Pabllo Vittar: un nuevo ícono en el mainstream transformista

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Celso Iturra Avendaño
Editor y tallerista en Weye

La mayor gracia del capitalismo es, posiblemente, su capacidad de integrar elementos y subjetividades condenadas al escarnio público a la corriente de lo mainstream o lo convencional. El caso contemporáneo ejemplar es RuPaul’s Drag Race 1 y su reivindicación de la cultura drag – así, con todos los anglicismos, porque los amerita.

La experiencia cola chilena nos recuerda que esta no es la primera vez que los-hombres-vestidos-de-mujeres, para darle amplitud conceptual al término, ganan un espacio cultural de adhesión y fanatismo. El icónico Amigas y Rivales 2  formó en sus lógicas travestis al menos tres generaciones de colas, quienes citaban de memoria las afamadas frases de los backstages. La popularización de las transformistas nacionales a través de las redes sociales, impulsadas principalmente por este soporte videográfico, les abrió por primera vez las puertas al mundo heterosexual – o el real, que resulta igualmente apropiado.

Así, la aparición de las drag queens o transformistas – discusión teórica que no vale la pena sostener en este momento – en el escenario público se consolidó con el show gringo. Las artistas norteamericanas ya vuelan hacia el sur, como siempre, a evangelizarnos con sus espectáculos primer-mundistas, ocasionalmente teloneadas por alguna performista local relevante. De manera anecdótica, me acuerdo muy bien que una productora santiaguina decidió poner como intermedio a la legendaria Kassandra Romanini 3 ; los gays organizadores del evento pasaron vergüenza cuando el público clamaba por la artista trans en vez de la blanca extranjera.

De la misma forma que todo producto cultural elaborado en el mercado estadounidense, RuPaul’s Drag Race nos afectó con intensidad imperialista: los conceptos y las estéticas transformistas no fueron nunca más los mismos desde que el programa se popularizó tras su sexta temporada. Pero cuando reflexiono respecto al incidente kassandrístico, no puedo evitar pensar que la cercanía de un personaje a su público es algo que el modelo no consigue importar.

Hace un par de meses que las colas estamos vueltas locas con Sua Cara de Major Lazer 4. Lo bacán de esta canción es que viene desde aquí cerquita, del exótico Brasil, y nos la cantan la espectacular Anitta 5 y la preciosa Pabllo Vittar 6. Esta última es una drag conocidísima allá en sus tierras: sus videoclips sobrepasan con creces los diez millones de visitas, desde antes del empujoncito de Diplo 7, e incluso tuvo un programa en la televisión brasileña. La historia de Pabllo es lo que yo llamaría “el sueño latinoamericano”: un homosexual pobre y de piel oscura consigue fama y fortuna a través de sus talentos.

Vittar es tan famosa que las vistas de K.O. 8 en Youtube son más de 200 millones: prácticamente toda la población del país de habla portuguesa ha visto ese video al menos en una ocasión. Esta es una masividad que supera tremendamente, aun reconocimiento de las proporciones, a cualquier transformista nacional e incluso gringa. Quien le sigue en la cuenta de las rupolitas es Alaska 5000 9, cuya canción The T 10 tiene apenas seis millones de vistas.

Si bien celebro la fama de la prima, no puedo evitar cuestionarme qué serie de accidentes la llevaron a consolidarse como la drag más popular del internet. Lo primero que se me viene a la cabeza es que su música es verdaderamente entretenida; esto es cierto, sin embargo, muchas otras artistas de la misma calaña tienen música más animosa e interesante sin haber llegado tan lejos. Luego pienso en la cantidad de colitas que bañan sus cuerpos en el Atlántico, pero me resulta difícil creer que los números gigantescos de la Pabllo aparezcan meramente gracias a ellos.

