La Mano Asesina

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Valentino Campos (Santiago de Chile, 1988).
Desde temprana edad surge su inclinación por el dibujo, principalmente movido por su afición a la animación japonesa y el cómic. Más tarde, el contacto con el cómic español y franco-belga de los 80´s y el manga, se convertirán en fuente de inspiración y referente de aprendizaje como dibujante. Desde el aprendizaje autodidacta, los temas de su obra abarcan desde lo onírico a lo simbólico, así como las visiones enigmáticas que surgen del subconsciente. Actualmente publica sus obras en redes sociales y revistas independientes.

 

Lamentación de La Primera Línea

 

Han pasado muchas cosas desde que comenzó el estallido social, pero hay una cuestión que atrapó mi atención poderosamente. En todas las marchas, y sin excepción, han existido figuras y símbolos que las han acompañado y que las han dotado de una fuerza que ha trascendido la individualidad de los manifestantes. 

Desde el entrañable Matapacos, o un heroico Pareman, hasta la cosmología de nuestros pueblos originarios, diversas figuras se ha hecho presente en escudos o en banderas. Ver por ejemplo la figura de un Selknam me hizo reflexionar en cómo los arquetipos resurgen en los momentos críticos a pesar del paso del tiempo tal y como lo hacen los traumas que nos recuerdan deudas con nuestra historia personal. De la misma forma, nuestro país reabre sus heridas y padece su propia historia como ente viviente. Desgraciadamente, ahora este padecimiento pasa principalmente a través de quienes conforman la llamada “Primera Línea”, los que para mantener a raya la represión de los pacos se exponen como verdaderos escudos humanos recibiendo, entre otras agresiones, perdigones y lacrimógenas a distancias lo suficientemente cortas como para ser fatales.

Con todo, este acto de sacrificio por parte de anónimos encapuchados se convierte en un símbolo de resistencia que pareciera redimirnos de la inercia que nos hizo cómplices de los abusos sistematizados por parte del estado en el que estuvimos sumergidos durante las últimas décadas.

Visto con cierta distancia, cabe reflexionar en que quizás, conscientemente o no, este Estado neofascista en su afán por promover la ley anticapuchas albergue en su oscuro corazón el deseo de anular las capuchas no solo para perseguirnos con más fuerza, sino también para intentar destruir un símbolo que los amenaza en sus más recurrentes pesadillas.

La Mano Asesina 

 

Jamás imaginé vivir una dictadura, parecía imposible que pudiera repetirse, menos después de tan solo una generación. Como un escalofriante deja vú que terminó por convencernos, pasmados escuchamos a Piñera -¿o una canalización mediúmnica de Pinochet?- decir: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso…”

La dictadura se veía como una historia vieja cuando yo era adolescente hacia principios de los 2000s. Los torturados, los desaparecidos, los exiliados, la censura de los medios, los familiares que aún después de décadas exigían justicia eran para mí, por distintas razones, una película que nunca terminaba de ver completa. 

Pero el tiempo y el desgarrador cúmulo de acontecimientos que hemos estado viviendo se encargarán de que, para quienes nos mantuvimos al margen del pasado, nunca más podamos desentendernos, porque aunque intentásemos cerrar los ojos nos acordaremos de los que ya no pueden abrirlos.



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