Cánticos de resaca

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La multitud se aglutina.
Comienza otra noche desenfrenada.
Obra en gracia por el trago.
Pues a los jóvenes se les nubla el juicio:
Cantan, gritan, balbucean, huevean y joden.
Una jauría de sedientos canta.
Parejas, ebrios y guardias, se gritan.
Algunos, desmayados en el suelo, balbucean.

Alcen sus copas.
Los Cánticos de borrachera persistirán con estruendo al pie de la música.
Melodramáticos por el alcohol, gritarán a cántaros.
Algunos se arrastrarán al baño, por el crémor,
O serán arrastrados afuera, por hueviar.
Y nobles sujetos siempre joden, con mucha pasión,
a las síncopes de la madrugada,
Replicando el actuar de los ruiseñores,
Aprovechando las rosas descuidadas.

Borracho, bonachón, que dejas en la cuna a tu memoria.
Y te entregas al chiste grupal.
Se nota la disipación.
Como la desorientación, la música fuerte y las múltiples estupideces que se concretan.
Como el irónico baile de salón a ras de piso.
(La música nos despoja de los pesares con las letras de cortejo y los tambores)
La fluidez de la noche discurre tanto que casi desea infartarse.
Y al día siguiente, si llegamos a nuestras camas
y la resaca no abomba lo suficiente,
recitamos el mismo mantra
con fe sobrante.
Para que la próxima vez, el trago obre en y con gracia,
para tambalear de un lado a otro y  derramar festejo.

Por Joaquin Stange