¡Porque soy tu madre!

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Por Faurí Aguirre García

 

Seguramente, la mayoría de quienes leen este artículo habrán escuchado esta (poderosa) frase al menos una vez en su vida. El poder, la fuerza, la seguridad y el afecto que carga esta expresión muestra lo arraigada que está esta expresión en nuestros países, nuestras sociedades, nuestras familias. Pero, ¿de dónde viene este poder materno? ¿Qué implica decir y/o escuchar estas palabras?

Con el Día de las Madres en puerta, quiero invitarles a reflexionar sobre este concepto de maternidad, partiendo por una revisión feminista de este rol.

Como parte de las imposiciones coloniales, la construcción del sexo y el género llegó a destruir las cosmologías indígenas, reduciendo a la Madre Tierra y a Diosas del amor, la fertilidad o la guerra a una sola función: la reproducción. A partir de ese momento, todas aquellas personas que nacieran con vaginas, serían mujeres, serían madres. Este enfoque reduccionista pasó a formar parte de las bases para la división sexual del trabajo. Las mujeres (leáse madres y esposas) estaban destinadas a quedarse en el hogar, cumpliendo con su labor de reproducción, cr(e)iando a sus hijas e hijos, haciéndose cargo del hogar. Todo esto, como decimos en México, “de a gratis”. No solo no había, ni hay, un reconocimiento al valor agregado de esta labor “materna”, “femenina”, sino que se ha elaborado una narrativa en la que se busca avergonzar a quienes no disfrutan y se sienten plenas y realizadas cuando cuidan a sus hijas e hijos, padres y madres, suegras y suegros.

Este discurso ejerce una presión constante sobre las mujeres/esposas para que además de incorporarse al mercado laboral, siguen realizando este trabajo doméstico, afectivo y de cuidados. En ese sentido, no es sorprendente saber que de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en América Latina, las mujeres realizan aproximadamente 77% del trabajo no remunerado, es decir, el trabajo doméstico y de cuidado.

Con esto en mente, parece más comprensible por qué es razón suficiente decir “¡porque soy tu madre!” Sirve para terminar una discusión, para imponer un punto de vista o una regla en el hogar. Si ser madre no solo implica hacerse responsable de la crianza de su(s) hija(s) o hijo(s), sino cuidar toda una familia extendida, asegurarse de que haya comida en la casa, ropa lavada y estar siempre dispuesta y disponible para escuchar, abrazar, resolver conflictos y no mostrar ningún signo de cansancio o “debilidad”, les invito a que no solo feliciten a sus mamás, sino que reconozcan la opresión que ha sido la base de la creación de este concepto, reconozcamos el valor del trabajo no remunerado y contribuyamos a la eliminación de este sistema heteropatriarcal.

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