La poesía es un arma de servicio

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Estoy en la parte más alta del Estadio Nacional

Ese marcador mítico hace que evoque los triunfos

y las derrotas

En el círculo central aparece la figura de mi padre

No lo veo señero está de rodillas con la vista vendada

—en mis manos un fusil automático-

Veo a mi progenitor en serias dificultades

Su cuerpo se enfría su rostro demacrado es indescriptible

le tiembla la barbilla

Se nota que lo afecta un pavor profundo

Su mirada se apaga

Hay una soledad devastadora en la cancha

No vitorean ochenta mil almas

En la marquesina veo a una pobre mujer sollozando a mares

la suerte de su cabrón marital

En el sector Andes un furgón de la Morgue

a la espera de un resultado incierto

Todas las galerías proletarias: ensangrentadas

Se siente un ruido ensordecedor en el silbato siniestro

Antes de despertar violentamente escucho el tableteo maravilloso

de esas ametralladoras que fueron emplazadas

en la víspera por mi Sargento Sotomayor

Yo a toda prisa me voy a la Avenida Maratón

Todo el vecindario de Villa Olímpica duerme profundamente

(Bruno Vidal, Libro de Guardia)

 

Un día como cualquier otro

I       entra el sol tajante por la ventana y nos divide en luz y sombra

II      sentado alguien espera micro como espera un nuevo gobierno

III     hojas que caen planean como palomitas

IV     aparecen murallas con cicatrices alfabéticas

-la letra con sangre queda-

V      el aire está irrespirable

VI     las vitrinas viven en la apoteosis de la luz

VII    el que canta la Canción Nacional sin reírse gana

VIII   universidad norteamericana se adjudica obra inédita de Vicuña Mackenna

 

IX      el tiempo es trabajado por el cuarzo

X       alguien nos da un cuarto de hora y lo perdemos -el chileno es así-

(Elvira Hernández, El orden de los días)

 

La Moneda (fragmento)

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-¿Qué es eso?

-Es La Moneda, hijo, la Casa de los Presidentes

-Y si soy presidente, ¿viviré en esa casa?

-Sí, hijo, vivirás.

Saludaré por la ventana vestido de frac

Y sobre el chaleco negro llevaré la banda de tres colores.

Los niños de mi edad me admirarán.

Pasearé en un coche negro tirado por muchos caballos.

Mi retrato estará en todos los libros de todos

Los niños de todos los colegios.

(Hernán Miranda, La Moneda y otros poemas)

 

Recopilación por Tomás Morales