Antología poética para el 8 de Marzo

Poetas latinas, afrodescendientes y africanas

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por María Luisa Aburto

Como inspiración para vivir y luchar este 8 de marzo, dejamos una breve antología poética. En estos poemas se plasma el sentir de mujeres latinas, africanas y afrodescendientes respecto de sus experiencias personales de explotación, lucha y sufrimiento pero también de pasión, amor y reivindicación.

 

Elogio grande para mí misma

Yo soy la fugitiva
soy la que abrió las puertas
de la casa-vivienda y “cogió el monte”.
No hay trampas en las que caiga
Tiro piedras, rompo cabezas.
Oigo quejidos y maldiciones.
Río furiosamente
Y en las noches
bebo el agua de los curujeyes,
porque en ellos
puso la luna, para mí sola,
toda la gloria de su luz.

Georgina Herrera (Cuba, 1936 – )

 

La feminista

Sucede que ya no aguanto
que en la calle me grités
a la primera de cambio:
«¡Tenías que ser mujer!»
Soy mujer y me equivoco
pero vos, ¿quién te creés?
¿Valentina la astronauta,
Evita, sor Juana Inés?
Sos el león de la Metro,
mucha porra y poco rey.

No me vengas con rugidos
que no hay selva por acá
y no soy ninguna fiera
ni la mona de Tarzán.
Yo fallo por accidente
y no por fatalidad.
Cuando agarre la manija
no sé si lo haré tan mal
como ustedes, que arremeten
gobernando marcha atrás.

Conmigo te equivocaste
de programa y de canal.
Me tomaste por tu abuela
que aguantó sin pestañear.
Si tenés el monopolio
del acierto universal
yo te dejo vía libre
pero vos, dejame en paz.
Y cuando las papas quemen
¡arreglate sin mamá!

María Elena Walsh (Argentina, 1930-2011)

 

Si me quisieras conocer

Si me quisieras conocer,
observa con atención
este trozo de palo santo
que un desconocido hermano macondo
de manos inspiradas
talló y trabajó
en tierras lejanas del Norte.

¡Ah! Esa soy yo:
Órbitas vacías en su desesperación por poseer
la vida
boca rasgada en una herida de angustia
manos enormes, abiertas
irguiéndose con el gesto de quien implora y
amenaza,
cuerpo tatuado de heridas visibles e invisibles
por los azotes de la esclavitud…
Torturada y magnífica
altiva y mística,
África de la cabeza a los pies.

-¡Ah, esa soy yo!
Si quisieras comprenderme
ven a arrojarte sobre mi alma de África,
en los gemidos de los negros en el puerto
en los batuques frenéticos de los muchopes
en la rebeldía de los machanganas
en la extraña melodía que se exhala
de una canción nativa, noche adentro.


Y no me preguntes nada más,
Si es que me quieres conocer…
Que no soy más que una caracola de carne
donde la revuelta de África congeló
su grito hinchado de esperanza.

Noemia de Sousa (Mozambique, 1926-2002)

 

Miedo

Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan,
se hunde volando en el Cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace el nido
y mis manos no la peinan
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.

   Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta…
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

   Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La pondrían en un trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla…
Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!

Gabriela Mistral (Chile, 1889-1957)

de Ternura (1924)

 

III

Asumamos la actitud de vírgenes.
Así
nos quieren ellos.

Forniquemos mentalmente,
suave, muy suave,
con la piel de algún fantasma.

Sonriamos
femeninas
inocentes.

Y a la noche clavemos el puñal
y brinquemos al jardín
abandonemos
esto que apesta a muerte.

Ana María Rodas (Guatemala, 1937 – )

de Poemas de la Izquierda erótica (1973)

 

16

has construido tu casa
has emplumado tus pájaros
has golpeado al viento
con tus propios huesos

has terminado sola
lo que nadie comenzó

Alejandra Pizarnik (Argentina, 1936-1972)

de Árbol de Diana (1962)