Más allá del mito: Violeta Parra y su relación con la poesía

708

Por Ignacio Sánchez

La “Santa de greda pura”, “la intratable”, “ la cascarrabias”, “ la desaliñada”, “la chilena más universal de todas”, constituyen solo algunas de las expresiones que el imaginario social ha creado en torno a la figura de Violeta Parra. De esta manera, surge la creación de un mito que revela una imagen única y fija de nuestra “multiartista”, anulando  con ello su densidad y multiplicidad.

Durante mucho tiempo el mundo académico rehusó de estudiar la obra de Violeta por considerarla “popular”, como si leer lo emanado del pueblo fuera pecado. En este sentido, su trabajo fue desdeñado y valorado solo desde el punto de vista musical-artístico, pero no poético. No obstante, algunos rebeldes como Marjorie Agosín, Leonidas Morales, Bernardo Subercaseaux, Paula Miranda, entre otros; entendieron que el legado de nuestra poeta merecía ser analizado como un objeto poético en sí mismo y que entrega un significado .

En relación con lo anterior, un aspecto relevante de su poética dice relación con el vínculo con otros poetas, de modo que cabe preguntarse: ¿Violeta estuvo “más acá” o “más allá de la ciudad letrada”? La respuesta predominante se inclinaría seguramente por “el más acá”, por el simple hecho de ser una artista que “desentierró” cantos y tradiciones del mundo popular campesino. Sin embargo,  nuestra poeta sí se vinculó con la poesía canónica, es decir, tuvo contacto con la “poesía culta” por cuanto conoció y leyó a poetas de la tradición.

Así, en sus Décimas autobiografía en versos chilenos (1970) vemos el impacto de poetas consagrados tanto en su vida como en su producción poética. Particularmente, esta relación se textualiza frente a la muerte de Gabriela Mistral y Federico García Lorca. La incorporación de estos poetas en su libro no es casual ni azarosa en tanto que ambos evidencian en sus poéticas lo  social como motivo fundamental. En efecto,  Mistral se sabe “india” y denuncia nuestro cinismo frente al Wallmapu: “Vamos pasando, pasando/ la vieja Araucanía/ que ni vemos ni mentamos/ Vamos sin saber pasando/ reino de d eunos olvidados/ que por mestizos banales,/ por fábula los contamos,/aunque nuestras caras suelen/sin palabras declararlos” (168). Violeta al igual que la “Presidenta y bienhechora/de la lengua castellana”, como llama a Gabriela, también se hace cargo de la situación del indio: “Arauco tiene una pena/que no la puedo callar,/son injusticias de siglos/que todos ven aplicar,/nadie le ha puesto remedio/pudiéndolo remediar” (56). En este sentido, se hermana con nuestra Nóbel y en homenaje le escribe unos “Versos por despedida”: “Hoy día se llora en Chile/por una causa penosa:/Dios ha llama’o a la diosa/a su mansión tan sublime./De sur a norte se gime,/ se encienden to’as las velas/para alumbrarle a Gabriela/la sombra que hoy es su mundo./Con sentimiento profundo/yo le rezo en mi vihuela” (12). De acuerdo con esto, Violeta Parra revela su admiración e identificación con rasgos esenciales de la poesía mistraliana como es el indigenismo.

La muerte de García Lorca también la afecta muchísimo, de modo que escribe una décima de carácter elegíaco en la que expresa su sentir: “ Así el mundo quedó en duelo/y está llorando a porfía/por Federico García/con un doliente pañuelo;/no pueden hallar consuelo/las almas con tal hazaña./¡Qué luto para la España,/qué vergüenza en el planeta/de haber matado a un poeta nacido de sus entrañas! (89). Violeta lamenta el asesinato de García Lorca,  víctima del régimen de Franco, y al igual que hace con Mistral, se identifica con su amor por lo popular (Romancero gitano) y con la denuncia de las injusticias sociales que tanto a García Lorca como ella la motivan a “levantar la voz”: “Yo no protesto por migo,/ porque soy muy poca cosa;/ reclamo porque a la fosa/van las penas del mendigo./A Dios pongo por testigo/ que no me deja mentir,/no me hace falta salir/ un metro fuera ‘e la casa/ pa’ ver lo que aquí nos pasa/ y el dolor que es el vivir” (162).

Finalmente, otras figuras del campo literario con quien se relaciona es Pablo Neruda, al que conoce en una de sus presentaciones artísticas. Al parecer este poeta motiva e inspira su composición: “Hace falta un guerrillero” que tendría  su sustrato en el Canto general (“Tonada de Manuel Rodríguez”). De Pablo Neruda también graba el poema “El pueblo”. Gonzalo Rojas es otro de los poetas con quien establece contacto, específicamente, cuando trabaja como docente en la Universidad de Concepción. De él graba dos poemas: “Sátira a la rima” y “Los burgueses”. Por último, otro poeta a quien lee Violeta, admirador también de Mistral, es Enrique Lihn. Violeta afirma que este es “honorable cantor de los cantores mayores”.de tal manera que se sitúa “más acá de la ciudad letrada al recopilar, resignificar y reinterpretar la tradición, pero también “más allá” de la ciudad letrada en tanto establece vínculos con los “poetas del canon”. Violeta, entonces, es más que ese mito instalado; es una sujeta que hay que entender en su densidad y multidimensionalidad.