Facultad de Derecho UCH en pie de guerra contra el decano Harasic

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Por Lucas García Miranda
Estudiante de Derecho Universidad de Chile

La Facultad de Derecho de la Universidad de Chile se encuentra en toma desde el lunes 16 de octubre demandando tanto el retiro de una serie de medidas impuestas desde el decanato que vienen a precarizar las condiciones de estudio de las y los estudiantes como la conquista de una real democracia universitaria triestamental.

La actual administración de la Escuela de Derecho, compuesta por el decano Davor Harasic y su red clientelar, ha dado golpe tras golpe a la organización estudiantil, buscando aplicar a rajatabla su plan modernizador, su idea de universidad-empresa. El decano comenzó impulsando un protocolo anti-movilizaciones, que regula la movilización estudiantil, aprobado en un Consejo de Facultad en enero de este año, cuando los y las estudiantes nos encontrábamos en período de exámenes. Este protocolo, entre otras cosas, establece que en caso de toma o paralización se realizará un corte de suministros básicos como el agua y la luz y la posibilidad de realizar clases virtuales. Además, obliga a los profesores a realizar clases en caso de paralización estudiantil, entre otras medidas que merman la movilización estudiantil.

Así, preparadas las fichas para un año en donde el decanato impulsaría con aún más fuerza su proyecto modernizador, se impulsó unilateralmente un aumento de matrículas de 200 cupos para el ingreso de primer año de 2018.  Ante esto las y los estudiantes denunciamos que este aumento -que no venía acompañado de ningún cambio infraestructural considerable y que además era casi completamente un aumento de los cupos de ingreso por vía PSU y no los de ingreso especial como por Equidad y otros- no era un aumento en pos de la educación pública sino más bien en pos de los bolsillos de la casta de académicos cercanos al decanato.

A pesar de esto, la posición estudiantil no fue lo suficientemente decidida ni contundente, por lo que de todas formas se impulsó este aumento de matrículas, lo que prontamente vendría a tener consecuencias como las que ahora estamos enfrentando. La gota que rebalsó el vaso en este caso fue la aprobación, durante un Consejo de Escuela, de una serie de medidas para poder hacer calzar en alguna parte las 200 matrículas más, que en 5 años serán 1000 estudiantes adicionales (actualmente en pregrado hay alrededor de 2000 matriculados). Estas medidas consistieron en la supresión del bloque protegido del almuerzo para la realización de clases. Lo problemático de esto consiste en que es durante este bloque donde los y las estudiantes realizamos asambleas y numerosas actividades tanto de extensión como políticas, recreativas, deportivas, artísticas y culturales, siendo el único espacio de encuentro para toda la comunidad. Por otro lado, se decretó el establecimiento de un horario dual consistente en que los y las estudiantes seremos divididos/as por jornadas de mañana y tarde según el semestre en que estemos cursando, afectando a quienes trabajan, son padres o madres, y también a deportistas y artistas de distinta índole que no tendrán un espacio de ensayo como hasta ahora y no podrán elegir el horario que más les acomode para atender sus necesidades personales y familiares. Además, se aprobaron medidas como la realización de clases en horarios seguidos, aumentando el nivel de agobio académico y una nueva ponderación de egreso, cambiando de un día para otro el valor del examen de grado de 60% a 20%, sin tomar en cuenta para nada la posición estudiantil que votó en contra de la mayoría de estas medidas.

Ante este despotismo de un decano que mientras se dice defensor de la educación pública y da charlas sobre democracia universitaria, gana $9.500.000 de sueldo al mes, sin contar lo que recibe por la defensa a Anglo American y otras, y su estudio jurídico HMDyL, las y los estudiantes dijimos basta. Así, comenzamos a deliberar sobre cursos de acción para enfrentar este plan precarizador y el despotismo del decanato. Luego de una marcha interna donde salimos a cortar la calle, decidimos hacer una toma de la Facultad y confeccionar un petitorio que aúne las sentidas demandas de las y los estudiantes. Llevamos a cabo la toma, pero esta vez no como estudiantes aislados ni para encerrarnos en las dependencias de la Facultad, sino que comenzamos a salir a la calle y a organizarnos con los y las funcionarias de la Escuela, que también viven importantes problemas de condiciones laborales y de democracia, buscando unir fuerzas y pasar a la ofensiva en contra del tirano Harasic.

