Protocolos de violencia sexual: ¿Por qué nos movilizamos?

Toma de mujeres Derecho UCH
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Por Paula Isidora Muñoz Campusano

Secretaría de género y sexualidades UC

El abandono institucional hacia las mujeres en Chile es un problema que excede los límites de nuestros derechos. Últimamente, lo hemos visto en casos conocidos por el escrutinio público y hemos sido testigos de las reacciones en la población y de las organizaciones feministas, que han salido a defender los intereses de las mujeres tantas veces ignoradas, revictimizadas y violentadas por el sistema –profundamente patriarcal– en el que vivimos. En el caso de la educación superior, esto no se distancia de lo que sucede en respuesta a las compañeras denunciantes de acoso o abuso sexual, o de violencia de género.

Desde la comisión de defensa de la SEGEX (Secretaría de género y sexualidades de la Universidad Católica), nos encargamos de asistir a compañeras de la universidad que desean denunciar algún caso de abuso o acoso. No discriminamos entre si el victimario es estudiante de la institución o no; o si es que el evento sucedió dentro o fuera de ella, como sí lo hacen los protocolos. Desde el feminismo, atendemos a sus preocupaciones e intentamos llenar de alguna forma el vacío que deja la institución en estos casos. Hemos visto, entonces, en primera persona, cómo ellas son dejadas en el olvido con denuncias que son archivadas luego de meses de “investigación”, o la manera en que les han negado el servicio de salud psicológica en un tiempo posterior a las 16 atenciones, el mismo tipo de acceso que el estudiantado tiene en general, y  sin psicólogas especialistas en violencia de género. Hemos visto también cómo, durante ese tiempo, las víctimas deben compartir espacios con los victimarios debido a la inexistencia de medidas cautelares, lo que afecta en sus vidas diarias de sobremanera. Estamos hablando de compañeras que todos los días consideran congelar un semestre o dejar la universidad por temor. Es un asunto grave, en el que no existe ninguna seguridad por parte de las instituciones, que ni siquiera admiten como pertinentes ciertos casos: nuestra palabra siempre es puesta en duda. Debemos trabajar incansablemente para recabar cada evidencia de lo sucedido para que nos crean. Y aún así no es suficiente.

De la misma forma sucede en las demás instituciones. La facultad de derecho de la Universidad de Chile está en toma debido a la demora de ocho meses en el proceso de un caso de acoso sexual y laboral por parte de un profesor, que aún no tiene resolución. En ese mismo establecimiento, la facultad de educación, gobierno y gestión pública, y ciencias sociales han incurrido en este tiempo en tomas, paros y manifestaciones bajo los mismos motivos. La Universidad Austral de Puerto Montt ha estado tomada desde el 2 de mayo, como respuesta a una serie de denuncias virtuales de acoso sexual en el establecimiento, además de un caso de abuso por parte de un académico hacia una funcionaria. De la misma forma, la facultad de educación de la Universidad de Concepción, la carrera de trabajo social de la UTEM y de la PUCV. Todas bajo un mismo precepto: violencia de género en las aulas, casos de acoso y abuso sin resolver debido a un protocolo deficiente o la inexistencia de este y la necesidad de tener un espacio para organización en contra de estas prácticas.

Cuando son tus compañeras quienes te cuentan con detalle cómo, luego de que tomaron la decisión de relatar cualquier forma de violencia experimentada, fueron ignoradas, cuestionadas y dejadas a la deriva en una negligencia para su salud psicológica que excede los límites del sentido común, es cuando nos damos cuenta de las razones por las que es importante contar con un enfoque de género en los protocolos. Porque no es suficiente que las direcciones de asuntos estudiantiles formen programas y “políticas completas” que no tendrán asidero en el tratamiento de las particularidades de cada caso. Porque es impresentable que no se tome el peso de la hostil experiencia universitaria que están viviendo algunas compañeras. Es desde este lugar donde nace la urgencia de movilizarnos y exigir ser escuchadas, pues claramente los conductos regulares no están funcionando. El momento es ahora y estamos todas en sincronía.