La posibilidad que mejor me convence es que alguien supo que Vittar era vendible. Cómo no iba a serlo, cuando los trazos de su maquillaje reproducen el rostro plástico de la Kylie Jenner 11 y, a partir de ahí, todo el modelo de belleza kardashiánico de las redes sociales. Cómo no iba a pegar en Youtube, si sus primeras canciones son reversiones brasileñadas de temas de Beyoncé y de los mismos Major Lazer.

Hace unas semanas atrás, en su Instagram la cantante contaba fotográficamente que firmó contrato con Sony Music. Esta es la primera vez que una transformista se inscribe para trabajar con una de las grandes disqueras – ¡ni RuPaul ni la mismísima Prohibida! 12– y es un hecho que, a mi parecer, no estamos comentando lo suficiente. En Norteamérica, las queens aunque famosísimas están condenadas a compañías discográficas pequeñas o independientes, ya sea por un desinterés de estas empresas o por una voluntad homofóbica que supera sus intereses comerciales.

Este carácter inclusivo del neoliberalismo posmoderno es uno de los pocos aspectos que, bajo ciertas luces, quedan para leerse como convenientes dentro de este sistema multidimensional. La masividad del mercado brasileño, que deriva inevitablemente en el latinoamericano, y el boom novedoso de las drags vuelven a la Pabllo Vittar un producto muy interesante ante los ojos de quienes deciden la cultura de masas. Esta es una lección de economía que los gringos aún no parecen aprender, ni tampoco nosotros – ¿quién sabe si acaso la Yume Hime 13 podría haberse popularizado como cantante con un poco de ayuda monetaria? Por lo demás, hay que dar cuenta de que con la brasileña se cumple el efecto kassandrístico: la mayor parte de los comentarios en sus videos son de sus compatriotas orgullosos.

Encima, el fenómeno de Pabllo es parte de un movimiento mucho más grande: la reaparición de Brasil en la música internacional. Esta voluntad se clarifica cuando pensamos, por ejemplo, en Anitta, que nos canta Paradinha en español, besa a Maluma en Sim ou não y le hace los coros a Iggy Azalea en Switch. Sumémosle a eso la internacionalización del k-pop junto a la música latina y podemos prever, quizás, la descentralización de la cultura pop en un acontecer internacionalista.

Ahora bien, no debemos ser ingenuos; pese a la multiplicidad de sujetos que aparecen en la escena, ninguno de ellos subvierte lógica alguna salvo el principio norteamericanista. Es más, todo quien se me viene a la mente reproduce los valores sociopolíticos y estéticos del primer mundo: el éxito monetario, la tez no más oscura que bronceada, el sexo y el amor como objetivos predominantes. El capitalismo inclusivo se abre hacia una diversidad aún homogeneizante.

Cualquiera sea el caso, espero que en Chile nos avispemos de una vez por todas a participar en la cultura internacional. Alguien debería soltarle unas lucas a la Tomasa del Real 14, que tanto la rompe aquí y en Europa, para que haga un disco de neo-perreo bien reproducido y por último tengamos un poquito de representación.

  1.  Programa de telerrealidad y competencia que busca estrellas drag estadounidenses.
  2. Reality chileno de transformistas difundido a través de Youtube.
  3. Artista escénica transgénero chilena, de amplia trayectoria en el transformismo.
  4. https://youtu.be/omzk3klIy0E
  5. Cantante y bailarina brasileña.
  6. Drag queen y cantante brasileña.
  7. DJ y productor estadounidense.
  8. https://youtu.be/3L5D8by1AtI
  9. Drag queen estadounidense, finalista de la quinta temporada de RuPau’ls Drag Race y ganadora de la segunda temporada de su versión All Stars.
  10. https://youtu.be/9Xw5VkCpxRg
  11. Célebre empresaria e influencer estadounidense conocida por su aparación en el reality familiar Keeping Up With The Kardashians.
  12. Cantante transgénero española, reconocida internacionalmente como ícono de la cultura underground.
  13. Transformista y cantante chilena, concursante en el reality The Switch.
  14. Reggaetonera y tatuadora iquiqueña.