Las flores de María

418

Por Daniela Carrasco

María tiene su casa llena de flores. Su jardín está repleto de girasoles. Su patio, por su parte, de claveles. El living está bien adornado de calas y la cocina junto al comedor desbordan tulipanes. Su habitación está llena de rosas, ¡Incluso en su baño se lucían orquídeas! Cada vez que María salía a hacer las compras escuchaba cuchichear a sus vecinas de cuan feliz parecía ser su vida, quejándose de sus propios esposos y ella, con dificultad caminaba de vuelta a su hogar. Ya allí, lava la ropa, la plancha, hace la comida y las camas, limpia los platos y barre la casa. Cuando se dirigía al segundo piso para poner las flores de ayer en agua, el pomo de la puerta giró, y a su vez sus piernas flaquearon. Con el rechinado abrir de la puerta entró José con un ramo de Dalias.
“Perdóname por lo de ayer, mi amor. Te prometo que nunca más, es solo que a veces me pones de los nervios, pero eso ya no importa. Te amo”.
Catorce días después las vecinas de María ya no la envidiaban, y ella no ponía flores en agua fresca con las mejillas moradas,  sino que alguien llevaba las flores a su lápida. A pesar de que todos la vieron en las noticias locales, con el pasar del tiempo y las semanas que corrieron su nombre se perdió entre las estadísticas de femicidios, y nadie más que sus vecinas la recuerdan y la lloran. Por suerte o destino, entre sus vecinas está Carolina, y gracias a ella reaparece el nombre de María en una pancarta de una marcha en la Alameda. Ante ella ya no se levantan flores, no hay dalias ni orquídeas, ni rosas ni claveles, sino gritos y puños alzados que exigen justicia.

Este cuento obtuvo el primer lugar en la primera edición del concurso literario «Cuentos Feministas 2018» dirigido a estudiantes secundarixs  y organizado por el Centro de Estudiantes de Letras UC en conjunto a revista La Marraqueta.

 

Daniela Carrasco nació el 26 de Julio del 2000 y hoy, con 18 años, egresa de cuarto medio humanista. Cuando tenía 9 años fallece su padre y recibe el más grande ejemplo de superación de su mamá. A la edad de trece años se adentra a fondo en la literatura con textos de amor y ciencia ficción. Al día de hoy su interés se desvía a libros de historia, cotidianidad y feminismo. Fuera de eso, sus gustos más mortales son jugar en el computador y ver videos varios.