territorios una variedad de reinos con hablas diferentes. No fue hasta en el reinado de Alfonso X de Castilla (1221-1284) que se instauró oficialmente el castellano cuando la máxima autoridad seleccionó este dialecto como el medio de comunicación oficial dentro del reino. Igualmente el rey elaboró varias obras que sirvieron como ejemplo para todo los escribientes. De esta manera, se normalizó el incipiente idioma para detener las variaciones que experimentaba en las distintas regiones. Así, Alfonso X instauró normas lingüísticas que denominó “castellano derecho”3.

La normativización se incrementó durante los siglos XV y XVI cuando tras las acción de los Reyes Católicos España se unificó y se convirtió, durante no mucho tiempo, en una potencia europea. El surgimiento nacional de España trajo aparejado un intento de legimitar la lengua castellana, por lo cual se empezaron a escribir gramáticas, diccionarios y ortografías de esta lengua con el fin de fijar su uso. La idea era que si el castellano estaba al nivel del latín, entonces España estaba al nivel de Roma4. La primera gramática fue publicada en 1492 por el humanista Elio Antonio de Nebrija quien en el prólogo de esta obra, expuso algunas ideas de cómo se pensaba la relación entre la lengua y  la política. Haciendo una comparación entre España y Roma señala que“la lengua siempre fue compañera del imperio”, es decir, deja más que claro el carácter imperialista de la lengua.

 

Como es natural, la lengua continuó evolucionando a pesar de las normas que intentaban fijarla. En efecto, el andaluz, en contraposición al castellano, continuó algunas tendencias evolutivas tal como la aspiración de las “s” al final de las palabras (vamoh en vez de vamos). Estas formas triunfaron en mayor medida en América durante el período colonial, especialmente debido a la gran influencia andaluza en las expediciones que desembarcaron en nuestro continente. En consecuencia, el español americano se configuró como “una modalidad nivelada y simplificadora” basada principalmente en el español andaluz, pero con influencia de otros dialectos regionales españoles, de las lenguas indígenas e innovaciones propias5. Sin embargo, por motivos políticos terminó triunfando la norma castellana de España.

Las expresiones del colonialismo lingüístico

Interesado por el tema conversé con Scott Sadowsky, lingüista estadounidense radicado en Chile que se desempeña como investigador del departamento de Ciencias del Lenguaje de la Universidad Católica de Chile. El investigador es enfático en señalar que hoy en el mundo hispanoparlante vivimos un colonialismo blando.”La primerísima institución española de colonización blanda es la Real Academia Española (RAE), la cual sigue viva y pujante entrometiéndose en la soberanía lingüística de centenares de millones de americanos  y sus intromisiones son aceptadas sumisamente por hablantes y estudiosos por igual”, señala el lingüista.

“Hace pocos años la RAE ‘decretó’ (pongo esta palabra entre comillas porque ni la RAE ni ninguna academia de la lengua cuenta con la potestad legal ni la autoridad moral para aprobar, rechazar, censurar ni imponer absolutamente nada) que las letras “b”, “v”, “w” e “i” pasarían a llamarse “be”, “uve”, “uve doble” y “ye”. De la noche a la mañana, los textos escolares de gran parte de América (que en muchos casos son publicados por editoriales de España, o por editoriales antiguamente locales que fueron compradas por las española) dejaron de hablar de “ve corta”, “ve pequeña” o “ve chica”, como se ha dicho durante siglos en los países latinoamericanos, y empezaron a hablar de “uve”. Es difícil subestimar la desfachatez que esta maniobra implicó: es lo mismo que tratar de extirpar los vocablos “porotos”, “frijoles” y “caraotas” del vocabulario de distintos países americanos. ¿¡Con qué derecho!?”, precisa Scott.

Algo similar ocurre en el nivel de las palabras o lexicográfico si queremos ponernos técnicos.”Si miramos otras lenguas habladas en múltiples países, constatamos que lo normal es que cada país cuente no con uno, sino con muchos diccionarios de su propia variedad de la lengua, y que éstos sean los únicos que se emplean dentro del país. Además, estas obras son diccionarios de veras: incluyen, o tratan de incluir, la totalidad del léxico utilizado dentro del territorio nacional relevante, señala el académico de la UC. Incluso el inglés neozelandés, que tiene menos hablantes que el castellano de Santiago, cuenta con por lo menos cuatro diccionarios”, comenta el académico.

“La lexicografía hispánica, en cambio, es colonialista e imperialista hasta su médula. La RAE y sus sucursales americanas imponen el uso de un único diccionario (el Diccionario de la Real Academia Española), fundamentalmente peninsular y eurocéntrico, a más de 400 millones de hispanoparlantes americanos. Y se ha hecho un esfuerzo enorme de crear una mística en torno a esta obra con el fin de convencerles a los hablantes y las instituciones que es el diccionario “oficial” del castellano, que es un diccionario “universal” de la lengua, y que es la única obra de su tipo que vale, cuando nada podría ser más falso. No existen diccionarios oficiales de nada, el DRAE es, a pesar de su inclusión de un puñado de americanismos, un opúsculo profundamente provinciano y de escasa utilidad fuera de España, y para colmo de males, es lejos la peor obra lexicográfica de una lengua con más de cuatro o cinco millones de hablantes que existe. Da lástima, a decir verdad. Carece de etimologías, no proporciona ejemplos de uso, contempla muy pocas voces, está plagado de definiciones circulares, y un largo etcétera”, señala el lingüista.

“Se ha dicho que el idioma es el petróleo de España y el Instituto Cervantes cumple un rol protagónico en su administración. Lejos de ser una fundación benéfica, es un organismo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, lo cual ya deja en evidencia que su verdadera finalidad es extender el poder blando de ese país en beneficio propio. Esta entidad ha establecido centros a lo largo del mundo donde se dan clases de castellano… en su versión peninsular, obviamente. Como resultado, se pueden presenciar situaciones tan absurdas como brasileños que van a trabajar a Argentina y ¡que tratan a la gente de “vosotros”! O sea, de nuevo, España atenta contra la diversidad de la lengua, y hace negocio al mismo tiempo” señala Sadowsky.

A diario y lentamente las lenguas cambian y seguirán cambiando. Sostener que existe una forma correcta de hablar se debe a motivos de dominación que nos hacen creer falsamente que existen hablas de mayor prestigio. España continúa y continuará perpetuando el colonialismo lingüístico en América a través de distintas instituciones. Por tanto, es nuestro deber cuestionarnos estas ideas y nunca más volver a decir en las conversaciones de sobremesa que “los chilenos hablamos mal”.

Puedes leer más en la entrevista realizada a Scott Sadowsky.

 

  1. Extraído de Dario Rojas (2015). Por qué los chilenos hablamos como hablamos.
  2. Extraído de Luis Díaz (2011). “Historia crítica y rosa de la Real Academia Española”. En El dardo en la academia (p. 34)
  3. Luis Diaz (p. 34).
  4. Darío Rojas (p. 43)
  5. Darío Rojas (p. 66-67)