De esta forma, entre las medidas de movilización durante la primera semana realizamos múltiples cortes de calle, volanteos, una funa en el propio estudio jurídico del decano Harasic en Las Condes y otras actividades. Vigorosa fue la movilización y también la votación que la respaldó, llegando a un apoyo histórico de más de 900 votos a favor de la toma en la votación de ratificación. Esto continuó así a la semana siguiente, cuando, durante la segunda ratificación, el número se mantuvo casi intacto, llegando a tener un 91% de apoyo esta movilización. En todo esto se ha logrado también, por primera vez, el apoyo a la movilización de todas las organizaciones de extensión, a saber, el centro deportivo, coro lex, teatro cadal, preuniversitario popular, escuela sindical, etc.

La movilización continuó en alza al iniciar la segunda semana. Esta comenzó con la toma inédita del edificio Santa María de la Facultad de Derecho y la posterior unión entre funcionarios/as y estudiantes. Esta llevó a la realización, por primera vez también, de una asamblea biestamental y la declaración por parte de las y los funcionarios de la realización de un petitorio propio que apoyaba las demandas estudiantiles avanzando concretamente en la unión de estos dos estamentos.  Esta unión se va plasmando en los hechos con, por ejemplo, una marcha biestamental realizada el 26 de octubre hacia casa central de la U. de Chile, donde se logró el apoyo del Senado Universitario.

Es así como esta movilización se va haciendo cada vez más histórica en la Escuela de Derecho y se ha logrado una unión inédita entre dos estamentos, alcanzando niveles de radicalización también nuevos que demuestran un salto en la lucha estudiantil y un apoyo casi unánime. A pesar de toda esta fuerza, decanato ha dicho que mientras siga la toma no dialogará ni responderá a los 11 puntos de nuestro petitorio, en un acto de soberbia y de rompimiento de sus propias normativas, ya que en el mismo protocolo anti-movilizaciones impulsado y aprobado por decanatura, se establece que una vez iniciada la movilización, se levantará un comité facilitador para negociar las demandas.

Sin embargo, la fuerza de la movilización estudiantil logró quebrar la anteriormente cerrada unidad del Consejo de Facultad, donde están los designados de Harasic. En el Consejo de Facultad del lunes 23 de octubre, no logró obtener los votos necesarios la posición del decano de no dialogar, habiendo 8 votos en favor de esta moción, 5 abstenciones y 2 en contra. Inclusive, luego de este Consejo las y los estudiantes entramos en masa a funar al Decano.

Es importante comprender que la lucha no se debe ceñir a tal o cual medida del decanato, o a tal o cual decano, sino a un problema de democratización que es estructural en la educación chilena y que las y los estudiantes debemos confrontar sin temor. Por ejemplo, hoy en la mayoría, si no todas las universidades chilenas, las y los funcionarios y estudiantes no tienen ningún espacio de influencia en las decisiones que toman las y los decanos, quienes a su vez tienen un poder casi absoluto, decidiendo hasta los sueldos de los académicos. Como dato a considerar, en la Facultad de Derecho de la U. de Chile la mayoría de los académicos de alto rango ganan más de 5 millones, incluso aquellos que trabajan 12 horas semanales. También hemos aclarado en reiteradas veces, que de ninguna forma nos oponemos al aumento de matrícula en la educación pública, como política progresiva que se debe tomar para frenar el avance de la educación privada en el escenario chileno, pero siempre y cuando este aumento se dé con condiciones mínimas para su realización y con garantías de que no será para el enriquecimiento de un puñado de académicos-empresarios.

Las y los estudiantes de derecho de la U. de Chile hemos dicho basta al despotismo del decanato y al plan precarizador que busca transformar las universidades públicas en empresas, suprimiendo todo espacio de auto-organización estudiantil, ya sea político, social o cultural. Las y los estudiantes, en una movilización histórica, que además se da en pleno período de pruebas, nos levantamos y vamos demostrando que confiando en nuestras propias fuerzas y en nuestra movilización podemos conseguir lo impensado.